Una historia de esclavos, números y poder: releyendo a Klein

21 juillet 2025 - 17:23
Grabado decimonónico que representa la llegada forzada de africanos esclavizados a América. La trata atlántica trasladó más de 12 millones de personas, convirtiéndolas en mercancía dentro de un sistema económico global.

Grabado decimonónico que representa la llegada forzada de africanos esclavizados a América. La trata atlántica trasladó más de 12 millones de personas, convirtiéndolas en mercancía dentro de un sistema económico global.

¿Qué significa que millones de personas hayan sido transformadas en bienes de carga, registradas en libros contables, vendidas con la naturalidad de quien intercambia ganado o azúcar? ¿Qué implica para una región que su modernidad económica se haya fundado sobre los cuerpos rotos de africanos arrancados de sus raíces, desprovistos de lengua, de linaje, de derecho a la posteridad?

Estas son las preguntas que laten —sin estridencia, sin dramatismo— en el libro de Herbert S. Klein, La esclavitud africana en América Latina y el Caribe. Publicada en 1986, esta obra mantiene una actualidad incómoda: no solo por lo que explica, sino por lo que revela como estructura profunda de nuestras repúblicas.

Uno de sus méritos centrales es la lectura comparativa. Klein no se limita al caso español ni al portugués: analiza también las plantaciones francesas, británicas y holandesas, destacando los elementos de innovación técnica y racionalización productiva que las caracterizaron. Como bien señala la historiadora Isabel Clemente, de la Universidad de los Andes, en una lúcida reseña académica, el sistema esclavista no se sostenía únicamente en la violencia física, sino también en la disponibilidad de capital, en la articulación con el mercado mundial y en la adopción temprana de tecnologías industriales. Cuba, por ejemplo, no llegó a ser el mayor productor de azúcar del siglo XIX solo por su clima o la fertilidad de sus tierras, sino porque integró rápidamente la máquina de vapor, el ferrocarril y el modelo de “central” de procesamiento. La esclavitud moderna, nos recuerda Klein, fue hija también de la modernización. No fue un resabio feudal: fue un engranaje funcional al capitalismo naciente.

El libro también destaca el papel del capital. Sin abundancia de inversión inicial —para adquirir esclavos, trapiches, tierras y estructuras logísticas— el sistema no habría prosperado. Los españoles en América, bien provistos de metales preciosos, podían darse ese lujo. Los franceses, tras la revolución haitiana, exportaron a Cuba tanto conocimiento técnico como capacidad financiera. En cambio, los imperios del norte, como el británico o el neerlandés, inicialmente prefirieron mano de obra blanca contratada hasta que sus modelos económicos se vieron obligados a abrazar también la esclavitud atlántica.

Más allá de lo económico, Klein no descuida la dimensión humana. Hay capítulos dedicados a la familia esclava, a las redes de parentesco frágiles pero persistentes, a las formas de resistencia cotidiana. También a los libertos, que construyeron sectores sociales intermedios, sobre todo en regiones como Brasil o Cuba. Esas vidas —apenas insinuadas en los registros notariales o parroquiales— son reconstruidas con sobriedad, sin mitificación, pero con respeto. No hay épica en su relato, pero sí humanidad.

Otro aporte insoslayable es el uso del dato como argumento. Klein maneja cifras, tasas, proporciones, flujos demográficos y volúmenes de producción con la misma habilidad con que otros recurren a la retórica. Cada número revela una estructura: cuántos esclavos por ingenio, qué edades y sexos eran preferidos para ciertas tareas, cómo evolucionó la natalidad esclava, o qué proporción de población libre de color existía según el imperio colonial. En esa información aparentemente fría se dibujan las lógicas de explotación y las jerarquías raciales que siguen resonando.

Esquema del llamado "comercio triangular": Europa exportaba mercancías a África, África personas esclavizadas a América, y América productos agrícolas a Europa. Una arquitectura económica basada en la deshumanización.

Esquema del llamado «comercio triangular»: Europa exportaba mercancías a África, África personas esclavizadas a América, y América productos agrícolas a Europa. Una arquitectura económica basada en la deshumanización.

Desde América Latina, releer hoy este libro es más que un ejercicio de erudición. Es un acto de responsabilidad. Porque en muchas de nuestras capitales, los nombres de los esclavistas adornan calles y plazas, mientras los descendientes de los esclavizados aún habitan los márgenes. Porque aún cuesta asumir que la prosperidad republicana se construyó sobre cuerpos rotos y memorias borradas. Porque la esclavitud dejó una matriz activa, más que una herida clausurada.

Herbert S. Klein construye su relato con datos, archivos y contextos precisos. A través de esa sobriedad, su obra despliega una carga política profunda. El racismo se organiza en sistemas contables, códigos jurídicos y estructuras productivas. El dolor alimenta memorias, sostiene jerarquías, funda realidades. Esta historia, leída desde el presente, exige una respuesta clara: la verdad actúa como principio de justicia y condición de dignidad.

 

Para seguir leyendo
– Herbert S. Klein, La esclavitud africana en América Latina y el Caribe, Siglo XXI Editores, 1986.
– Isabel Clemente, “Reseña de Herbert S. Klein: La esclavitud africana…”, Universidad de los Andes (Dialnet, 2004).
– Orlando Patterson, Slavery and Social Death, Harvard University Press, 1982.
– Ana Lucia Araujo, Reparations for Slavery and the Slave Trade, Bloomsbury, 2017.
– Michel-Rolph Trouillot, Silencing the Past, Beacon Press, 1995.

 

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