El presupuesto aumenta y el gobierno gasta más, pero eso no implica necesariamente que gaste mejor

21 août 2025 - 11:01

Expertos advierten que es necesario recortar el gasto público y reducir el derroche en burocracia, para oxigenar las finanzas, pero el gobierno colombiano ha desestimado esta opción, sobre todo ahora que se avecina la época electoral y precisa aceitar la ‘maquinaria’ que permita la continuidad del proyecto del Pacto Histórico.

El presupuesto en Colombia aumenta, pero ello tampoco asegura mayor inversión o disminución de la deuda, más bien, refleja que el gobierno gasta más, pero no de manera más eficiente y, en cambio, está engrosando la burocracia y con ésta el consecuente gasto de funcionamiento de un aparato estatal, enorme y voraz, una apuesta insostenible en el largo plazo.

Algunos analistas han mostrado una perspectiva crítica de la gestión de Gustavo Petro, aunque no sean adversarios en el terreno o plano ideológico, se sabe que el manejo de las finanzas y el gasto público demanda probidad y racionalidad. Transcurridos tres años de la actual administración es un hecho que el presidente colombiano desestimó los perfiles técnicos en su gabinete y, por tanto, este gobierno no ha sido capaz de gestionar y administrar técnicamente las finanzas públicas, mientras que el gasto público está desbordado o ha sido excesivo. A ese enorme problema le rodean otros subordinados: escándalos de corrupción, politiquería, clientelismo y opacidad que se instalaron como constantes en la forma de gestionar los asuntos del Estado, muchas veces aligerados con distractores, datos sesgados y victimismo presidencial.

Pero, las cifras no mienten y tampoco son prometedoras, así lo ha dejado ver esta semana Salomón Kalmanovitz. El economista contrasta y compara cifras para explicar que Colombia muestra el peor comportamiento económico en relación con países como Perú, Chile y México. “El crecimiento de los dos últimos años ha promediado un 5,6 % anual para los tres países, mientras que Colombia obtuvo 4,5 %. La tasa de desempleo nuestra fue de 8,9 % mientras los otros lograron 7 %. La inflación redondeó 8,7 % en nuestro caso y 5,5 % para los demás. En materias de déficit fiscal, el desajuste del país fue de 5,8 % del PIB, comparado con solo 2,6 % para los otros tres”. La diferencia en esas cifras, dice Kalmanovitz, se logra con disciplina fiscal que es la que crea condiciones macroeconómicas apropiadas que favorecen el crecimiento económico y la estabilidad de precios.

Este año, el déficit del gobierno colombiano será de 7,1 % del PIB, “el más elevado durante el siglo XXI, incluso más que durante la pandemia que demandó un esfuerzo gigantesco de gasto en salud”. Mientras que el déficit de los gobiernos de los países señalados es de 2,5 % de sus respectivos PIB. “Tener un déficit fiscal tan alto nos hace percibir como un terreno pantanoso para los inversionistas locales y extranjeros, pues un cese de pagos así sea parcial del gobierno, contraerá la economía y hará que los agentes pierdan plata”, puntualiza.

Las cifras que no lucen prometedoras para Colombia no terminan ahí: “La deuda pública aumentó 7 puntos del PIB para alcanzar 63,3 % del mismo, cuando se considera que superar el 60 % es entrar en zona de peligro”.

Lo paradójico de todo esto es que el gasto público está siendo excesivo, pero el porcentaje que ha destinado este año el gobierno a inversión es mínimo: “Del presupuesto general que para 2025 fijó el gobierno en $523 billones (27,6 % del PIB), solo $82,5 billones (4,4 % del PIB) se destinará a inversión, incluso por debajo de los casi 100 billones que se apartaron en 2024 para el mismo fin”. Adicionalmente, el gobierno contaba con recaudar $28 billones a través de una nueva reforma tributaria, pero eso ya no va a suceder porque “el Congreso no legisla impuestos en vísperas de elecciones a menos que sea suicida”. Todo esto significa que la inversión en infraestructuras (carreteras, aeropuertos, energía y agua) continuará siendo insuficiente de cara a las necesidades del país.

Y un dato adicional es que no solo cayó la inversión pública, sino también la privada: “La inversión total alcanzó solo un 17 % del PIB, cuando en los períodos de crecimiento acelerado esta variable solía alcanzar entre el 25 y el 28 % del producto interno colombiano”. La razón es que los empresarios, como bien señala el experto, no se animan a invertir cuando las condiciones de un país, a nivel político y económico, muestran un alto grado de riesgo e inestabilidad. La hostilidad al sector empresarial, como ha mostrado el mandatario de los colombianos, no genera incentivos. “Hoy las condiciones económicas son de una moderada reactivación que augura un crecimiento de 2,6 % para este año”.

Semanas atrás, el diario económico Portafolio también analizaba la situación de alerta por el gasto público que se disparó en estos años: “Tan solo para gastos de personal, el crecimiento ha rondado los $20 billones en esta administración”. Aunque el Presupuesto General de la Nación (PGN) ha crecido en términos reales en $111 billones, en la actual administración, dicho crecimiento no se tradujo en una mayor capacidad del Estado para invertir o para responder a choques económicos. ¿La razón? “Ha estado concentrado, casi en su totalidad, en el gasto de funcionamiento”.

El informe de Portafolio cita las cuentas de gasto presentadas por el Ministerio de Hacienda para 2026, según las cuales, entre 2022 y 2026, los recursos asignados a funcionamiento pasarán de $253,9 billones a $353,4 billones. Lo anterior refleja un aumento de $99,5 billones. “Dicho de forma simple, el 89,6% del crecimiento total del presupuesto durante este gobierno ha sido absorbido por este rubro, que incluye transferencias, pagos de pensiones, salud, sentencias judiciales, gastos administrativos, funcionamiento ministerial y nómina estatal”.

No exageran los analistas económicos del país cuando hablan del derroche en burocracia: “Tan solo en gastos de personal, el aumento proyectado entre 2022 y 2026 supera los $20 billones, alcanzando los $65,2 billones en 2026, frente a $46 billones aproximados en el primer año del gobierno”. Los gastos de funcionamiento representaban el 59,9 % del presupuesto total en 2022, pero en 2026 pasarán a representar el 66,1 %.

José Manuel Restrepo ha indicado a ese medio que gran parte de estos rubros “se prestarían para alimentar maquinarias políticas mediante la contratación de personas” y, en ese punto, el problema ya no solo es de índole cuantitativa sino estratégico porque: “estamos viendo un presupuesto que destruye la inversión a costa del derroche de la burocracia pública e incrementa de manera exorbitante el valor del presupuesto nacional. Es un presupuesto para el derroche, no para la inversión productiva y social”.

Para este exministro de Hacienda y actual rector de la Universidad EIA ese no es el mejor camino posible: “Ha habido un crecimiento brutal en términos reales de más del 40 % entre 2022 y la fecha, tanto en gastos de funcionamiento como en burocracia de servidores públicos. Esto lo único que demuestra es que hay una profunda ineficiencia en materia de gasto público y un exceso de derroche en burocracia”.

No parece esperanzador un panorama en el cual los gastos de funcionamiento de un gobierno crecen mucho más que la economía del país. Así lo advirtió el académico Henry Amorocho, profesor de Hacienda Pública en la Universidad del Rosario, al explicar que entre 2024 y 2025 el gasto de funcionamiento creció a una tasa nueve veces superior al crecimiento de la economía y, evidentemente, en 2026 volverá a crecer, esta vez, 4,5 veces más que el PIB.

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