Cuenca, paradigma de seguridad urbana en Sudamérica: ¿modelo replicable o excepción regional?

25 juillet 2025 - 11:34

Un ranking internacional de 2025 posicionó a Cuenca, Ecuador, como la ciudad más segura del continente, según criterios de percepción ciudadana y calidad de vida. El reconocimiento pone el foco sobre su modelo de gobernanza local y plantea preguntas clave para otras urbes latinoamericanas.

La plataforma Numbeo ubicó a Cuenca en la cima del mapa regional con un índice de seguridad del 54,05 % y un nivel de criminalidad de 45,95 puntos, cifras que superan a ciudades como Florianópolis (Brasil), Medellín (Colombia) y Montevideo (Uruguay). A diferencia de Guayaquil y Quito, que registraron índices de criminalidad por encima de los 60 puntos, Cuenca alcanzó una tasa de homicidios de apenas 2,4 por cada 100.000 habitantes, lo que la excluyó del listado de cantones con mayor violencia en Ecuador.

Aunque los datos de Numbeo se construyen sobre la base de encuestas ciudadanas y no provienen de fuentes oficiales, su metodología semicomparable a estudios científicos ha permitido posicionar a Cuenca como un referente regional. Más aún, en abril ya había sido calificada como la ciudad con la mejor calidad de vida de Sudamérica, acreditando un puntaje de 146,84 en un índice multicriterio. Su estabilidad social, niveles moderados de criminalidad y buen entorno urbano la convierten en destino atractivo para turismo, migrantes y emprendimientos.

El alcalde Cristian Zamora atribuye este desempeño a un proyecto de seguridad construido sobre vigilancia ciudadana, tecnología e intervención estratégica. Se implementaron patrullajes conjuntos con Policía, Guardia Ciudadana y ECU‑911, se desplegó una sala de monitoreo con inteligencia artificial, se instalaron cámaras de lectura vehicular y se activaron más de 400 alarmas comunitarias en barrios vulnerables. Todo esto fue articulado con operativos diarios en mercados, plazas y espacios públicos.

¿Es Cuenca un caso aislado o un modelo replicable? Varias dimensiones lo hacen complejo de trasladar: su tamaño menor y su identidad patrimonial, su estructura urbana compacta y su cohesión cívica son condiciones distintas a las de urbes densas como Lima, Río o Santiago. Sin embargo, su experiencia confirma que calidad de vida y seguridad pueden integrarse en una estrategia coherente.

En Ecuador resulta aún más luminoso el contraste: Cuenca sobresale mientras ciudades como Guayaquil o Quito enfrentan índices alarmantes. Ese contraste refuerza el debate sobre prioridades políticas y gestión territorial.

Más allá de la retórica del ranking, el desafío para Cuenca es sostener ese liderazgo en el tiempo. Un leve retroceso en percepción ciudadana o un brote de violencia podrían revertir su posición. Mantener la cohesión institucional, prevenir la corrupción local y atender tendencias emergentes —como robos comunes o violencia intrafamiliar— son tareas inconclusas.

Para América Latina, Cuenca ofrece una lección. Una ciudad puede equilibrar seguridad, cultura, patrimonio y sostenibilidad cuando administra con visión compartida. En un momento donde la violencia urbana amenaza el bienestar familiar, la experiencia cuencana refuerza la convicción de que gobernar implica servir, organizar y prever con criterios técnicos y participación.

Cuenca no es una ciudad sin riesgos, pero gracias a su modelo ha alcanzado ese umbral simbólico que la coloca como capital regional de la tranquilidad. Una tranquilidad basada en estrategias palpables, diálogo institucional y mirada ciudadana. El reto es no perderla.

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