Molise firmó un acuerdo con La Habana para traer profesionales de la salud, siguiendo el modelo de Calabria, en un intento por paliar la crisis estructural del sistema sanitario.
Italia vuelve a mirar a Cuba para enfrentar su déficit sanitario. La región de Molise, en el centro del país, anunció un acuerdo con la embajadora cubana en Roma, Mirta Granda Averhoff, para incorporar médicos de la isla y reforzar hospitales y servicios de urgencias. El precedente lo marcó Calabria en 2022, cuando se contrató a casi 500 galenos cubanos que hoy siguen trabajando en el sur italiano.
El presidente regional, Francesco Roberti, admitió que Molise necesita al menos un centenar de médicos de diversas especialidades, sobre todo en zonas rurales y en el sistema de urgencias. La escasez se ha hecho visible en los hospitales: en Isernia, segunda capital de la región, el personal de emergencias acumula jornadas extenuantes para cubrir turnos; en Agnone, el hospital Caracciolo se mantiene con apenas dos departamentos y riesgo de cierre; en Bojano, ni siquiera alcanza la plantilla para el servicio de urgencias.
La crisis sanitaria en Molise se arrastra desde hace años. Un informe del Banco de Italia reveló que médicos y enfermeros abandonan el sistema público desde hace más de una década, impulsados por la precariedad, la falta de perspectivas y salarios poco competitivos. Las autoridades locales han probado varias salidas: reincorporar a médicos jubilados, firmar acuerdos con empresas sanitarias externas e incluso recurrir durante la pandemia a profesionales venezolanos.
El recurso a los médicos cubanos aparece ahora como un intento de estabilizar la situación. En Calabria, su presencia fue valorada positivamente por directores hospitalarios y sindicatos, al garantizar servicios que de otro modo habrían quedado desatendidos. El acuerdo con La Habana, sin embargo, no ha estado exento de debate: el sindicato UGL Salute, en voz de Gianluca Giuliano, sostiene que la medida “es solo temporal y no resuelve los problemas estructurales del sistema de salud de Molise”.
El dilema queda expuesto con crudeza: una región europea recurre a profesionales extranjeros para sostener su sistema sanitario, mientras su propio personal emigra en busca de mejores condiciones. Molise repite la fórmula calabresa, pero lo hace en un contexto de desgaste creciente, donde la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿puede Italia ofrecer un modelo sostenible para su salud pública sin depender de soluciones de emergencia?