Las movilizaciones estudiantiles se intensifican antes de la gran jornada de protestas convocada para el sábado. Los jóvenes reclaman inversiones en los institutos, mejores condiciones de enseñanza y el fin de la selección universitaria mediante Parcoursup.
París, 14 de octubre de 2026. Decenas de miles de estudiantes de secundaria y universitarios volvieron a manifestarse el martes en numerosas ciudades francesas para denunciar el deterioro de las condiciones educativas y reclamar mayores inversiones públicas. La movilización constituye una nueva etapa de un movimiento iniciado el 17 de septiembre y precede a las grandes protestas nacionales previstas para el sábado contra el elevado coste de vida.
La participación reflejó la amplitud de una contestación que trasciende los centros educativos. Según el Ministerio del Interior, unas 161.500 personas participaron en las manifestaciones, mientras que la coalición sindical juvenil convocante elevó la cifra a 480.000. La importante diferencia entre ambos balances ilustra la disputa habitual sobre el alcance de las movilizaciones sociales en Francia.
En París, una de las marchas contó con la presencia de dirigentes de La Francia Insumisa, entre ellos Jean-Luc Mélenchon, así como de representantes sindicales, profesores y padres de alumnos. Aunque buena parte de las concentraciones transcurrió pacíficamente, se registraron enfrentamientos puntuales con las fuerzas de seguridad, que utilizaron gases lacrimógenos y cañones de agua.
Institutos deteriorados y profesores ausentes
El malestar estudiantil se concentra en problemas que afectan directamente a la vida cotidiana de los alumnos. Los manifestantes denuncian la falta de docentes, el deterioro de numerosos edificios escolares y las desigualdades de acceso a la enseñanza superior.
Entre sus principales reivindicaciones figuran un plan de inversión de 10.000 millones de euros para los institutos, la rehabilitación de las infraestructuras educativas y la supresión del sistema de selección asociado a Parcoursup, la plataforma francesa de orientación y admisión universitaria.
Los testimonios recogidos durante las protestas describen situaciones preocupantes. Lise, alumna de último curso de secundaria, explicó que se prepara para los exámenes de bachillerato sin disponer todavía de profesores de inglés ni de física y química. En Caen, otra estudiante denunció filtraciones de agua y desprendimientos de materiales del techo en su instituto.
Estas quejas reflejan una preocupación que va más allá de las condiciones materiales de los centros. Para los manifestantes, la falta de recursos amenaza la igualdad de oportunidades y compromete el futuro de una generación que percibe crecientes dificultades para acceder a una formación de calidad.
Greta Thunberg se suma a las protestas
La activista sueca Greta Thunberg acudió el martes por la mañana al instituto Paul-Éluard de Saint-Denis, en la periferia de París, para expresar su apoyo a los estudiantes movilizados. El establecimiento se ha convertido en uno de los principales focos del movimiento.
Su presencia dio mayor visibilidad internacional a unas protestas que combinan reivindicaciones educativas con un descontento social más amplio. En las manifestaciones pudieron verse pancartas que defendían la educación pública como un elemento esencial para el futuro del país.
Los jóvenes también cuestionan las perspectivas económicas que les esperan al terminar sus estudios, en un contexto de encarecimiento de la vivienda, la alimentación y otros gastos cotidianos.
Una protesta que converge con el malestar social
Las movilizaciones estudiantiles coinciden con una creciente contestación al coste de vida, que tendrá una nueva expresión el sábado mediante manifestaciones convocadas en todo el territorio francés.
La secretaria general de la Confederación General del Trabajo (CGT), Sophie Binet, participó en la marcha de París y advirtió de que las protestas continuarán mientras no se ofrezcan respuestas concretas a las reivindicaciones.
El calendario añade un elemento de incertidumbre. Las vacaciones escolares de Todos los Santos comienzan este sábado y se prolongarán durante dos semanas, lo que podría modificar el ritmo de las movilizaciones. Sin embargo, algunos estudiantes aseguran estar dispuestos a mantener los bloqueos y reanudar las protestas después del descanso.
La educación entra en el debate político
La contestación se desarrolla en un momento de creciente sensibilidad política, a pocos meses de las elecciones presidenciales francesas. La situación de los servicios públicos, el poder adquisitivo y las perspectivas de la juventud se perfilan como cuestiones centrales del debate nacional.
Aunque las reivindicaciones estudiantiles tienen un contenido educativo específico, su convergencia con las protestas contra el coste de vida amplía el alcance del movimiento y aumenta la presión sobre las autoridades.
La jornada del sábado permitirá medir si esta dinámica logra consolidarse como una movilización social más amplia o si permanece principalmente vinculada al ámbito estudiantil. Por ahora, el mensaje de los manifestantes es claro: reclaman una educación pública mejor financiada y condiciones de vida que no comprometan su futuro.