Colombia regresa a Jerusalén 46 años después y consolida su giro diplomático hacia Israel

09 octobre 2026 - 09:12

La inauguración de la embajada, prevista para el 14 de octubre, simboliza el acercamiento entre Bogotá y Tel Aviv tras la ruptura de relaciones durante la presidencia de Gustavo Petro. La decisión reabre el debate sobre el estatuto internacional de Jerusalén.

Colombia inaugurará el próximo miércoles 14 de octubre su embajada en Jerusalén, según anunció el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Gideon Saar, en una decisión que representa un cambio significativo en la política exterior del país latinoamericano. La Cancillería colombiana confirmó que su titular, Omar Bula, viajará el domingo a Israel para participar en la ceremonia. La apertura de la representación diplomática supondrá el regreso de Colombia a una ciudad de la que trasladó su embajada en 1980, hace 46 años, y constituye un nuevo paso en la normalización de las relaciones bilaterales impulsada por el Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella.

El anuncio adquiere especial relevancia por el contraste con la política seguida por el anterior presidente, Gustavo Petro, quien rompió relaciones diplomáticas con Israel en mayo de 2024 en protesta por la ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza. Tras asumir la presidencia en agosto de 2026, De la Espriella promovió el restablecimiento de los vínculos diplomáticos y económicos, en consonancia con los compromisos expresados durante su campaña electoral. La decisión de instalar la embajada en Jerusalén va más allá de la reapertura de relaciones, pues incorpora una dimensión política y simbólica directamente relacionada con una de las controversias más persistentes del conflicto israelí-palestino.

Un cambio de rumbo en la diplomacia colombiana

Colombia mantuvo durante décadas una estrecha cooperación con Israel, especialmente en los ámbitos militar, tecnológico y de seguridad. Sin embargo, las relaciones se deterioraron profundamente durante el mandato de Petro, hasta desembocar en su ruptura formal. La llegada de De la Espriella a la presidencia abrió una etapa de acercamiento que contempla la recuperación de la representación diplomática, el fortalecimiento de los intercambios económicos y la revisión de las restricciones de viaje entre ambos países. La futura embajada en Jerusalén constituye la expresión más visible de esa nueva orientación internacional.

El ministro israelí Gideon Saar celebró el anuncio como un avance diplomático y aseguró que Colombia se convertirá en el décimo país con embajada en Jerusalén. También adelantó que la República Democrática del Congo tiene previsto trasladar próximamente su representación a esa ciudad. No obstante, la mayoría de los Estados que mantienen relaciones con Israel continúan situando sus embajadas en Tel Aviv o sus alrededores, precisamente por la controversia jurídica y política que rodea al estatuto de Jerusalén.

Jerusalén, una cuestión pendiente del conflicto palestino-israelí

La decisión colombiana adquiere una dimensión internacional particular porque Jerusalén ocupa un lugar central en las reivindicaciones nacionales israelíes y palestinas. Israel considera la ciudad su capital, mientras que los palestinos aspiran a establecer la capital de un futuro Estado en Jerusalén Este. Esta última zona fue ocupada por Israel en 1967 y posteriormente incorporada al municipio unificado bajo legislación israelí, una anexión que no cuenta con reconocimiento internacional generalizado.

En 1980, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la resolución 478, que rechazó las medidas legislativas israelíes destinadas a modificar el estatuto de Jerusalén y llamó a retirar de la ciudad las misiones diplomáticas de los Estados miembros. Colombia trasladó entonces su embajada a Tel Aviv. Su regreso, casi medio siglo después, representa por tanto una modificación de una posición diplomática que había respondido al marco establecido por Naciones Unidas.

La apertura prevista para el miércoles no resuelve las controversias jurídicas sobre la ciudad ni modifica por sí sola el estatuto de Jerusalén Este. Sin embargo, refleja una reorientación de la diplomacia colombiana con posibles repercusiones en sus relaciones con los países árabes, los Estados latinoamericanos y los organismos multilaterales. Más allá del gesto protocolario, la decisión pone de manifiesto cómo los cambios de gobierno pueden transformar las alianzas internacionales de un país y proyectarse sobre uno de los asuntos más sensibles de la política mundial.

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