Estados Unidos se retira otra vez de la Unesco: un reto para la cooperación global y América Latina

22 juillet 2025 - 22:53

La nueva salida de Estados Unidos de la Unesco pone en evidencia las crecientes tensiones en el sistema multilateral y el impacto que esta crisis tiene para América Latina y el Caribe. En un contexto global donde la colaboración es más necesaria que nunca, la región debe fortalecer su papel en la defensa de un multilateralismo renovado que garantice la educación, cultura y ciencia como bienes comunes.

Estados Unidos anunció nuevamente su salida de la Unesco, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, argumentando un sesgo contra Israel y la promoción de causas que califican de «divisivas». Esta no es la primera vez que Washington toma esta decisión: ya en 2018, durante la administración Trump, Estados Unidos abandonó la organización y fue reintegrado por el gobierno de Joe Biden. El ciclo se repite ahora con un telón de fondo político y estratégico que refleja las crecientes tensiones en el sistema internacional y los desafíos que enfrenta la cooperación multilateral.

El gobierno estadounidense, a través de sus portavoces, ha criticado a la Unesco por sus posturas en torno al reconocimiento de Palestina como Estado y por lo que consideran una agenda ideológica que se aparta de la imparcialidad. La directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, ha expresado su profundo pesar ante la retirada, pero ha recordado que la organización ha trabajado para diversificar sus fuentes de financiamiento y reducir su dependencia de Estados Unidos, cuyo aporte representa solo el 8% del presupuesto total.

Esta decisión llega en un momento complejo para la arquitectura multilateral, cuando la gobernanza global se enfrenta a desafíos sin precedentes: conflictos regionales, crisis climáticas, nuevas tecnologías y dinámicas geopolíticas que tensionan las alianzas tradicionales. La salida de Estados Unidos pone en evidencia la fragilidad de los acuerdos internacionales cuando los intereses nacionales se priorizan por encima de la colaboración y el consenso global.

El historial de retiradas estadounidenses de la Unesco se remonta a casi cuatro décadas, con episodios similares durante la administración Reagan y más recientemente bajo Trump, siempre con argumentos relacionados con cuestionamientos a la legitimidad o a las prioridades de la organización. La reincorporación bajo Biden, y ahora esta nueva salida, muestran que la política de Estados Unidos respecto a organismos multilaterales puede variar drásticamente según las prioridades y la orientación ideológica de cada administración.

Más allá de las disputas políticas, la retirada afecta directamente programas esenciales de cooperación cultural, educativa y científica que benefician no solo a países desarrollados sino especialmente a naciones en desarrollo, como muchas en América Latina y el Caribe. La Unesco juega un rol clave en la protección del patrimonio cultural, la promoción de la educación inclusiva y la gestión ética de tecnologías emergentes. Su debilitamiento puede profundizar las brechas en estos ámbitos.

Para la región latinoamericana, que comparte la necesidad de fortalecer sus sistemas educativos y preservar sus patrimonios culturales en un mundo globalizado, la crisis de la Unesco implica un reto y una oportunidad. Es un llamado a reforzar la cooperación regional y a buscar alianzas estratégicas que aseguren la continuidad y la adaptación de proyectos que impulsen el desarrollo sostenible y la inclusión social.

La salida de Estados Unidos invita a reflexionar sobre el valor real de la diplomacia multilateral y los riesgos que conlleva su erosión cuando predomina el unilateralismo. En un contexto donde los problemas globales exigen respuestas conjuntas, la inestabilidad de las instituciones internacionales afecta a todos, sin excepción.

La reiterada retirada de Estados Unidos de la Unesco debe ser vista como es: un síntoma de las tensiones actuales en el orden mundial. América Latina y el Caribe tienen el desafío de consolidar su voz colectiva para impulsar un multilateralismo renovado que privilegie el diálogo, el respeto y la cooperación, elementos indispensables para enfrentar los desafíos del siglo XXI.

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