En vísperas de un encuentro sin presencia ucraniana, Bruselas y las principales capitales europeas advierten que cualquier acuerdo debe respetar la soberanía de Kiev.
A cinco días de la cumbre prevista en Alaska entre Donald Trump y Vladimir Putin, los principales líderes europeos han llamado a sostener la presión política, económica y militar sobre Moscú. En una declaración conjunta, mandatarios y altos responsables de la UE insisten en que la paz solo será posible si se combina la diplomacia con el apoyo a Ucrania y la imposición de sanciones contra la Federación Rusa.
El encuentro, anunciado por Trump el pasado viernes, plantea un escenario polémico: el presidente estadounidense sugirió que podría haber “algún intercambio de territorios para el beneficio de ambos”, en alusión a Ucrania y Rusia, sin dar detalles. La ausencia del presidente Volodímir Zelenski en la mesa de negociaciones ha encendido las alarmas en Kiev. “No pueden tomarse decisiones sin Ucrania. Sería una decisión contra la paz”, advirtió el mandatario ucraniano, quien reafirmó que su país no entregará su territorio.
Emmanuel Macron, Pedro Sánchez, Giorgia Meloni, Friedrich Merz, Donald Tusk, Keir Starmer y Ursula von der Leyen figuran entre los firmantes de la declaración europea, que respalda los esfuerzos de Trump para detener la guerra, pero recalca que este apoyo no implica suavizar la presión sobre el Kremlin. “Mantendremos nuestro sustancial apoyo militar y financiero a Ucrania”, señalaron, al tiempo que reiteraron el compromiso de mantener e imponer medidas restrictivas contra Rusia.
La reacción internacional no se limita al Viejo Continente. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, conversó por teléfono con Putin y expresó la disposición de Brasil a contribuir a una salida pacífica, un gesto que el líder ruso agradeció públicamente.
La guerra, iniciada en febrero de 2022 con la invasión rusa, ha dejado decenas de miles de muertos, millones de desplazados y destrucción masiva. Las tres rondas de negociaciones celebradas este año han fracasado. Moscú exige la anexión definitiva de cuatro regiones ucranianas (Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón), además de Crimea, y que Kiev renuncie a entrar en la OTAN y a recibir armas occidentales. Ucrania, por su parte, exige la retirada total de las tropas rusas y garantías de seguridad, incluyendo el envío de un contingente europeo, algo que Rusia rechaza.
Mientras tanto, los combates continúan. En las últimas 24 horas, ataques rusos en Donetsk y Jersón han dejado al menos seis muertos y una veintena de heridos. La línea del frente sigue siendo volátil y el ejército ruso avanza en el este, aprovechando la inferioridad numérica y material ucraniana.
La cumbre de Alaska, la primera entre un presidente estadounidense y Putin desde 2021, será un ensayo de equilibrios diplomáticos en un tablero global marcado por desconfianzas cruzadas. Para Europa, el desafío es claro: impedir que un acuerdo bilateral entre Washington y Moscú condicione el futuro de Ucrania sin su voz en la mesa.
En política internacional, la presión no siempre es sinónimo de confrontación abierta, pero ceder antes de tiempo puede equivaler a legitimar la ocupación. Ese es el mensaje que los líderes europeos intentan fijar antes de que Trump y Putin se sienten frente a frente.