La coalición asegura haber destruido 136 objetivos militares en Yemen y refuerza su apoyo aéreo a las tropas gubernamentales. La escalada amenaza con ampliar el conflicto regional y agrava los riesgos para la navegación en el mar Rojo.
La coalición militar liderada por Arabia Saudí anunció este sábado 10 de octubre una operación a gran escala contra los rebeldes hutíes de Yemen, en respuesta a la intensificación de los ataques con misiles y drones contra infraestructuras estratégicas saudíes. La ofensiva busca debilitar la capacidad militar de los insurgentes, respaldados por Irán, y apoyar el avance de las fuerzas del Gobierno yemení internacionalmente reconocido, en un momento de creciente inestabilidad regional.
El anuncio se produce después del ataque contra el aeropuerto internacional de Riad, que dejó al menos tres muertos y provocó daños en una aeronave de Saudi Arabian Airlines y en varias instalaciones aeroportuarias. El episodio, reivindicado por los hutíes, ha acelerado la respuesta militar saudí y ha elevado la preocupación por la seguridad de las infraestructuras civiles y energéticas del reino.
La coalición afirma haber destruido 136 objetivos hutíes
El portavoz de la coalición, Turki al Maliki, anunció el inicio de una operación de gran envergadura dirigida contra las unidades combatientes y las capacidades militares de los hutíes. Según explicó, la aviación saudí mantiene un apoyo permanente a las tropas gubernamentales yemeníes que participan en las operaciones terrestres para recuperar los territorios controlados por los insurgentes.
Al Maliki aseguró que los bombardeos habían destruido 136 objetivos militares en áreas bajo control hutí, incluidas supuestas instalaciones de almacenamiento de misiles, plataformas de lanzamiento y posiciones utilizadas para operaciones con drones. El portavoz difundió imágenes de los ataques, aunque no precisó la localización de todos los objetivos ni ofreció un balance completo de víctimas.
Estas cifras proceden exclusivamente de la coalición y no han podido ser verificadas de manera independiente. Por su parte, medios vinculados a los hutíes denunciaron bombardeos contra Saná y otras zonas del país, incluidos ataques que habrían causado víctimas civiles.
La campaña constituye una intensificación de la ofensiva iniciada a comienzos de octubre y no el comienzo de un nuevo conflicto. Arabia Saudí interviene militarmente en Yemen desde 2015, en apoyo al Gobierno reconocido internacionalmente, después de que los hutíes tomaran el control de Saná y amplias regiones del país.
Bab el Mandeb, un objetivo estratégico
Uno de los principales escenarios de la ofensiva es la costa occidental de Yemen, especialmente los territorios próximos al estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye una vía fundamental para el comercio internacional.
Las fuerzas gubernamentales yemeníes, respaldadas por la coalición, iniciaron el 5 de octubre una nueva fase de operaciones bajo la denominación «Amanecer de Yemen». Según sus comunicados, recuperaron posiciones en la zona de Dhubab y el puerto de Moca, avances que los insurgentes han cuestionado parcialmente.
El control de este corredor marítimo tiene una importancia que trasciende el conflicto yemení. Su seguridad condiciona el tránsito de mercancías entre Asia y Europa a través del canal de Suez, además de influir sobre las rutas de transporte de hidrocarburos. Las amenazas contra los buques comerciales podrían obligar a nuevas desviaciones por el cabo de Buena Esperanza, con el consiguiente incremento de los costes logísticos y de los tiempos de navegación.
Pakistán y Turquía refuerzan la dimensión regional del conflicto
La escalada coincide con la activación del pacto de defensa suscrito en agosto por Arabia Saudí, Turquía y Pakistán. Los tres países acordaron el pasado 5 de octubre poner en marcha mecanismos de asistencia mutua ante los ataques dirigidos contra territorio saudí.
Fuentes de seguridad paquistaníes confirmaron el envío de efectivos militares al reino, aunque sin precisar todos los detalles operativos de su despliegue. Turquía, por su parte, ha manifestado su disposición a contribuir a la defensa saudí, pero ha descartado participar directamente con tropas de combate en la ofensiva dentro de Yemen.
La incorporación de estos mecanismos de cooperación defensiva representa una evolución relevante en el equilibrio regional, aunque no implica necesariamente que los tres países intervengan de igual manera en las operaciones militares contra los hutíes.
La situación se desarrolla, además, en un contexto de enfrentamiento más amplio que involucra a Irán y afecta a la seguridad del golfo Pérsico, el mar Rojo y las principales rutas de suministro energético.
Los civiles yemeníes, atrapados en una nueva escalada
Mientras los comunicados militares se concentran en los objetivos destruidos y las posiciones recuperadas, la población civil yemení vuelve a afrontar las consecuencias de los bombardeos y de los combates terrestres.
Las explosiones registradas en Saná y otras zonas bajo control hutí han provocado víctimas y daños materiales, según informaciones procedentes de fuentes locales. La reanudación de operaciones militares de gran intensidad amenaza con agravar una crisis humanitaria prolongada, caracterizada por los desplazamientos de población, la precariedad sanitaria y las dificultades de acceso a alimentos y servicios esenciales.
Las organizaciones humanitarias alertan desde hace años de la vulnerabilidad de millones de yemeníes, cuya situación podría deteriorarse todavía más si los enfrentamientos interrumpen las principales vías de abastecimiento y dificultan el acceso de la ayuda internacional.
Una escalada con consecuencias más allá de Yemen
La ofensiva saudí plantea interrogantes sobre el alcance de la respuesta militar y las posibilidades de evitar una extensión del conflicto. Riad pretende neutralizar las capacidades de ataque hutíes y proteger sus instalaciones estratégicas, mientras los insurgentes mantienen su capacidad de lanzar misiles y drones contra objetivos saudíes.
El deterioro de la seguridad aérea y marítima añade una dimensión económica a la crisis. Los ataques contra aeropuertos e instalaciones energéticas, unidos a la inestabilidad en Bab el Mandeb, pueden afectar a los intercambios comerciales y alimentar las tensiones en los mercados internacionales.
La operación anunciada por Arabia Saudí marca así una nueva fase de intensificación militar en Yemen, cuyo desenlace dependerá tanto de la evolución de los combates como de la capacidad de los actores regionales para impedir que la confrontación adquiera una dimensión todavía mayor.