La Fiscalía emiratí revela que el ataque del 30 de septiembre fue una operación premeditada destinada a causar el mayor número posible de víctimas. El comandante, pese a resultar herido, y la intervención de pasajeros y otros pilotos evitaron la tragedia.
El copiloto omaní que intentó hacerse con el control de un avión de Flydubai el pasado 30 de septiembre pretendía estrellar la aeronave contra una terminal del aeropuerto internacional Ben Gurión, próximo a Tel Aviv, en un atentado suicida inspirado en los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Así lo reveló el viernes 9 de octubre la Fiscalía General de Emiratos Árabes Unidos, que dio a conocer nuevas conclusiones de la investigación sobre el incidente, frustrado gracias a la resistencia del comandante y a la intervención de pasajeros y miembros de la tripulación.
El vuelo FZ1073 había despegado de Dubái con destino a Israel y transportaba a 174 pasajeros, en su mayoría israelíes. Durante el trayecto, el copiloto atacó al comandante con un hacha de emergencia utilizada a bordo, provocando una situación crítica que hizo perder al aparato miles de metros de altitud en menos de un minuto. La aeronave pudo finalmente aterrizar de emergencia en Tabuk, Arabia Saudí, sin que se consumara el ataque.
Un atentado planificado para causar numerosas víctimas
Según el fiscal general emiratí, Hamad Saif Al Shamsi, el sospechoso, identificado por varios medios como Hamam al-Hammami, de 29 años, había concebido una operación destinada a provocar una catástrofe de grandes dimensiones. Su objetivo era dirigir el avión contra la terminal de pasajeros del principal aeropuerto israelí y causar el mayor número posible de víctimas.
Las pesquisas indican que el copiloto había realizado anteriormente otros dos vuelos a Tel Aviv, que habría aprovechado para familiarizarse con la ruta y las instalaciones aeroportuarias. El ataque se produjo durante su tercer viaje a ese destino, después de una preparación que, según los investigadores, incluía tanto el estudio de los procedimientos de vuelo como una preparación física y psicológica.
La Fiscalía sostiene que su radicalización comenzó en 2017, cuando estudiaba en Australia, a través del contacto con contenidos extremistas que glorificaban las organizaciones terroristas y los atentados suicidas. Según las autoridades emiratíes, el sospechoso reconoció haberse inspirado en los ataques del 11-S para concebir una operación semejante utilizando un avión comercial.
La resistencia del comandante evitó la tragedia
El intento de secuestro desencadenó momentos dramáticos en la cabina de mando. El copiloto atacó con un hacha al comandante indio Smit Machchhar, quien, pese a sufrir heridas, consiguió abrir la puerta de la cabina y facilitar la intervención de otros miembros de la tripulación y pasajeros.
La aeronave experimentó una brusca pérdida de altitud mientras se desarrollaba el enfrentamiento. Algunos ocupantes consiguieron reducir al agresor y otros pilotos que viajaban a bordo colaboraron para estabilizar el aparato y conducirlo hasta el aeropuerto saudí de Tabuk.
La actuación del comandante y de los pasajeros fue posteriormente elogiada por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien ordenó revisar los dispositivos de seguridad aplicables a las compañías extranjeras que operan vuelos hacia Israel.
El sospechoso permanece detenido en Emiratos Árabes Unidos. Según la Fiscalía, declaró haber actuado por iniciativa propia, aunque las investigaciones continúan para comprobar si existieron posibles colaboradores o vínculos con organizaciones extremistas.
Los controles de seguridad, bajo interrogantes
Uno de los aspectos más inquietantes de la investigación es que el copiloto había superado los procedimientos habituales de contratación y verificación de antecedentes. Las autoridades emiratíes señalaron que contaba con licencia de piloto, certificado de buena conducta y la documentación profesional exigida para desempeñar sus funciones.
El fiscal general aseguró que las comprobaciones realizadas no habían permitido detectar indicios de radicalización ni planes para cometer un atentado. Esta circunstancia ha abierto un debate sobre los límites de los sistemas de evaluación de seguridad del personal aeronáutico y la capacidad de las compañías para identificar posibles riesgos internos.
La investigación también ha reconstruido la trayectoria profesional del sospechoso, que había pasado por Oman Air y mantenido una vinculación profesional con Royal Air Maroc antes de incorporarse a Flydubai en enero de 2026. En relación con la compañía marroquí, las informaciones disponibles apuntan a un periodo de formación y a una candidatura que no desembocó en una contratación definitiva, por lo que conviene distinguir esta etapa de un empleo confirmado.
El caso pone de relieve un riesgo especialmente complejo para la aviación civil: la posibilidad de que una persona con acceso autorizado a los mandos de una aeronave utilice su posición para intentar cometer un atentado. Mientras prosiguen las investigaciones judiciales y técnicas, las autoridades emiratíes y saudíes tratan de esclarecer todos los detalles de una operación que estuvo cerca de convertirse en una catástrofe aérea.