Feijóo abre campaña atrincherado en Ceuta para no hablar de vivienda

08 octobre 2026 - 08:16

El líder del Partido Popular eligió la ciudad autónoma para su primer acto electoral, en la quinta visita desde la crisis migratoria de finales de julio. Mientras sindicatos e inquilinos preparan una huelga general por la vivienda, Feijóo se instala en la frontera, Marruecos y la integridad territorial. Es un terreno compartido con Vox que, además, oculta el historial de su partido en el Tarajal y su anterior complacencia con Rabat.

Alberto Núñez Feijóo ha querido que su primera imagen de campaña tenga el Estrecho de fondo. Este miércoles, junto al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, el líder del Partido Popular (PP) presentó su comparecencia en Ceuta como el arranque de la carrera hacia las elecciones del 29 de noviembre. «No podría ser en otro lugar», justificó. La elección no es casual. Ceuta le ofrece un relato de abandono estatal, firmeza nacional y responsabilidad gubernamental. Mientras tanto, la vivienda, el asunto que más moviliza hoy a la calle, queda fuera del foco.

El candidato prometió que la ciudad será la primera carpeta de su Consejo de Ministros. Su lista incluye una nueva ley de extranjería, la ampliación del espigón del Tarajal y el despliegue del Ejército al amparo del artículo 8 de la Constitución. También prometió el retorno de unas 15.000 personas que, según sus cálculos, siguen en la ciudad. Esa cifra convive con las que su propio partido ha difundido estas semanas, que han oscilado entre 60.000 y 80.000 entradas.

Cinco viajes en diez semanas

La insistencia es medible. Desde la entrada masiva de finales de julio, Feijóo ha viajado a Ceuta cinco veces. La primera llegó a los pocos días de la crisis, y el 19 de agosto él mismo recordó que era su segunda visita en algo más de quince días. El 2 de septiembre protagonizó la foto del Día de Ceuta. Semanas después volvió con Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo (PPE). La de este miércoles cierra la serie y la convierte oficialmente en estrategia electoral.

El contraste con el periodo anterior resulta elocuente. Antes de la crisis, el registro público apenas recoge una visita de Feijóo como líder de la oposición, y en ella su mensaje era muy distinto. Entonces pidió replantear la relación con Marruecos desde el respeto mutuo y describió al reino alauí como socio «prioritario» de España, ayer, hoy y mañana. Ahora, junto al mismo Vivas, sostiene que no se puede subcontratar a Rabat el control de la frontera. El giro coincide con el calendario electoral, no con un cambio en la naturaleza del vecino.

La escenificación europea tampoco salió redonda. Durante la visita con Weber, según elDiario.es, el líder del PPE matizó en directo alguna de las propuestas de Feijóo y recordó que cualquier retorno exige registros e inscripciones legales previas. Que su principal aliado continental le corrija sobre el terreno revela hasta qué punto esas medidas responden más a la urgencia del mitin que a un plan de Gobierno trabajado.

La frontera que el PP prefiere olvidar

Feijóo habla de Ceuta como si su partido llegara de nuevas a la frontera sur. Vivas preside la ciudad desde 2001, y el PP ha gobernado España durante buena parte de ese tiempo. Con Mariano Rajoy en la Moncloa, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, reinstaló las concertinas en la valla en 2013. En febrero de 2014, quince personas murieron en la playa del Tarajal tras el uso de material antidisturbios por la Guardia Civil, en un caso que la justicia terminó archivando.

La respuesta de aquel Gobierno no fue revisar el modelo, sino blindarlo. La Ley de Seguridad Ciudadana de 2015 dio cobertura legal a los rechazos en frontera, las llamadas devoluciones en caliente, cuestionadas por las organizaciones de derechos humanos. Durante esos años, la colaboración marroquí en el control migratorio fue una pieza central de la política popular. El candidato que hoy denuncia la dependencia de Rabat pertenece al partido que la convirtió en estructura.

Tampoco la promesa de 8.000 viviendas en Ceuta llega sin contexto. La ciudad lleva un cuarto de siglo bajo gobierno del PP, con competencias propias. Presentar ahora ese esfuerzo como gesto de reconstrucción nacional permite a Feijóo hablar de vivienda sin entrar en el debate de fondo sobre alquileres, especulación y regulación del mercado. Es precisamente ahí donde su partido tiene menos que ofrecer.

La agenda que queda fuera de plano

El mismo día en que Feijóo inauguraba su campaña, la vivienda ocupaba la calle. Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT) han fijado el 11 de noviembre para la huelga general, atendiendo la petición del Sindicato de Inquilinas. En Madrid, la justicia rechazó la medida cautelar que Isabel Díaz Ayuso había solicitado para desalojar la acampada de la Puerta del Sol. Son señales de un malestar que atraviesa generaciones y que ninguna comparecencia en la frontera hace desaparecer.

En Génova el cálculo apenas se disimula. Según esdiario, la dirección del PP ha constatado que la crisis ceutí «desgasta más que la corrupción» al Gobierno. El terreno elegido coincide además con el de Vox, con quien Feijóo compartió concentración por Ceuta en Cibeles a comienzos de septiembre. El líder popular compite así por el marco de la ultraderecha, el de la invasión y la soberanía amenazada, y deja sin respuesta las preguntas que preocupan a la mayoría.

Nada de esto resta gravedad a lo ocurrido. La crisis ha dejado decenas de muertos, familias que buscan a sus desaparecidos y una investigación abierta en la Audiencia Nacional, además de preguntas legítimas sobre la gestión del Gobierno. Precisamente por eso, convertir Ceuta en decorado de campaña tiene un coste. La ciudad necesita políticas sostenidas, no un candidato que la visita cada dos semanas y la usa para esquivar el debate sobre cómo vive el resto del país.

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