Buenos Aires, la ciudad que insiste en vivir

20 juillet 2025 - 16:34
Avenida Corrientes iluminada: libros, neón, tránsito humano y un Obelisco que vigila. Buenos Aires, entre el vértigo y la resistencia.

Avenida Corrientes iluminada: libros, neón, tránsito humano y un Obelisco que vigila. Buenos Aires, entre el vértigo y la resistencia.

Según el Global Liveability Index 2025, Buenos Aires encabeza la lista de las ciudades más habitables de América Latina. Pero detrás del dato hay algo más profundo: la obstinación de una metrópoli herida, luminosa y contradictoria, que no se rinde del todo. Desde Hoy24, proponemos una lectura más íntima y latinoamericana de este reconocimiento.

Hay rankings que dicen mucho con poco, y hay ciudades que viven a pesar de sí mismas. Buenos Aires es ambas cosas. La capital argentina fue elegida este año como la ciudad más habitable de América Latina por el Global Liveability Index del Economist Intelligence Unit. Por encima de Santiago, Montevideo y Lima, la urbe porteña sobresale en estabilidad, salud, cultura, educación e infraestructura. Pero conviene preguntarse qué significa, en el fondo, ser “habitable” en esta parte del mundo.

Habitar, en Buenos Aires, nunca fue un verbo simple. Implica navegar entre lo bello y lo roto, entre cafés centenarios y hospitales colapsados, entre librerías infinitas y trenes detenidos. Es convivir con una ciudad que exhibe su melancolía con elegancia, como quien se sabe herida pero nunca vencida.

Quien ha vivido Buenos Aires lo sabe: es un lugar que no te pide permiso para envolverte. Una ciudad que se explica más en sus esquinas que en sus estadísticas. Uno puede caminar por Recoleta y sentirse en un rincón de París, cruzar a Constitución y toparse con un paisaje de Latinoamérica profunda. Puede escuchar a Borges en un parque y a Gardel en una ventana. Puede comprar un libro en la avenida Corrientes por 800 pesos mientras un jubilado protesta por su pensión en la Plaza de Mayo. Puede llorar de rabia en un colectivo y reírse de sí mismo diez minutos después. Y todo eso también es calidad de vida.

Jorge Luis Borges lo escribió como nadie: “A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires, la juzgo tan eterna como el agua y como el aire”. Esa eternidad íntima, ese peso histórico convertido en suspiro urbano, es lo que Buenos Aires ofrece al que se deja atrapar. Una ciudad que no teme contradecirse, que se cuenta en voz alta mientras se reinventa.


“La ciudad se cae y se levanta. Vive en loop. Carga con la inflación como si fuera una mochila, con la política como si fuera tango”.


Porque tal vez el ranking no mida con precisión lo más habitable de Buenos Aires: su vitalidad caótica, su hambre cultural, su lengua afilada, su humor ácido. La ciudad se cae y se levanta. Vive en loop. Carga con la inflación como si fuera una mochila, con la política como si fuera tango. Hay algo en el porteño que no se resigna. Y esa tozudez –esa negativa a rendirse– también habita la ciudad.

No hay que idealizar, claro. Buenos Aires tiene deudas graves: desigualdad urbana, inseguridad, falta de planificación, una economía tambaleante… y a Javier Milei. Tiene villas olvidadas a pocas cuadras de torres de lujo. Tiene barrios que no han salido del siglo XX y otros que ya ensayan el XXI con cafés veganos y coworkings silenciosos. Tiene una juventud empobrecida y creativa, precarizada y resistente. Tiene grieta, pero también puente.

Quizás eso es lo que premia el índice, aunque no lo diga con todas sus letras. La capacidad de reinventarse sin negar sus cicatrices. La convivencia entre decadencia y belleza. La ciudad como un organismo vivo, siempre a punto de estallar, pero también de florecer. Porque como dijo Astor Piazzolla: “Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste?”.

Por eso, desde Hoy24 saludamos este reconocimiento como un guiño al espíritu de una ciudad viva, contradictoria y luminosa, más que como un simple aplauso al mármol institucional. Buenos Aires insiste en ser habitada: con todo en contra, todavía quiere ser vivida. Y eso, en América Latina, ya es mucho decir.

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