Ciudad de México — Una exposición convierte zapatos desgastados en testigos mudos del dolor, la memoria y la búsqueda insomne: Huellas de la Memoria, inaugurada en el Palacio de Minería, expone pares usados por familiares de personas desaparecidas para dar forma a millones de historias sin resolver en México y América Latina.
En un país marcado por una crisis de desapariciones que supera las 127 000 personas reportadas, Huellas de la Memoria se instala como un acto de resistencia simbólica y poética. En el majestuoso Palacio de Minería de la UNAM, abierto al público entre mayo y agosto de 2025, cientos de pares de zapatos conforman un recorrido que no admite el olvido.
Este proyecto, gestado por un colectivo nacido durante la Segunda Marcha de la Dignidad Nacional en 2013, recoge calzado donado por buscadores de seres queridos. En cada suela, un relato: nombres, fechas, territorios y reclamos grabados con linóleo, transformando cada zapato en un objeto de memoria viva.

El código de colores que distingue las huellas lo dice todo: verde para los desaparecidos, negro para quienes fueron hallados sin vida y rojo para los familiares que murieron en la búsqueda de verdad y justicia.
Cada par cuenta un testimonio particular: madres que recorren kilómetros en busca de un hijo, padres que guardan zapatos de marchas, familiares que pintan la esperanza y la indignación en mensajes como “Te busco con todo mi corazón”, impresos en huaraches, botines, mocasines o tenis usados en peregrinajes marcados por la angustia.
La exposición adquiere aún mayor fuerza en un contexto donde el activismo ha alumbrado espacios como la Glorieta de las y los Desaparecidos y ha impulsado nuevas iniciativas estatales, como la creación de una CURP con fotografía y huellas dactilares para mejorar la localización de personas desaparecidas.
Este contraste entre el gesto artesanal de las suelas grabadas y las reformas institucionales ilumina una pregunta central: ¿cómo armonizar la memoria viva, cuestionadora, con los mecanismos oficiales de búsqueda? La exposición demuestra que, sin memoria, no hay justicia; pero también recuerda que, sin políticas eficaces, la memoria corre el riesgo de quedar en gesto simbólico.

Huellas de la Memoria desnuda caminos invisibles y propone recuperar esas pisadas como trazas de humanidad. Es, en cierto sentido, una liturgia de búsqueda y denuncia. En esas suelas que ya nadie caminará late el pulso de la esperanza que resiste el olvido y exige verdad.