La institución financiera revisa al alza tanto el crecimiento como los precios. La economía avanzará un 2,6% en 2026 y un 2,2% en 2027, mientras la inflación se mantendrá cerca del 4% por la crisis energética derivada de la guerra de Irán y el encarecimiento de los servicios. El diferencial con la eurozona alcanza ya 1,2 puntos y la retirada del escudo anticrisis amenaza con prolongar la presión sobre los hogares.
El Banco de España ha revisado al alza sus proyecciones macroeconómicas en las dos direcciones que marcan la coyuntura. La actividad resiste mejor de lo previsto y el Producto Interior Bruto (PIB) crecerá un 2,6% en 2026 y un 2,2% en 2027, tres y cinco décimas más que en las estimaciones de junio. La primera cifra coincide con la del Gobierno. Pero la buena noticia llega acompañada de otra mucho menos favorable, porque la inflación media cerrará 2026 en el 3,9%, tres décimas por encima de lo esperado y más de un punto sobre el 2,7% del año anterior.
La advertencia más seria mira a 2027. Lejos de disiparse, la presión sobre los precios apenas cederá dos décimas y dejará la inflación en el 3,7%, 1,1 puntos más de lo proyectado hasta ahora. El organismo contempla además un escenario adverso en el que la tasa de 2026 podría escalar hasta el 4,1% si se recrudecen las tensiones geopolíticas. La inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos frescos por ser los componentes más volátiles, seguirá la misma senda, con un 3,4% en 2026 y un 3,5% en 2027.
Energía y servicios, detrás del diferencial
El encarecimiento de la cesta de la compra procede casi por completo de los mercados energéticos. El conflicto en Oriente Próximo y el cierre del estrecho de Ormuz han disparado el precio del petróleo y del gas natural, y ese impacto se ha trasladado a la electricidad. A ello se suma el aumento de los márgenes de refino, que golpea con especial dureza al gasóleo. La factura energética eleva los costes de producción y acaba filtrándose al conjunto de la economía, como refleja la escalada de la subyacente.
España sufre además una subida de precios superior a la europea. Entre julio de 2025 y septiembre de 2026, el diferencial con la Unión Económica y Monetaria (UEM) promedió 0,9 puntos en la inflación general y 0,8 en la subyacente. Desde el estallido de la guerra, la brecha se ha ensanchado hasta 1,2 puntos en septiembre, frente a los 0,5 de abril. Junto a la mayor aceleración energética pesa la resistencia de los servicios, porque turismo, hostelería y ocio siguen creciendo a tasas superiores al 4% anual y tienen más peso en la cesta española.
Un escudo eficaz con fecha de caducidad
Los tres paquetes aprobados por el Gobierno para contener la escalada tienen eficacia, según el organismo, aunque no salen gratis. El Banco de España calcula que su coste conjunto equivaldrá al 0,52% del PIB hasta final de año, una cifra que sitúa a España entre los países que más han destinado a ayudas anticrisis. Más de la mitad corresponde al primer paquete, vigente de marzo a junio, y el resto se reparte entre los aprobados en junio y septiembre. Las rebajas a los productos energéticos absorben el 65% del gasto.
El esfuerzo fiscal no ha impedido la reducción del endeudamiento. Las proyecciones prevén que la deuda de las administraciones públicas baje del 100,5% del PIB en 2025 al 98,5% en 2026 y al 96,2% en 2027. El problema aparece al mirar el calendario. Buena parte de la inflación prevista para 2027 obedece al fin del escudo, con la retirada de las rebajas del IVA en la electricidad, de los descuentos a los carburantes y de las rebajas de impuestos especiales, además de la caducidad de las ayudas al transporte público.
El consumo sostiene la actividad
Mientras los precios aprietan, el crecimiento descansa sobre una demanda interna vigorosa. El consumo de las familias sigue siendo el principal motor, junto a la creación de empleo, el aumento de la población impulsado por los flujos migratorios y el buen comportamiento del sector exterior. La tasa de ahorro, en el 11%, se mantiene muy por encima de su promedio histórico y el endeudamiento de los hogares está contenido. Según el informe, esa combinación ofrece «margen para que los hogares amortigüen el impacto del shock inflacionista».
El mercado laboral acompaña. La tasa de paro bajará del 10,5% de 2025 al 10% en 2026 y al 9,7% en 2027, mientras España multiplica por más de dos el crecimiento del conjunto de Europa en los últimos años. Ese mismo dinamismo forma parte, sin embargo, de la ecuación inflacionista. Una demanda fuerte permite a los servicios mantener subidas elevadas, y el organismo condiciona la contención de los precios a dos factores: que se relaje la crisis energética y que la demanda interna se modere.
El diagnóstico dibuja una economía que resiste los golpes externos mejor que sus socios, pero que traslada una parte del coste a los hogares a través de los precios. El ahorro acumulado amortigua hoy ese impacto. El horizonte de 2027, con el escudo retirado y la energía todavía cara, convierte la protección del poder adquisitivo en la cuestión central. La prioridad ya no es tanto sostener un crecimiento que avanza con fuerza propia como impedir que la inflación erosione lo que ese crecimiento debería repartir.