Una investigación de los Mossos d’Esquadra y tres universidades identifica los factores psicológicos y las creencias subjetivas como elementos clave en el proceso que llevó a diez jóvenes de Ripoll a perpetrar los atentados de Barcelona y Cambrils en 2017. El análisis de más de 400 pruebas revela que los elementos de protección no lograron contrarrestar la deriva extremista que causó 16 muertes.
Un estudio científico pionero ha identificado los factores que condujeron a la radicalización violenta de los diez miembros de la célula terrorista que perpetró los atentados del 17 de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils, en los que murieron 16 personas y resultaron heridas más de 140. La investigación, publicada en la revista internacional «Behavioral Sciences of Terrorism and Political Aggression», forma parte del proyecto CAMINS, fruto de la colaboración entre la Comisaría General de Información de los Mossos d’Esquadra (policía autonómica catalana) y las universidades de Córdoba, Granada y Burgos, que marca un antes y un después en el estudio de la radicalización en España.
El análisis exhaustivo de 200 declaraciones policiales, 50 entrevistas a familiares y allegados, 123 pruebas tecnológicas y decenas de informes complementarios ha permitido diseccionar científicamente el proceso que transformó a nueve jóvenes de Ripoll, la mayoría criados en Cataluña, junto al imán Abdelbaki Es Satty, en una célula terrorista operativa. La célula se constituyó entre finales de 2014 e inicios de 2015, desarrollando durante dos años un proceso de radicalización que culminó con los atentados improvisados tras la explosión accidental de los explosivos que preparaban en Alcanar.
La investigación revela que los factores de riesgo psicológicos tuvieron un peso determinante en el proceso de radicalización. Entre estos destacan la búsqueda de sentido y significado personal, la conexión grupal, la percepción de amenaza simbólica y una suerte de pasión obsesiva. Paralelamente, las actitudes y creencias subjetivas, como el rechazo a los valores democráticos, el extremismo religioso y el pensamiento segregacionista, actuaron como catalizadores del proceso extremista. Estos elementos formaron una «red psicológica estructurada» que se retroalimentó y potenció la deriva violenta del grupo.
Los factores de protección, por el contrario, aparecieron dispersos y desconectados entre sí, careciendo de la fuerza necesaria para contrarrestar los elementos de riesgo. Aspectos como la integración social (presente solo en un 60% de los casos), el empleo estable (únicamente la mitad trabajaba) o incluso las amistades fuera de la célula no lograron ejercer un efecto preventivo suficiente. El estudio demuestra que, aunque el 90% tenía la educación secundaria obligatoria, la formación académica tampoco actuó como elemento protector ante la influencia del líder carismático.
Los hermanos mayores como vectores de radicalización
El análisis confirma que la radicalización no afectó por igual a todos los miembros de la célula. Tres integrantes -Younes Abouyaaqoub (el conductor asesino de Las Ramblas), Youssef Aalla y Mohamed Hichamy- habían completado plenamente su proceso de radicalización y mantenían una determinación absoluta para actuar. Estos «hermanos mayores» desarrollaron un proceso paralelo que se retroalimentó mutuamente, arrastrando posteriormente a los miembros más jóvenes, algunos de los cuales actuaron más por influencia familiar que por convencimiento ideológico propio.
La estructura familiar jugó un papel crucial en la expansión de la radicalización. La célula incluía cuatro parejas de hermanos, dos de las cuales eran primos entre sí, evidenciando cómo los vínculos de parentesco facilitaron el contagio ideológico. Los hermanos menores -Houssaine Abouyaaqoub, Said Aalla, Mohamed Hichamy y Moussa Oukabir- se encontraban en fases más incipientes de radicalización cognitiva en el momento de los atentados, según las conclusiones del estudio.
Además, la figura del imán Es Satty emerge como el catalizador fundamental del proceso, aunque los investigadores matizan que «no radicalizó a los jóvenes de Ripoll, sino que fue un catalizador» de dinámicas que ya estaban en marcha. Su llegada a la localidad gerundense en 2015, pese a su pasada trayectoria yihadista y condena por tráfico de drogas, proporcionó la autoridad carismática necesaria para canalizar las frustraciones individuales hacia la acción violenta colectiva.
El estudio del proyecto CAMINS trasciende el análisis individual para abordar el contexto social y territorial. Ripoll, una comarca con una de las menores tasas de inmigración de Cataluña, no presentaba características especiales que explicaran la emergencia de la célula terrorista. La vivencia de la religión musulmana en la localidad seguía patrones similares al resto de Cataluña, con comunidades caracterizadas por la autogestión económica e instalaciones precarias, sin considerarse entornos favorables a la radicalización extremista.
Herramientas para la prevención
Los resultados de la investigación tendrán aplicación directa en los programas de prevención de extremismos violentos (PREV) que los Mossos desarrollan desde 2015. Durante 2024, estos programas identificaron 206 alertas a través de una red colaborativa que involucra a profesores, asociaciones islámicas, servicios sociales y agentes rurales. La incorporación de los hallazgos científicos permitirá afinar los protocolos de detección temprana y desarrollar herramientas más precisas de evaluación del riesgo.
El proyecto CAMINS representa un modelo de colaboración entre fuerzas de seguridad y academia que puede replicarse en otros contextos. La metodología rigurosa empleada, que incluyó la participación de especialistas en psicología forense y análisis del comportamiento, establece estándares científicos para el estudio de fenómenos de radicalización violenta. Los investigadores subrayan que, aunque las conclusiones se refieren a un caso específico, contribuyen al conocimiento general sobre los mecanismos que subyacen a estos procesos.
La investigación evidencia que la prevención de la radicalización requiere enfoques multidisciplinares que combinen el conocimiento policial con la investigación académica. Como señala David Sánchez, inspector de los Mossos e impulsor del proyecto, «la prevención debe ser la primera línea de ataque contra el terrorismo», pero «para que estos procedimientos sean exitosos deben fundamentarse en conocimiento empírico». El estudio de la célula de Ripoll proporciona bases científicas para una prevención más eficaz del extremismo violento en sociedades democráticas.