Diez años después del califato, abundan los foros radicales donde participan menores y que normalizan la violencia machista y la homofobia mientras animan a atentar como en las Ramblas. Tres jóvenes detenidos en 2023 ejemplifican cómo las redes sociales se han convertido en el espacio predilecto para el adoctrinamiento de una nueva generación de yihadistas que combinan extremismo religioso con discursos de odio hacia mujeres y colectivos LGTBI. Las fuerzas de seguridad registraron un récord de 15 menores detenidos por terrorismo yihadista en 2024, cinco de ellos con planes concretos de atentar.
Una década después del auge del Estado Islámico y su sofisticada maquinaria de propaganda, las redes sociales siguen siendo terreno fértil para el adoctrinamiento yihadista entre una nueva generación de jóvenes españoles. Aunque el califato autoproclamado entre Siria e Irak fue desmantelado, sus métodos de captación han evolucionado y se han adaptado al ecosistema digital actual, donde foros radicales con nombres aparentemente inocuos como «Islam en español» o «Lobo Basado chat» sirven de puerta de entrada a un universo de extremismo violento que combina terrorismo, misoginia y homofobia.
La investigación de tres jóvenes detenidos en 2023 por las fuerzas de seguridad españolas revela la sofisticación de estos nuevos métodos de radicalización digital. Hamid A., un joven que se hacía llamar «califa» en los foros yihadistas, había conseguido un liderazgo claro entre sus seguidores, quienes le pedían asesoramiento religioso y llegaron a solicitar que oficiara como wali en sus bodas. «Es normal que un marido agreda a su esposa», escribió este joven a una chica a la que había captado previamente en un canal de Telegram, ejemplificando cómo el adoctrinamiento terrorista se entrelaza sistemáticamente con la normalización de la violencia machista.
El caso ilustra una preocupante evolución en los patrones de radicalización yihadista en España. Los datos oficiales confirman que 2024 marcó un récord histórico con 15 menores detenidos por actividades terroristas, representando el 18,3% del total de yihadistas arrestados ese año. Cinco de estos adolescentes habían avanzado hasta la planificación concreta de atentados, incluyendo el caso de un sirio de 17 años detenido en Sevilla con manuales para fabricar TATP, el explosivo conocido como «Madre de Satán» utilizado por el Estado Islámico en sus ataques europeos.
Foros de odio más allá del terrorismo
Los canales analizados por las fuerzas de seguridad pueden llegar a varios miles de participantes, principalmente en Telegram, y funcionan como ecosistemas completos de radicalización que van mucho más allá del simple adoctrinamiento religioso. En estos espacios se mezcla contenido islámico con propaganda terrorista e imágenes extremas, mientras se normaliza sistemáticamente la violencia contra mujeres y personas LGTBI. «Ojalá me pagaran por tirar maricones sin paracaídas, aunque lo haría gratis», escribió una joven llamada Priscila M. en uno de estos foros, donde se autodenominaba «incubadora de pequeños yihadistas».
La investigación policial demuestra que estos espacios digitales sirven múltiples funciones simultáneas: adoctrinamiento ideológico, planificación de atentados, establecimiento de relaciones sentimentales entre radicalizados y normalización de discursos de odio. Los participantes celebran abiertamente atentados pasados («Bataclán fue algo inolvidable») y expresan deseos explícitos de violencia («cuantas ganas de poner una bomba e inmolarme»). La retórica utilizada revela cómo el extremismo yihadista se ha convertido en un vehículo para canalizar múltiples formas de odio y resentimiento social.
El perfil de los captados ha experimentado cambios significativos en la última década. Según el Real Instituto Elcano, el 23,4% de los yihadistas radicalizados en el período más reciente son menores de edad, frente al 17,1% de la década anterior. Carlos Igualada, director del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo, considera que la penetración del yihadismo entre los jóvenes constituye «uno de los cuatro o cinco grandes desafíos en materia de seguridad relacionados con violencia y extremismo en España».
Casos que ilustran la nueva realidad
El análisis de los casos de Hamid A., Ángel G. y Priscila M. revela los mecanismos específicos de esta nueva yihad digital. Hamid utilizaba conocimientos informáticos para blindar sus dispositivos donde almacenaba material de adoctrinamiento, mientras ejercía como líder carismático que convenció a una joven llamada Fati de que «la violencia machista era algo normal» y que «tener una cuenta de empresa en redes sociales era pecado». Su influencia llegó al punto de dictar qué música podía escuchar: «Si vuelves a escuchar música, decepcionas a tu marido», le advirtió en abril de 2023.
Ángel G. y Priscila M., unidos sentimentalmente a través de uno de estos foros, habían desarrollado planes terroristas concretos. Él se grabó con la cara tapada blandiendo un cuchillo y fingiendo acento árabe para reclamar la recuperación de Al Andalus, mientras expresaba su deseo de unirse al Estado Islámico en Afganistán. Ella propuso utilizar bidones de gasolina para incendiar locales con gente dentro y fantaseaba con ataques suicidas: «Cuántas ganas de poner una bomba e inmolarme ahí con toda la gente que había», comentó tras bajarse de un tren abarrotado donde calculó que podría haber matado a unas 1.450 personas.
La pareja había progresado hasta discutir métodos específicos de ataque: «Cortar cuellos es una manera llamativa por las formas, pero puedes matar menos que de otras formas», reflexionaban en sus conversaciones. A Priscila se le incautaron manuales sobre fabricación de explosivos caseros y anotaciones sobre TATP, mientras administraba un grupo de WhatsApp con 96 integrantes llamado «Musulmanas en la victoria de Alá», cuya foto de perfil mostraba mujeres con burka portando kalashnikov.
Una amenaza que evoluciona más rápido que las respuestas
La sofisticación de estos nuevos métodos de radicalización plantea desafíos inéditos para las fuerzas de seguridad. Los yihadistas digitales han aprendido a utilizar plataformas como Discord para desarrollar aplicaciones y superponer capas en videojuegos que faciliten los procesos de captación, especialmente entre jóvenes de la misma edad. Esta evolución tecnológica permite que individuos ya radicalizados se conviertan a su vez en captadores, creando redes de radicalización horizontales que multiplican exponencialmente el alcance del extremismo.
Los programas de prevención de extremismos violentos que desarrollan los Mossos d’Esquadra desde 2015 identificaron 206 alertas durante 2024 a través de una red colaborativa que incluye profesores, asociaciones islámicas y servicios sociales. Sin embargo, la velocidad de evolución de las técnicas de captación digital supera frecuentemente la capacidad de respuesta institucional. El inspector David Sánchez, impulsor del proyecto CAMINS de estudio de la radicalización, insiste en que «la prevención debe ser la primera línea de ataque contra el terrorismo», pero «para que estos procedimientos sean exitosos deben fundamentarse en conocimiento empírico».
La realidad evidenciada por estos casos confirma que España enfrenta una nueva generación de extremistas que combinan la sofisticación tecnológica con discursos de odio múltiples, donde el terrorismo yihadista sirve como paraguas ideológico para la violencia contra mujeres, personas LGTBI y la sociedad democrática en general. Los tres jóvenes investigados se enfrentan a cargos por integración en organización terrorista, auto adoctrinamiento, adoctrinamiento y enaltecimiento del terrorismo, en procesos que ejemplifican cómo el yihadismo digital ha evolucionado hasta convertirse en una amenaza multidimensional que requiere respuestas igualmente complejas y adaptadas a la era de las redes sociales.