La ministra flamenca Zuhal Demir, del partido nacionalista N-VA, pidió que Bélgica se sume al movimiento iniciado por Francia para reconocer oficialmente a Palestina como Estado. Su declaración añade tensión al debate interno belga y refleja cómo la guerra en Gaza ha acelerado las decisiones europeas en torno a una cuestión que parecía bloqueada durante décadas.
En una entrevista publicada este sábado por De Standaard, Demir fue categórica: “Como nacionalista kurda, pero también como nacionalista flamenca, creo que es crucial que un pueblo tenga derecho a la autodeterminación. Durante las últimas décadas, los palestinos han sido expulsados de su territorio. Su territorio les ha sido arrebatado continuamente”. La ministra, responsable de Educación, Justicia y Empleo en Flandes, insistió en que el reconocimiento debe ser leído como un acto político en favor de un pueblo y no de un grupo armado: “No debería ser el reconocimiento de Hamás, sino el reconocimiento de un pueblo y su derecho a existir”.
Las palabras de Demir se insertan en un clima político cargado de tensiones. A finales de julio, su partido —la Nueva Alianza Flamenca (N-VA)— había señalado, en voz de su presidenta Valerie Van Peel, que aún no era el momento para dar ese paso, pues primero se requerirían negociaciones que garantizaran el reconocimiento de dos Estados y que incluyeran a los países árabes reconociendo a Israel. El contraste con la ministra flamenca muestra una grieta en el interior de la formación nacionalista, aunque también refleja la rapidez con que se están moviendo las piezas en Europa tras la decisión de Emmanuel Macron.
El presidente francés anunció en mayo que Francia reconocerá a Palestina, lo que abrió lo que Demir denomina una “ola de reconocimiento” que, en su opinión, llevará a que muchos Estados europeos se pronuncien en la misma dirección como señal política hacia Israel. “Bélgica debe sumarse a la propuesta inicial de Macron de reconocer a Palestina como Estado, al unísono con los países árabes que también reconocen a Israel”, insistió la ministra.
El primer ministro belga Bart De Wever, también de la N-VA, se encuentra ahora en una posición compleja. Esta semana anunció que el próximo miércoles convocará una reunión con sus viceprimeros ministros para iniciar un debate sobre la postura oficial del país de cara a la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre. En ese foro, el reconocimiento de Palestina podría convertirse en un tema central, impulsado por los gobiernos europeos que buscan responder a la catástrofe humanitaria en Gaza y por la presión creciente de las organizaciones internacionales.
Estamos ante un debate que combina carga simbólica y efectos reales. El viernes, un sistema independiente de seguridad alimentaria respaldado por la ONU confirmó oficialmente que en Gaza se vive ya una hambruna. Ese dato otorga un peso dramático a los argumentos de quienes consideran que el reconocimiento de Palestina es un deber moral y político en un contexto donde millones de personas se encuentran al borde del colapso.
Para Bélgica, país con una política exterior marcada por la búsqueda del consenso europeo, el debate no será sencillo. Sumarse a Francia podría proyectar una imagen de liderazgo progresista en la defensa de los derechos palestinos, pero también abriría fisuras con sectores internos más conservadores y con las relaciones diplomáticas tradicionales con Israel.
El gesto de Demir revela además la manera en que la cuestión palestina se entrelaza con identidades nacionales y trayectorias personales. Su referencia explícita a su origen kurdo muestra hasta qué punto las luchas por la autodeterminación se perciben de manera interconectada en Europa y en Medio Oriente. Para ella, reconocer a Palestina es también un modo de reforzar la idea de que ningún pueblo debe quedar condenado a la invisibilidad política.
El camino hacia un consenso en Bélgica dependerá de las negociaciones de las próximas semanas. El debate no es solo sobre Palestina: es sobre el lugar de Bélgica en la política europea y sobre la capacidad del continente para ofrecer una respuesta coherente a una crisis que, tras décadas de parálisis, exige decisiones claras.