El PAM gobernará con Istiqlal, la Unión Socialista y el Partido del Progreso y el Socialismo. La coalición reúne 207 diputados, supera por nueve escaños la mayoría absoluta y recupera, bajo un liderazgo diferente, a los tres integrantes históricos de la Kutla Democrática.
Marruecos ha despejado la primera gran incógnita de su nuevo ciclo político. Fatima Zahra Mansouri, designada por Mohamed VI para formar gobierno tras las elecciones legislativas del 23 de septiembre, ha alcanzado este lunes un acuerdo con tres formaciones para constituir una mayoría parlamentaria encabezada por el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM). Sus socios serán Istiqlal, la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) y el Partido del Progreso y el Socialismo (PPS).
El acuerdo, anunciado después de dos rondas de negociaciones, pone fin a las especulaciones sobre la arquitectura de la próxima coalición y permite a Mansouri afrontar la formación de su Ejecutivo con una base parlamentaria de 207 diputados, sobre un total de 395. La mayoría absoluta se sitúa en 198 escaños, por lo que el nuevo bloque dispondrá de un margen relativamente estrecho, aunque suficiente para respaldar la acción gubernamental si mantiene la disciplina de sus componentes.
El regreso de la Kutla, esta vez de la mano del PAM
La singularidad de la coalición no reside únicamente en sus cifras. Istiqlal, USFP y PPS formaron parte de la histórica Kutla Democrática, una alianza que desempeñó un papel destacado en la vida política marroquí durante las últimas décadas del siglo XX y que estuvo vinculada al proceso de alternancia gubernamental de 1998.
Ahora, esas tres formaciones vuelven a encontrarse en un mismo proyecto gubernamental, pero bajo el liderazgo del PAM, una fuerza de trayectoria mucho más reciente y de origen político diferente. La fórmula revela hasta qué punto se han transformado las alianzas y las fronteras tradicionales entre las familias partidistas marroquíes.
El PAM llega a esta negociación como primera fuerza de la Cámara, con 97 escaños. Istiqlal aporta 65, mientras que la USFP dispone de 26 y el PPS de 19. La suma proporciona a Mansouri una mayoría operativa, aunque no tan amplia como para permitirle prescindir de acuerdos internos permanentes.
Del pacto político al reparto de responsabilidades
El comunicado que anuncia la nueva mayoría presenta el entendimiento como resultado de una voluntad compartida de responder a las expectativas ciudadanas, fortalecer la gobernanza y avanzar en justicia social, equilibrio territorial y capacidad productiva de la economía.
Sin embargo, el acuerdo entre partidos es solo el comienzo. Quedan por concretar la distribución de las carteras ministeriales, los nombres de los futuros responsables del Ejecutivo y la versión definitiva del programa gubernamental. Las formaciones se han comprometido a proponer candidatos atendiendo a criterios de competencia, integridad y responsabilidad política.
El reto consistirá en traducir esas declaraciones de principios en prioridades verificables, particularmente en empleo, poder adquisitivo, educación, sanidad y desigualdades territoriales. Son asuntos que atraviesan la vida cotidiana de los ciudadanos y que exigirán algo más que una mayoría aritmética.
Una coalición que cambia el mapa de las alianzas
La entrada conjunta de los partidos históricos de la Kutla en un Ejecutivo encabezado por el PAM modifica los equilibrios del Parlamento y abre interrogantes sobre el espacio que ocupará la oposición durante la nueva legislatura.
Para Mansouri, la fórmula ofrece la posibilidad de combinar el peso electoral de su partido con la experiencia institucional de formaciones que han participado en distintas etapas del gobierno marroquí. Para sus socios, supone la oportunidad de influir en la orientación de las políticas públicas, aunque también los obliga a asumir colectivamente los resultados de la gestión.
La futura jefa del Ejecutivo ha superado así su primera prueba negociadora. La siguiente será más exigente: transformar una alianza de partidos con identidades distintas en un gobierno capaz de actuar con coherencia y responder a las demandas sociales que marcaron el debate electoral.
El acuerdo del 12 de octubre define quiénes están dispuestos a gobernar juntos. Todavía falta conocer cómo piensan hacerlo.