Diálogo de culturas y miradas cruzadas entre mundos lejanos (VII)

11 juillet 2025 - 10:35

Por pertenecer a países de la misma región y de idéntica tradición cultural e histórica, el proceso de integración de árabes en las sociedades latinoamericanas tuvo para todos las mismas características. Revistió mayores dificultades que para los europeos, especialmente de cultura latina, favorecidos por identidades religiosas, lingüísticas y étnicas. Antes de la década de los veinte del siglo pasado, fecha en la que se produce su despegue económico, los árabes vivían en una situación completamente marginal.

Ejercer el comercio ambulante, actividad poco apreciada tanto por las autoridades como por la sociedad,  no cuidar mucho su aspecto físico y vivir en condiciones infrahumanas, son algunos elementos que contribuyeron a forjar una imagen negativa de estas comunidades. A consecuencia de ello, el término “turco” que se había utilizado a comienzos de su inmigración para identificarlos, por arribar a suelo americano con pasaporte turco, toma una connotación peyorativa; se convierte en sinónimo de rechazo y exclusión. Es verdad que los que fueron objeto del desprecio al principio son  los mercaderes ambulantes, la clase más desamparada de la colonia árabe, pero esta connotación no tarda en generalizarse al resto de la comunidad, independientemente de su nivel cultural, económico, su categoría social o su creencia religiosa. Dicho desdén les llevó a aglutinarse en barrios propios, donde trataban de encontrar la seguridad y la identidad que las sociedades receptoras les negaban. De esta forma nació un nuevo tipo de guetos  llamados “Barrio de los Turcos”, especialmente en las grandes ciudades  como Sao Paulo, Río de Janeiro, Santiago de Chile o Buenos Aires. En ocasiones, las mismas tiendas eran utilizadas como viviendas, en otras, se alquilaban casas que carecían de lo elemental.

Las campañas de rechazo alimentadas por los medios de prensa, responsables administrativos y algunos intelectuales, oscilaban entre exigir su expulsión y sancionar nuevas leyes restrictivas que impedían su entrada al país. El  rechazo no tardó en afectar a los descendientes. Para algunos, el origen árabe  se convirtió en una carga, ya que la sociedad los consideraba como miembros de una comunidad inferior. Con el fin de  evitar tal prejuicio, optaron por  limitar sus contactos con los componentes de su colectividad.

Todas estas circunstancias contribuyeron a que los inmigrantes árabes y sus descendientes perdieran conciencia de su pasado histórico, y de su pertenencia a una civilización milenaria. Aceptaron la falsa realidad impuesta por la sociedad, la de formar parte de una cultura  inferior. La prensa y la producción literaria de los intelectuales miembros de la comunidad árabe no pudieron cambiar dicha realidad, ya que nunca llegaron a la sociedad, y ello por utilizar el árabe y no la lengua del país de inmigración.

 

Compartir el artículo