Burnham abre la puerta al regreso del Reino Unido a la UE

16 octobre 2026 - 07:13

 El primer ministro británico rompe con las líneas rojas de Keir Starmer y no descarta volver a la Unión Europea diez años después del referéndum. Bruselas responde con cautela, los expertos reclaman aclarar el precio de la vuelta y una encuesta revela que la mayoría prefiere un acercamiento sin adhesión plena. Mientras, Nigel Farage ya utiliza el anuncio como arranque de su campaña electoral.

Diez años después del referéndum, el primer ministro británico, Andy Burnham, ha reabierto el debate que laboristas y conservadores se habían empeñado en enterrar. En su intervención en el congreso del Partido Laborista en Liverpool, la semana pasada, no descartó que el Reino Unido vuelva a la Unión Europea (UE). Lo planteó como parte del programa de reformas que presentará a finales de noviembre, con planes sobre vivienda, energía, pensiones, dependencia y descentralización. A su juicio, el país no puede decidir cómo recuperarse sin definir con honestidad su relación con el continente, que sigue siendo su principal socio comercial.

Burnham prometió exponer ante el país «las diferentes opciones» de la relación a largo plazo con los socios europeos. Lo hará coincidiendo con la próxima cumbre bilateral, prevista para el 20 de noviembre según fuentes. Horas después precisó que el abanico va desde mantener el statu quo hasta convocar un nuevo referéndum. Los delegados recibieron el anuncio con entusiasmo y la lectura general fue que su apuesta real es la segunda opción. Es el giro más ambicioso de un líder laborista desde la salida británica.

Las líneas rojas de Starmer

Burnham llegó a Downing Street a mediados de julio, en sustitución de Keir Starmer. Su equipo y Bruselas acordaron entonces aplazar sin fecha la reunión bilateral prevista para ese mes. En ella debían avanzar en controles fitosanitarios, cooperación energética, movilidad juvenil y defensa. Eran objetivos modestos, condicionados por las líneas rojas que Starmer fijó en el programa electoral para alejar al laborismo de un debate que le costó votos en 2019. Nada de volver al Mercado Interior ni a la unión aduanera, y nada de libre circulación de personas.

El nuevo primer ministro está obligado a respetar ese programa, pero ya prepara el suyo para los próximos comicios. Y considera que ha llegado el momento de superar aquellos límites. El primero en mover ficha fue Tony Blair. Días antes del congreso, el Tony Blair Institute publicó un documento que defendía el reingreso en un plazo de diez años. Burnham descartó la propuesta, lastrada, como otras anteriores, por el cherry picking, la tentación de quedarse con las ventajas europeas y esquivar las obligaciones.

Bruselas pide la letra pequeña

La reacción europea ha sido doble. Dirigentes como el presidente francés, Emmanuel Macron, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, celebraron el anuncio. «Welcome back», resumió Macron. Los altos funcionarios comunitarios, en cambio, prefieren la cautela. La portavoz de la Comisión Europea, Paula Pinho, recordó que «el diablo está en los detalles», y la Comisión se concentra en el contenido técnico de la próxima cumbre. Bruselas no parece dispuesta a abrir otra negociación compleja ni a devolver a Londres ventajas a las que renunció al marcharse.

Los expertos advierten de que el problema de fondo sigue intacto. Anand Menon, director de UK in a Changing Europe, recuerda que en el referéndum hubo «más chispas que claridad» y reclama aclarar desde el principio el precio del regreso. Jill Rutter, exdirectora del Institute for Government, sostiene que las fórmulas intermedias arrastran las mismas dificultades. Sin una solicitud formal de reingreso, todo puede desembocar en algo parecido a la situación actual. La diferencia sería una mayor cooperación en defensa y seguridad y la participación en iniciativas como el Made in Europe.

La opinión pública añade complejidad. Según la última encuesta de YouGov, un 59% de los británicos respalda volver a la UE. Pero un 73% prefiere una relación más estrecha con Bruselas sin las condiciones de socio pleno, como la integración en el Mercado Interior o en la unión aduanera. La mayoría quiere acercarse a Europa sin asumir el coste de la adhesión. Es justo la ambigüedad que Menon considera más peligrosa, porque repite la falta de claridad que marcó la campaña de hace una década.

Farage capitaliza el debate

La oposición ha reaccionado según su propia historia. El Partido Conservador, que impulsó el referéndum y sufrió después el castigo electoral por sus consecuencias, se ha limitado a rechazar la iniciativa. Su líder, Kemi Badenoch, calificó de «idea terrible» reabrir el debate, sin ofrecer una alternativa propia sobre la relación con Europa. Los conservadores evitan así discutir el legado de una decisión que ellos mismos promovieron y que hoy sigue condicionando la economía y la política británicas.

Nigel Farage, el dirigente ultraderechista que construyó su carrera sobre el Brexit, ha celebrado la propuesta como un impulso a su proyecto político. En Doncaster presentó el anuncio como el inicio de su campaña electoral y se permitió la ironía. «Si me estás escuchando, gracias, Andy», dijo dirigiéndose al primer ministro. Su reacción confirma que la ultraderecha británica sigue viendo en Europa su terreno de movilización más rentable. Burnham tiene hasta noviembre para convertir una intuición en una propuesta concreta. Si no define con precisión el coste de la vuelta, corre el riesgo de dejar otra vez el relato en manos de Farage.

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