El encarecimiento de los combustibles y las interrupciones del suministro golpean el consumo global. La recuperación prevista para 2027 será insuficiente para regresar a los niveles anteriores a la crisis.
La crisis energética provocada por la guerra con Irán continúa alterando profundamente el mercado internacional del petróleo. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que la demanda mundial retroceda una media de 2,6 millones de barriles diarios en 2026, hasta situarse en 102,4 millones, como consecuencia de la escasez de combustibles, la escalada de los precios y el debilitamiento de las perspectivas económicas.
Según el informe mensual publicado este miércoles por el organismo con sede en París, el consumo caerá en 2,5 millones de barriles diarios durante el último trimestre del año, en comparación con el mismo periodo de 2025. El diésel concentrará una cuarta parte de la contracción, reflejo de las dificultades que atraviesan el transporte, la industria y otras actividades especialmente dependientes de este combustible.
Para 2027, la AIE anticipa una recuperación parcial de dos millones de barriles diarios. Sin embargo, el consumo mundial seguirá siendo inferior en 620.000 barriles diarios al registrado en 2025, lo que evidencia la persistencia de las consecuencias económicas del conflicto.
La producción se recupera, pero persiste la incertidumbre
La oferta mundial aumentó en septiembre en 2,5 millones de barriles diarios respecto a agosto, hasta alcanzar los 102,3 millones, impulsada principalmente por los productores del golfo Pérsico. Arabia Saudí encabezó el incremento de producción dentro de la OPEP+, mientras que Emiratos Árabes Unidos destacó entre los productores ajenos a la alianza.
Pese a esta mejora, la AIE calcula que la oferta mundial disminuirá una media de 5,8 millones de barriles diarios durante 2026, hasta los 100,7 millones. Para el próximo año prevé un repunte de 7,7 millones de barriles diarios, aunque advierte de que los nuevos ataques contra infraestructuras energéticas y las persistentes tensiones regionales amenazan con frustrar la recuperación.
La situación también afecta a las refinerías. Su actividad mundial descenderá hasta los 81,3 millones de barriles diarios en octubre, antes de recuperarse hasta los 84,6 millones al finalizar el año. Los elevados costes del crudo y del transporte marítimo están reduciendo los márgenes de las instalaciones europeas y asiáticas, mientras que las estadounidenses se benefician del acceso a materias primas más baratas.
El diésel, principal foco de preocupación
El mercado del gasóleo presenta una situación especialmente delicada. Las interrupciones prolongadas del suministro han obligado a recurrir anticipadamente a las reservas, precisamente cuando se aproxima el periodo de mayor consumo invernal y numerosas refinerías afrontan sus habituales operaciones de mantenimiento.
En septiembre, las exportaciones mundiales de diésel fueron 700.000 barriles diarios inferiores a las de un año antes. La reducción conjunta de 1,3 millones de barriles diarios procedentes de Rusia y Oriente Medio solo pudo compensarse parcialmente con suministros de otros mercados.
La presión sobre este combustible tiene consecuencias que van más allá del sector energético. Su encarecimiento incrementa los costes del transporte de mercancías y de numerosas actividades productivas, alimentando la inflación y reduciendo el poder adquisitivo de los consumidores.
Reservas a la baja y petróleo por encima de los 130 dólares
Las existencias mundiales observadas de petróleo disminuyeron en diez millones de barriles durante septiembre. Desde finales de febrero, la reducción acumulada alcanza los 509 millones de barriles, una señal del progresivo agotamiento de los mecanismos de protección frente a las interrupciones del suministro.
El precio del crudo de referencia Dated Brent aumentó 26,17 dólares por barril en septiembre, hasta una media de 116,89 dólares. La ofensiva del 11 de septiembre contra el oleoducto saudí East-West, el encarecimiento del transporte marítimo y las compras anticipadas de las refinerías asiáticas contribuyeron a intensificar la subida. En el momento de elaboración del informe, el barril cotizaba alrededor de los 134 dólares.
El diagnóstico de la AIE apunta así a una paradoja preocupante: la demanda disminuye, pero no porque el mercado haya encontrado un nuevo equilibrio, sino porque la escasez y los precios elevados están frenando el consumo. Mientras persistan las hostilidades en Oriente Medio, la recuperación petrolera seguirá expuesta a nuevos sobresaltos.