El hijo del expresidente Jair Bolsonaro llega a la segunda vuelta con una ventaja de dos puntos en los últimos sondeos, insuficiente para romper el empate estadístico. Lula apela a la soberanía nacional y ambos candidatos movilizan a miles de seguidores antes de la votación de este domingo.
Brasil afronta este domingo 25 de octubre unas elecciones presidenciales de resultado incierto, después de que Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro cerraran la campaña con multitudinarias movilizaciones en Río de Janeiro, São Paulo y Belo Horizonte. Las últimas encuestas sitúan al senador conservador ligeramente por delante del presidente, aunque dentro del margen de error.
Los institutos Datafolha y Quaest difundieron el sábado resultados idénticos: un 51 % de los votos válidos para Flávio Bolsonaro y un 49 % para Lula. Ambas mediciones, con un margen de error de dos puntos porcentuales, reflejan un empate técnico que deja abierta la disputa por la presidencia.
El duelo llega tres semanas después de una primera vuelta en la que Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los sufragios, frente al 45,16 % del mandatario. Desde entonces, los dos candidatos han intensificado su presencia en las calles y las redes sociales para movilizar a sus seguidores.
Lula convierte Copacabana en una marea roja
El presidente brasileño, que cumplirá 81 años la próxima semana, recorrió el sábado la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, sobre una camioneta rodeada de miles de simpatizantes vestidos de rojo, el color del Partido de los Trabajadores (PT).
Entre banderas brasileñas y pancartas electorales, Lula centró su discurso en la defensa de la soberanía nacional y cuestionó la cercanía política de sus adversarios con el presidente estadounidense Donald Trump.
«El pueblo tiene que elegir entre alguien que besa la bandera nacional o alguien que besa la bandera estadounidense», declaró ante sus seguidores.
Lula presentó así la votación como una elección entre dos proyectos distintos de relación con Estados Unidos. Su campaña también ha insistido en los programas sociales y en la defensa de las políticas públicas impulsadas durante su mandato.
Tras su paso por Copacabana, el presidente se trasladó a São Paulo, donde participó en otra concentración multitudinaria en la avenida Paulista.
Flávio Bolsonaro moviliza a sus seguidores en Minas Gerais y Río
El candidato del Partido Liberal (PL), de 45 años, también dedicó la última jornada a exhibir su capacidad de movilización.
Por la mañana acompañó una marcha de motociclistas en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, hasta la Praça da Liberdade, donde lo aguardaban sus seguidores.
El estado es uno de los principales escenarios de la disputa electoral y ambos candidatos han dedicado especial atención a su electorado durante la campaña.
Bolsonaro continuó después hacia Río de Janeiro, donde encabezó una movilización en Barra da Tijuca. Sus simpatizantes lucían camisetas de la selección brasileña y ondeaban banderas nacionales, junto con algunas de Estados Unidos e Israel.
El senador agradeció el apoyo recibido y defendió sus principales propuestas: endurecimiento de las políticas de seguridad, reducción del gasto público y una orientación económica favorable al libre mercado.
Su candidatura representa la continuidad del proyecto político de su padre, Jair Bolsonaro, expresidente condenado por la justicia brasileña por su participación en un intento de ruptura del orden democrático tras las elecciones de 2022.
La polémica de los «nueve dedos» en el último debate
La campaña también estuvo marcada por un agrio intercambio durante el debate televisado del viernes en TV Globo.
Flávio Bolsonaro acusó a Lula de conceder ayudas sociales con una mano y retirarlas «con los nueve dedos», en una alusión a la pérdida de un dedo que sufrió el presidente cuando trabajaba como obrero metalúrgico.
Lula respondió indignado, reivindicó su trayectoria laboral y exigió una disculpa. El senador terminó disculpándose.
Aunque ambos candidatos dedicaron buena parte del último debate a cuestiones como la seguridad, los servicios públicos y la economía, el episodio volvió a poner de manifiesto la tensión personal que ha acompañado a la campaña.
Las redes sociales y Estados Unidos, otros frentes de disputa
La batalla electoral se ha extendido también al terreno digital.
La campaña de Lula acusó a Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, de perjudicar la difusión de sus contenidos y favorecer a su adversario. La empresa rechazó las acusaciones de interferencia electoral y atribuyó los problemas denunciados a fallos técnicos.
El Tribunal Superior Electoral ordenó garantizar un trato igualitario a las candidaturas mientras continuaba el examen de la controversia.
Al mismo tiempo, la relación con Washington ha adquirido protagonismo en los discursos de campaña. Lula insiste en preservar la autonomía de Brasil frente a cualquier presión exterior, mientras Flávio Bolsonaro defiende una mayor proximidad política con Estados Unidos.
Un resultado abierto hasta las urnas
La igualdad que reflejan las encuestas contrasta con el ambiente de seguridad exhibido por los dos candidatos en sus últimos actos.
Datafolha entrevistó a 4.050 electores entre el 23 y el 24 de octubre, mientras Quaest consultó a 3.702 personas durante esos mismos días. En ambos casos, la diferencia entre los aspirantes se mantiene dentro del margen de error.
El resultado dependerá del voto efectivo de los brasileños, incluida la participación de quienes se abstuvieron en la primera vuelta.
Brasil llega así a las urnas profundamente dividido entre la continuidad del Gobierno de Lula y el regreso del bolsonarismo al poder, esta vez de la mano del hijo del expresidente.
La respuesta llegará con el escrutinio de este domingo, después de una campaña caracterizada por las grandes movilizaciones, los enfrentamientos políticos y una disputa electoral extraordinariamente ajustada.