El proyecto político de Yolanda Díaz para unificar el espacio a la izquierda del PSOE ha experimentado no ha cesado de malograrse. De los 31 diputados iniciales apenas conserva 26, mientras las encuestas pronostican una debacle electoral que podría dejar a la formación en la irrelevancia parlamentaria. Las salidas en cascada de dirigentes, escándalos mediáticos y la fragmentación interna han convertido lo que nació como esperanza de renovación en símbolo del fracaso de la izquierda alternativa española.
La salida de Carlos Martín de la coordinación de Movimiento Sumar marca un nuevo capítulo en la descomposición de un proyecto que prometía regenerar la izquierda española. El economista, considerado el cerebro económico de Yolanda Díaz, ha alegado motivos de salud para justificar una dimisión que profundiza la crisis de liderazgo en una formación que acumula tres portavoces parlamentarios y dos equipos coordinadores distintos en apenas dos años de legislatura.
El anuncio de Martín refuerza la percepción de inestabilidad que rodea a Sumar desde su creación. «He decidido dejar mis responsabilidades como co-coordinador de Movimiento Sumar. En los últimos meses mi salud me ha dado algún aviso y es momento de prestarle atención», manifestó el dirigente en su cuenta de X, manteniendo únicamente su escaño y su rol como portavoz en las comisiones de Economía y Hacienda. La decisión consolida un patrón de abandonos que ha caracterizado la trayectoria de la coalición desde sus inicios.
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Génesis de Sumar: del «proceso de escucha» al espejismo electoral
El génesis de Sumar se remonta al 2 de abril de 2023, cuando Díaz anunció su intención de convertirse en «la primera presidenta de nuestro país». El proyecto se sustentaba en lo que denominó un «proceso de escucha» que durante meses recorrió territorios españoles con la promesa de construir una alternativa transversal al bipartidismo. La estrategia logró aglutinar quince partidos diferentes bajo un modelo inspirado en experiencias latinoamericanas como el Frente Amplio uruguayo.
Los resultados de las elecciones generales del 23 de julio de 2023 parecieron validar inicialmente la apuesta. Sumar obtuvo 31 escaños y se convirtió en la cuarta fuerza parlamentaria, al amparo de las siglas concurrieron entre otros Unidas Podemos, Más Madrid, Compromís, Izquierda Unida, En Comú Podem, Verdes Equo y Chunta Aragonesista. Sin embargo, el «café para todos» en el reparto de responsabilidades generó desde el primer momento tensiones internas que acabarían dinamitando la coalición.
El acuerdo inicial establecía que Movimiento Sumar ejercería la portavocía del grupo parlamentario, mientras las portavocías adjuntas se repartían entre las diferentes familias políticas. Esta distribución de poder, lejos de generar estabilidad, creó un ecosistema de competencia interna donde cada formación defendía su espacio de influencia sin renunciar a su identidad diferenciada.
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La primera gran crisis: Podemos abandona el barco
La conformación del Gobierno de coalición tras la investidura de Pedro Sánchez desencadenó la primera crisis existencial de Sumar. Díaz propuso que Nacho Álvarez, entonces responsable económico de Podemos, ocupara un ministerio a cambio de que la formación morada cesara «los ataques a miembros de Sumar» y se comprometiera a concurrir con la coalición en futuras elecciones, incluidas las europeas.
La respuesta de Ione Belarra fue taxativa: «Los ministros de Podemos los elige Podemos. Podemos sigue pensando que lo mejor que puede aportar al Gobierno de coalición es profundizar las transformaciones feministas al frente del Ministerio de Igualdad». La negativa provocó la dimisión de Álvarez, quien reconoció que «la actual dirección de Podemos ha perdido la confianza que depositó en mí», y la salida de los cinco diputados morados del Grupo Plurinacional Sumar hacia el Grupo Mixto.
Esta primera fractura evidenció las limitaciones del modelo organizativo diseñado por Díaz. La aspiración de crear una estructura que fuera simultáneamente partido y coalición, movimiento ciudadano e institución parlamentaria, generó contradicciones irresolubles que se manifestaron en cada decisión estratégica relevante.
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Efecto dominó: de Errejón a Compromís
El escándalo de Íñigo Errejón marcó un punto de inflexión en la credibilidad de Sumar. El exportavoz parlamentario, considerado persona de confianza de Díaz y artífice del documento político fundacional, se vio obligado a dimitir tras las acusaciones de violencia machista que culminaron con la denuncia de la periodista Elisa Mouliaá. La gestión del caso por parte de la dirección de Sumar generó nuevas grietas internas y cuestionó la coherencia del discurso feminista de la formación.
Díaz admitió haber tenido conocimiento previo de comportamientos machistas de Errejón pero defendió haber actuado «con prontitud y competencia» una vez confirmadas las denuncias graves. Sin embargo, la explicación no logró contener el daño reputacional ni evitar nuevos abandonos.
La ruptura con Compromís ilustra la profundidad de la crisis. La diputada Águeda Micó decidió abandonar el grupo parlamentario de Sumar para integrarse en el Grupo Mixto tras la negativa de la mayoría del grupo a respaldar la solicitud de comparecencia del presidente Sánchez en la comisión de investigación sobre la DANA. La decisión, respaldada por el 92% del Consejo Nacional de Més-Compromís, evidencia que las tensiones trascienden lo organizativo para afectar posicionamientos políticos fundamentales.
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En caída libre: las encuestas certifican la debacle
Los datos demoscópicos confirman la magnitud del colapso. Sumar pasaría de sus 27 diputados actuales a solo 10 según las encuestas, mientras Podemos conseguiría 5, lo que supone una pérdida de 16 escaños que benefician principalmente al PP y Vox. Esta fragmentación del voto de izquierdas facilita que la derecha alcance mayorías absolutas que parecían impensables hace apenas dos años.
Gabriel Rufián ha alertado de un «futuro negro electoral para las fuerzas que apoyan a Pedro Sánchez», apelando a la necesidad de «un espacio común» que permita a las izquierdas mantener cierta capacidad de influencia. Sin embargo, la realidad demuestra que la división solo se profundiza, con cada formación defendiendo espacios de poder incompatibles con proyectos unitarios.
La respuesta estratégica de Sumar ha sido reactiva y defensiva. La formación estudia presentar candidatura únicamente en Barcelona, Madrid, Andalucía y Valencia para evitar dispersar el voto de izquierdas, una decisión pactada con el PSOE para maximizar los apoyos socialistas. Esta estrategia de repliegue territorial confirma que el proyecto de Díaz ha renunciado a sus ambiciones iniciales de representar una alternativa nacional al bipartidismo.
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Horizonte incierto: entre refundación e irrelevancia
La situación actual de Sumar plantea interrogantes sobre la viabilidad del espacio político a la izquierda del PSOE. Los analistas barajan tres escenarios: refundación del espacio mediante negociación con Podemos e IU, absorción por el PSOE, o irrelevancia parlamentaria que facilite la hegemonía del bipartidismo. Ninguna de estas opciones garantiza la supervivencia del proyecto original de Díaz.
El caso de Sumar ilustra las dificultades estructurales para construir alternativas estables en el sistema político español. La fragmentación ideológica, la competencia por liderazgos y la ausencia de cultura de coalición han convertido un proyecto con potencial renovador en símbolo del fracaso de la izquierda alternativa. Mientras la derecha se beneficia de esta atomización, la izquierda española se enfrenta al reto de reinventarse o resignarse a la irrelevancia en un horizonte electoral que se presenta especialmente adverso.
El tiempo dirá si esta crisis representa el final de un ciclo o la antesala de una recomposición más profunda del espacio progresista español.