El movimiento político surgido de la desmovilización de las FARC enfrenta su último año con escaños garantizados. Su reto ahora es dejar atrás la tutela del acuerdo de paz y convertirse en fuerza electoral legítima.
En 2016, Colombia firmó un acuerdo histórico que puso fin al conflicto armado más largo del continente. Como parte de ese pacto, el Estado otorgó al nuevo partido surgido de la guerrilla —hoy llamado Comunes— diez curules en el Congreso por dos períodos legislativos. Ese plazo se agota en 2026, y con él también la garantía de representación directa para un movimiento que nació entre balas y que ahora debe sobrevivir en las urnas.
En entrevista con la agencia EFE, el senador Julián Gallo —excomandante guerrillero y actual líder del partido Comunes— reconoce el momento crucial que atraviesan. Ya no basta con representar un proceso de paz: ahora se trata de demostrar madurez política, solidez legislativa y arraigo social, especialmente en los territorios históricamente golpeados por el conflicto.
Para los lectores fuera de Colombia, vale recordar que Comunes fue el nombre adoptado por la antigua FARC luego de su desmovilización. Como parte de los acuerdos, recibieron representación automática en ambas cámaras del Congreso. Durante estos años, sin embargo, han enfrentado no solo el estigma de su origen armado, sino también dificultades internas, divisiones políticas, amenazas y asesinatos contra sus militantes.
Gallo admite que construir una identidad partidaria civil y duradera ha sido más complejo de lo que preveían. El desafío ahora es doble: por un lado, consolidar presencia en los debates legislativos con propuestas sociales concretas; por otro, preparar una transición electoral donde sus curules dependan del voto ciudadano y no de un pacto institucional.
En la práctica, esto significa que Comunes deberá competir como cualquier otra fuerza política. Para ello, busca establecer alianzas con sectores progresistas, fortalecer su trabajo en las zonas rurales, y enfrentar el desinterés o desconfianza que aún genera entre buena parte del electorado urbano. El riesgo, en palabras del propio Gallo, es desaparecer del mapa si no logran “traducir la paz en representación legítima”.
En un año electoral marcado por la polarización en Colombia, el futuro de Comunes pondrá a prueba uno de los pilares del acuerdo de paz. Su continuidad institucional no está asegurada: dependerá, esta vez, de su capacidad para convencer al país de que ya no son una sombra del pasado, sino una opción política real para el presente.