La presencia del excanciller alemán en la celebración del 74.º cumpleaños de Vladímir Putin ha provocado una nueva rebelión dentro del Partido Socialdemócrata. Varios dirigentes reclaman su expulsión, mientras sus recientes vínculos empresariales con Rusia agravan una controversia que acompaña al antiguo jefe del Gobierno desde la invasión de Ucrania.
La amistad entre Gerhard Schröder y Vladímir Putin vuelve a convertirse en un problema político para la socialdemocracia alemana. La asistencia del excanciller a la celebración del cumpleaños del presidente ruso, el pasado 7 de octubre, ha desencadenado una nueva ofensiva dentro del Partido Socialdemócrata (SPD), cuyos dirigentes regionales reclaman la apertura de un procedimiento disciplinario para expulsarlo de la formación.
La organización socialdemócrata del Alto Palatinado, en Baviera, aprobó por unanimidad una resolución solicitando a la dirección nacional que inicie un nuevo expediente. La iniciativa cuenta también con el respaldo de responsables del SPD en Baden-Württemberg y Baviera, que consideran incompatible la conducta del antiguo canciller con los principios del partido.
Una fotografía que desata la polémica
El Kremlin difundió imágenes de Schröder y Putin sonrientes, estrechándose la mano durante un encuentro privado en la residencia del mandatario ruso. Según Moscú, el excanciller se encontraba en Rusia por motivos empresariales cuando Putin supo de su presencia y decidió invitarlo a celebrar su cumpleaños.
Las fotografías han provocado una reacción especialmente dura en Alemania, donde el Gobierno del canciller Friedrich Merz mantiene su apoyo a Ucrania frente a la invasión rusa.
Robin Mesarosch, copresidente del SPD en Baden-Württemberg, calificó la conducta de Schröder de vergonzosa para Alemania. Por su parte, la diputada Carolin Wagner, dirigente socialdemócrata del Alto Palatinado, denunció que el antiguo canciller exhiba públicamente su cercanía a Putin mientras la guerra continúa causando víctimas y destrucción.
Una amistad con intereses empresariales
La polémica no se limita al encuentro de cumpleaños. Schröder, de 82 años, acaba de incorporarse al consejo de supervisión de Hyperglobus, empresa que gestiona una cadena de supermercados en Rusia. Su nombramiento se suma a una trayectoria de relaciones empresariales con compañías rusas, entre ellas Nord Stream y Rosneft.
Canciller de Alemania entre 1998 y 2005, Schröder cultivó durante su mandato una estrecha relación con Putin, que mantuvo después de abandonar el poder. Aunque ha calificado la invasión de Ucrania de error, nunca ha roto sus vínculos personales con el presidente ruso.
Para sus críticos, esta continuidad plantea un problema de credibilidad política. Sus defensores o quienes cuestionan la viabilidad de una expulsión recuerdan, sin embargo, que la discrepancia con la línea oficial del partido no basta necesariamente para justificar una sanción de semejante gravedad.
Un precedente que complica la expulsión
El SPD ya intentó expulsar a Schröder por sus relaciones con Rusia, pero el procedimiento fracasó en 2023. La nueva iniciativa deberá superar obstáculos jurídicos similares.
Sebastian Roloff, codirigente del SPD bávaro, ha reconocido las dificultades, aunque considera que debe intentarse si existe alguna posibilidad de éxito. Otros responsables socialdemócratas, como Jochen Ott, se muestran escépticos ante las perspectivas de un nuevo expediente.
El caso vuelve a colocar al SPD ante una cuestión delicada: cómo conciliar la libertad de actuación de uno de sus antiguos cancilleres con la defensa de sus principios políticos y su compromiso con Ucrania.
Por ahora, Schröder conserva su afiliación. Lo que está en juego no es únicamente su permanencia en el partido, sino también la manera en que la socialdemocracia alemana gestiona el legado político de un dirigente cuya cercanía al Kremlin continúa dividiendo a sus propios compañeros.