Una editorial publicada esta semana en Hoy24 planteaba, de cara a los comicios en Bolivia, que el país continúa atrapado “en un circuito cerrado de liderazgos personalistas, institucionalidad frágil y polarización crónica” y deslizaba un interrogante espacio temporal que mantiene vigencia habida cuenta de la pesada sombra política y emocional del expresidente Evo Morales sobre el espectro político: “¿Qué lugar ocupa Morales en la política del país?”.
Bolivia celebrará elecciones presidenciales el próximo 17 de agosto signadas por la polarización y la sombra de Evo Morales quien no pudo ser candidato como deseaba. El presidente Arce, por su parte, declinó presentarse a la reelección y el joven Andrónico Rodríguez, de 36 años, quien ha sido presidente del Senado, se presenta como la opción con más probabilidades de esa izquierda fragmentada. El Movimiento al Socialismo (MAS) que ha dominado la vida política boliviana por casi dos décadas ahora está dividido. El empresario Samuel Doria Medina y el reconocido adversario de Morales, el expresidente Jorge «Tuto» Quiroga, son otros de los candidatos con opciones de ir a una segunda vuelta electoral.
Entre tanto, seguidores de Evo Morales promueven la nulidad del voto como forma de protesta ante la imposibilidad de que su líder aspire nuevamente a la presidencia. Este hecho acusa un problema de fondo: la cultura política del país. ¿Hay una ciudadanía madura capaz de comprender y aceptar de buen grado que la alternancia en el poder, las leyes, las normas, los procedimientos, son vitales para la existencia de la democracia?
Las elecciones no tienen sentido, para ellos, sin Evo Morales. Esa suerte de fanatismo o religiosidad por un líder político no es signo de cordura ni sinónimo de ciudadanía madura y deliberante, parece más bien una reedición de poder pastoral y acusa a un rebaño que se siente perdido sin su pastor y sin ese salvador que va a redimirlo en la escena política de todas las penalidades y miserias terrenales. Pero, lo cierto es que, en términos institucionales, Morales está fuera del juego y no tiene opción de regresar al poder.
Clara Riveros entrevista a Carlos Malamud, historiador e investigador principal para América Latina en el Real Instituto Elcano, sobre el presente y el futuro político de Evo Morales en Bolivia.
Clara Riveros: Usted mencionaba al expresidente Evo Morales quien está siendo noticia nuevamente porque aunque quiere regresar al poder no puede hacerlo. ¿Qué vamos a ver en el futuro próximo con ‘el primer presidente indígena de América Latina’? Y me permito aquí, bromear un poco, tras escuchar su comentario que desmiente los titulares de la prensa internacional, así como la forma en que solía presentarse Morales en el pasado.
Carlos Malamud: A Morales se le han cerrado definitivamente las puertas para la reelección. Las nuevas elecciones son el 17 de agosto. Está prácticamente todo decidido, los marcos legales para que pudiera presentarse están cerrados. Está refugiado en su retiro del Chapare, el centro cocalero, a salvo de la persecución de la justicia, pero bastante complicada su vuelta al poder. El enfrentamiento con el presidente Arce lo ha desgastado muchísimo. El MAS se ha fracturado.
Hay en este momento la opción de Andrónico de erigirse como el continuador del MAS, de alguna manera, al frente del gobierno boliviano. Habrá que ver en qué medida el deseo de continuidad se impone al deseo de cambio de la sociedad boliviana y ver quién va a ser el próximo presidente de Bolivia, si Andrónico o, por el contrario, Samuel Doria Medina. Es algo que las urnas nos dirán.
Con toda posibilidad habrá una segunda vuelta. La importancia de quienes participan en esa segunda vuelta será decisiva para ver cómo se alinea el resto de las fuerzas políticas en apoyo de uno u otro candidato.