EE.UU. duplica la recompensa contra Maduro y reaviva la crisis venezolana

08 août 2025 - 09:25

Washington eleva a 50 millones de dólares la recompensa por información para arrestar a Nicolás Maduro, acusándolo de narco-terrorismo. La medida subraya las tensiones entre dureza diplomática y realpolitik, y vuelve a poner en el centro la incómoda encrucijada entre justicia, geopolítica y crisis humanitaria.

El Departamento de Justicia y el Departamento de Estado de EE.UU. anunciaron esta semana un escalón más en su presión sobre Venezuela: una recompensa de 50 millones de dólares por datos que conduzcan al arresto o condena de Nicolás Maduro. La cifra duplica la ofrecida en enero (25 millones) y cuadruplica la inicial establecida en 2020 (15 millones). Lo califican como un golpe simbólico de alto voltaje contra un presidente al que acusan de encabezar redes criminales vinculadas al narcotráfico.

Desde la narrativa estadounidense, se le imputa ser parte de estructuras criminales como el Tren de Aragua, el Cártel de Sinaloa y el Cartel de los Soles. Se mencionan incautaciones de cocaína atribuidas a su entorno, así como activos valorados en más de 700 millones de dólares, incluyendo aviones y vehículos de lujo. Pam Bondi, fiscal general, lo calificó abiertamente como uno de los mayores narcotraficantes del mundo y una amenaza directa para la seguridad estadounidense .

La reacción de Caracas no tardó en llegar y fue airada. El canciller Yván Gil salió al cruce calificando la medida de “payasa” y “propaganda política barata”, denunciando el uso de este anuncio como cortina de humo por parte de la administración Trump . Un adversario que descalifica, pero que, en la práctica, también demuestra cuán recalibrado está el conflicto: no es meramente retórica, es política internacional medida en millones de dólares.

Pero más allá del espectáculo mediático, la recompensa expone dos dilemas: el primero, la posibilidad real de arresto. Con Maduro firme en Caracas, completamente reacio a entregarse, el arresto requeriría, casi con certeza, intervención militar o de inteligencia a gran escala. Una opción improbable para EE.UU. sin escalada abierta . El segundo, el doble estándar que opera en política exterior: mientras se ofrece recompensa por su captura, EE.UU. también relaxa sanciones —como otorgar licencias a Chevron— en nombre de pragmatismo económico.

Para la oposición venezolana, esta medida sirve como escalón adicional de legitimidad en su reclamo internacional. Exponen la figura de Maduro no solo como un verdugo interno, sino como una amenaza trasnacional. Sin embargo, el gobierno chavista lo emplea como símbolo de resistencia a la injerencia. La narrativa dual alimenta tensiones que alejan cualquier salida negociada.

Finalmente, el arresto de un presidente en funciones representa un precedente inédito. Desde Manuel Noriega en Panamá (1988) no se ve algo así. La recompensa entronca drama judicial con crisis política, pero ¿quién sale ganando? La república venezolana está cada vez más fragmentada, su legitimidad en entredicho y su población, al borde del abismo.

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