En medio de una relación comercial marcada por la incertidumbre y la competencia global, Washington y Tokio han anunciado un principio de acuerdo que, de confirmarse, modificaría sustancialmente las reglas del juego entre dos de las principales economías del mundo.
La noche del martes, cuando se acerca la fecha límite del presidente Trump para el aumento de aranceles, el 1 de agosto, el mandatario anunció haber alcanzado un acuerdo arancelario con Japón. Ese fue el tercer y más relevante anuncio comercial de la jornada.
Tras meses de negociaciones, a veces tensas y sin avances -con socios comerciales decisivos como la Unión Europea, Corea del Sur, India, entre otros-, Trump anunció su acuerdo comercial con Japón. Lo definió en estos términos, en su plataforma y red social Truth Social: “Acabamos de cerrar un gran acuerdo con Japón, quizás el acuerdo más grande jamás realizado”.
Esta negociación incluye que los importadores estadounidenses pagarán aranceles “recíprocos” del 15 % sobre los productos japoneses exportados a Estados Unidos; además, que Japón invertirá US$ 550.000 millones en Estados Unidos; y que Estados Unidos “recibirá el 90 % de las ganancias”. Aún no se publicó un documento oficial con los términos del acuerdo y Trump tampoco especificó cómo funcionarán las inversiones y cómo calcularán las ganancias.
El presidente estadounidense sí ha dicho, en cambio, que gracias a este acuerdo se crearán cientos de miles de empleos y que “nunca ha habido algo igual”: “Quizás lo más importante, Japón abrirá su país al comercio, incluyendo autos y camiones, arroz y ciertos otros productos agrícolas y otras cosas. Japón pagará aranceles recíprocos a Estados Unidos del 15 %”, anunció.
Entre tanto, un cauteloso primer ministro, por el lado de Japón, ofreció pocos detalles y anunció que examinarán los detalles del acuerdo “cuidadosamente”. Shigeru Ishiba indicó también que mantendrá una reunión telefónica o presencial con el presidente Trump de ser necesario.
Las negociaciones han sido descritas por las partes como “tensas”, pero el presidente americano se muestra optimista, luego de que en junio dijera que la venta de arroz era uno de los puntos de fricción.
En 2024, Japón compró arroz a Estados Unidos por un valor de US$ 298 millones y durante el primer trimestre de este año ha comprado US$ 114 millones.
Ya en 2021 el gobierno Biden había referido las dificultades para la exportación de este producto: “el sistema altamente regulado y poco transparente de importación y distribución de arroz de Japón limita la capacidad de los exportadores estadounidenses para tener un acceso significativo a los consumidores japoneses”. Ante la posibilidad de que Japón «no aceptará» arroz de Estados Unidos, Trump amenazó previamente con aranceles más altos. Tras alcanzar un acuerdo ha indicado que este es “un momento muy emocionante para Estados Unidos, y especialmente por el hecho de que siempre mantendremos una gran relación con el país de Japón”.
Japón es un socio comercial de gran importancia para Estados Unidos, es su quinta fuente de importaciones. En 2019 ambos países firmaron un acuerdo comercial que entró en vigor en 2020 y permitió que más productos se exportasen libres de aranceles.
Japón, según ha indicado CNN este miércoles, mantenía cierto poder de negociación sobre Estados Unidos en este acuerdo comercial debido a que “es el mayor acreedor extranjero de Estados Unidos. Japón posee US$ 1.100 millones en bonos del Tesoro estadounidense, que se utilizan para financiar la enorme y creciente deuda de Estados Unidos”.
China, por su parte, es el principal socio comercial de Japón y, según reportes, Trump presiona a sus aliados para que reduzcan su comercio y dependencia con ese país.