El líder de Vox se ausenta por segundo año de la tribuna del desfile y de la recepción en el Palacio Real para reivindicar en Ceuta la «soberanía e integridad territorial» junto al presidente de Agrupación Nacional. La visita prolonga la explotación política de la crisis migratoria del verano, se adelanta a la gira de Felipe VI y escenifica la sintonía de la ultraderecha europea.
El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha vuelto a dejar vacío su asiento en la tribuna de autoridades del desfile de la Fiesta Nacional, situada junto a la de los Reyes. Tampoco ha acudido a la recepción posterior en el Palacio Real. Por segundo año consecutivo, Abascal ha preferido marcar distancias con un acto que comparte espacio con el Gobierno. Esta vez ha viajado a Ceuta con Jordan Bardella, presidente de la Agrupación Nacional francesa y del grupo Patriotas por Europa en el Parlamento Europeo.
El propio Abascal anunció en la red social X que volverían a reivindicar «nuestra soberanía e integridad territorial junto a nuestros aliados franceses». Acompañó el mensaje con un vídeo en el que ambos caminan por el aeropuerto de Tánger. Su agenda incluía un recorrido por la ciudad y una ofrenda floral organizada por Vox Ceuta en homenaje a quienes dieron su vida por España. El año pasado, Abascal siguió el desfile desde la calle para no «blanquear» a un Gobierno al que calificó de «corrupto y peligroso».
Ceuta, eje de la precampaña de Vox
La visita prolonga una estrategia iniciada el 2 de agosto, cuando Abascal se desplazó a Ceuta inmediatamente después de la entrada masiva de migrantes procedentes de Marruecos. Entonces habló de «invasión» y reclamó militarizar de forma permanente la frontera y cerrarla. Desde ese momento, según fuentes de Europa Press, el líder de Vox ha convertido la ciudad en el centro de su discurso y ha relegado a un segundo plano la vivienda, que hasta entonces dominaba la precampaña.
Vox no estuvo solo en aquel desembarco. Agitadores ultraderechistas como Vito Quiles y Alvise Pérez también viajaron a la ciudad. El delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez, los acusó de aprovechar las dificultades de la población para sembrar odio, división y miedo. La relación de Abascal con la sociedad ceutí arrastra además un antecedente difícil, porque en 2021 la Asamblea de Ceuta lo declaró persona non grata por sus declaraciones durante la anterior crisis fronteriza.
El Rey, dentro del relato de Vox
Abascal también ha querido apropiarse de la gira de Felipe VI, que visitará Ceuta el 13 de octubre y Melilla al día siguiente. El líder de Vox afirmó que le habría gustado que el Rey hubiera ido antes, aunque celebró el viaje con un «más vale tarde que nunca». La frase lleva implícito un reproche a la Corona y presenta a Vox como el actor que marcó el camino, por delante de las instituciones del Estado.
La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, respaldó el viaje de Abascal, que calificó de «gran gesto», y añadió que ser español en algunas zonas del país «cada vez se complica más». El contraste con la vía institucional fue visible en Madrid. Mientras Vox llevaba a Ceuta una escenografía de partido, la recepción del Palacio Real incorporaba por primera vez a una amplia representación de la sociedad ceutí y melillense, con comunidades religiosas diversas incluidas.
La internacional de Patriotas
La presencia de Bardella aporta una dimensión europea a la jornada. La alianza continuará el 13 de octubre, cuando Abascal presente al dirigente francés en un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum en Madrid. Vox y Agrupación Nacional comparten grupo en la Eurocámara y una misma agenda centrada en las fronteras y en la inmigración, que convierte la frontera ceutí en escaparate de un discurso continental.
La escenificación tiene también una lectura en la relación con Marruecos. Vox exige desde hace años que Rabat reconozca de forma explícita la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, y traslada la crisis migratoria al terreno del choque entre Estados. Ese marco simplifica la realidad de una ciudad plural, vinculada humana y económicamente a su entorno. La consigna «Ceuta no se vende», coreada horas después por los grupos que rodearon la acampada de la Puerta del Sol, muestra hasta dónde ha llegado ese relato.