Con más de 280 alcaldías en su poder, el Partido Socialista Unido de Venezuela consolida su hegemonía territorial ante una oposición fragmentada y una participación ciudadana que apenas superó el 44 %.
La jornada electoral de este domingo en Venezuela no sorprendió a nadie, pero confirmó varias certezas: el chavismo, lejos de debilitarse, extiende su control sobre el país, esta vez en el terreno municipal. Según datos oficiales, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) habría pasado de controlar 212 alcaldías a superar las 285, lo que supone más del 85 % de los gobiernos locales.
El Consejo Nacional Electoral —dominado por figuras leales al Ejecutivo— difundió resultados con más del 82 % de las mesas escrutadas. El presidente Nicolás Maduro no tardó en declarar una “victoria histórica” y atribuir el éxito a la fidelidad del pueblo con el legado de Hugo Chávez, en una jornada simbólica: el 28 de julio se cumplían 71 años del nacimiento del expresidente.
Pero el mapa tiene otra cara: la abstención. Apenas el 44 % del padrón participó, en un país donde votar se ha convertido, para muchos, en un gesto sin consecuencias. La ausencia de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), principal coalición opositora, dejó el terreno libre al oficialismo. La decisión de no participar fue argumentada como una respuesta al fraude denunciado en las presidenciales de 2024. En términos prácticos, el retiro opositor ofreció al chavismo la oportunidad de profundizar su dominio sin mayores obstáculos.
La excepción la constituyen algunos bastiones históricos de la oposición. Gustavo Duque (Chacao), Darwin González (Baruta) y Fernando Malena (El Hatillo) retuvieron sus alcaldías en el este de Caracas. Pero esos municipios, aunque simbólicamente importantes, no alteran la correlación general de fuerzas.
Mientras el oficialismo celebraba con marchas y conciertos en la capital, María Corina Machado, desde fuera del proceso, denunciaba un “nuevo no” ciudadano al régimen. Su lectura apunta a un país que vota con los pies, alejándose de las urnas no por apatía, sino por falta de confianza. Pero esa estrategia del vacío tiene un costo: el chavismo gobierna sobre el desinterés, y convierte la baja participación en legitimidad numérica.
Los comicios municipales dejaron un mapa político monocolor, donde el PSUV gobierna en 23 de las 24 capitales estadales, incluida Maracaibo, otrora bastión opositor. Maduro, con tono conciliador, se refirió incluso al “nacimiento de una nueva oposición” que deberá gobernar “bien” en las cincuenta alcaldías que logró. Más que una invitación al diálogo, su frase sugiere una advertencia: el poder central tolerará a quienes gestionen sin confrontar.
En la Venezuela de 2025, la elección no define tanto el poder como la geometría del silencio. La hegemonía chavista se impone en las cifras, mientras la oposición se repliega en enclaves urbanos. Entre tanto, la ciudadanía sigue esperando señales de que el voto vuelva a ser un instrumento de cambio y no apenas una estadística ritual.