Kristalina Georgieva alerta del riesgo de una nueva crisis alimentaria agravada por el encarecimiento de la energía y el elevado endeudamiento de numerosos Estados.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) se prepara para intervenir en apoyo de los países más vulnerables ante las consecuencias del fenómeno climático El Niño, cuya intensidad amenaza con agravar la inseguridad alimentaria y reavivar las presiones inflacionistas en distintas regiones del mundo.
En una entrevista concedida a la agencia AFP en Singapur, la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, expresó su preocupación por la intensidad superior a la media del fenómeno y por sus posibles repercusiones sobre las cosechas, el abastecimiento de alimentos y la estabilidad económica de los países con menos recursos.
«Estamos muy preocupados por El Niño», afirmó Georgieva, al advertir de que las perturbaciones climáticas podrían traducirse en un nuevo aumento de los precios alimentarios, precisamente cuando numerosas economías siguen afrontando las consecuencias de anteriores crisis.
Sequías, cosechas amenazadas y comunidades en dificultades
Los efectos de El Niño ya se dejan sentir en distintas partes del planeta. En América Central, la sequía golpea especialmente al denominado Corredor Seco, donde numerosas familias campesinas dependen de una agricultura de subsistencia cada vez más expuesta a la irregularidad de las lluvias.
La escasez de alimentos y la falta de agua están empujando a algunos agricultores a vender precipitadamente su ganado para evitar perderlo. En India, las alteraciones del monzón amenazan los cultivos, mientras que en el Pacífico oriental el calentamiento de las aguas está modificando los desplazamientos de diversas especies marinas, perjudicando a las comunidades pesqueras.
Georgieva identificó entre los territorios más expuestos a los pequeños Estados insulares del Pacífico, Bangladés, Laos y determinadas regiones africanas. Sus economías disponen de márgenes financieros limitados para afrontar simultáneamente pérdidas agrícolas, aumentos de precios y mayores necesidades de importación.
El FMI contempla nuevas ayudas financieras
La directora gerente explicó que el Fondo está dispuesto a proporcionar apoyo financiero a los países que sufran perturbaciones especialmente graves. Para algunos Estados, reconoció, podría resultar imprescindible recurrir a financiación exterior.
La preocupación del organismo no se limita al clima. El Niño coincide con el encarecimiento de la energía provocado por la guerra en Oriente Próximo, una combinación que puede aumentar los costes agrícolas, del transporte y de la distribución de alimentos.
Este escenario plantea un riesgo adicional de inflación, con consecuencias particularmente duras para los hogares de menores ingresos, que destinan una mayor proporción de sus recursos a la alimentación y la energía.
La deuda limita la capacidad de respuesta
Georgieva advirtió, sin embargo, de que los gobiernos ya no disponen del mismo margen presupuestario que durante crisis anteriores. La pandemia, la guerra en Ucrania, el repunte inflacionista y el aumento de los tipos de interés obligaron a muchos Estados a incrementar el gasto público y el endeudamiento.
A su juicio, mantener subvenciones energéticas generalizadas puede resultar insostenible para países que soportan elevados costes de financiación. Por ello, recomendó concentrar las ayudas en los hogares y sectores que realmente las necesitan.
La responsable del FMI también subrayó la importancia de los bancos centrales en la lucha contra la inflación y advirtió de otros focos de inestabilidad, entre ellos las fuertes inversiones en inteligencia artificial y las tensiones en los mercados internacionales de deuda.
Para Georgieva, una pérdida de confianza en el sector de la inteligencia artificial podría desencadenar movimientos de capital capaces de afectar a la estabilidad financiera mundial.
El mensaje del FMI refleja la acumulación de riesgos que afronta la economía internacional: una perturbación climática puede convertirse rápidamente en una crisis alimentaria, inflacionista y financiera cuando coincide con energía cara y Estados altamente endeudados.
Ante este panorama, Georgieva reclamó una respuesta internacional coordinada para evitar que los países más frágiles soporten las consecuencias más graves.