El votante desmovilizado: claves de la batalla progresista del 29-N

07 octobre 2026 - 08:40

La izquierda dispone de 54 días para reactivar a un electorado claramente más desmovilizado que el conservador. Las encuestas del CIS y de 40dB. muestran una brecha amplia en abstención y fidelidad, y la vivienda aparece como el marco más favorable para cerrarla, aunque sin garantía de réditos en las urnas.

El 29 de noviembre, la izquierda afronta un desafío parecido al de julio de 2023, aunque corregido y aumentado. Para retener el Gobierno necesita agitar a un electorado claramente más desmovilizado que el conservador, y para ello cuenta con apenas 54 días. Pedro Sánchez anunció el adelanto electoral después de que PP, Vox y Junts tumbaran en el Congreso los decretos de vivienda. El presidente ha convertido esa derrota parlamentaria en una convocatoria pensada precisamente para despertar a ese votante dormido.

Los datos de partida no invitan al optimismo. La estimación de voto sitúa por encima del 50% al bloque formado por PP, Vox y Se Acabó La Fiesta. El bloque de izquierdas ronda el 35% y suma al PSOE, a Sumar, que concurrirá como Frente Amplio, y a Podemos. Sin embargo, los especialistas en demoscopia coinciden en que los votantes desmovilizados son ahora más decisivos, porque quienes ya se han pasado a otro partido resultan mucho más difíciles de recuperar.

  1. Una brecha de desmovilización asimétrica

Entre los votantes progresistas de 2023 es significativamente mayor el porcentaje de quienes se abstendrán, no saben a quién votarán, lo harán en blanco o nulo o no responden. Ese grupo alcanza el 15,45% entre quienes apoyaron al PSOE y el 12,5% entre los de Sumar. En la derecha baja al 7,95% en el PP y al 5,25% en Vox, según la media de las últimas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y de 40dB. recogida por El País.

Hay un matiz relevante. Esas entrevistas se hicieron antes del rechazo de PP, Vox y Junts a los decretos de vivienda, así que no recogen el posible efecto movilizador de esa votación ni de la convocatoria. El politólogo Eduardo Bayón subraya que la izquierda tiene un incentivo añadido para centrarse en estos electores, porque sus fuerzas «disponen de un mayor margen para crecer por ahí». Según su análisis, ese margen es también la vía más directa para reducir la desventaja frente a la derecha.

  1. Fidelidad de voto y transferencias entre bloques

La diferencia crece al medir la fidelidad, es decir, el porcentaje de votantes de cada partido en 2023 que asegura que repetirá su voto. Vox conserva al 81,3% y el PP al 74%. El PSOE se queda en el 65,7% y Sumar baja hasta el 35,8%. Este último dato exige cautela, porque Podemos formó parte de aquella coalición y ahora concurre por libre, lo que distorsiona la comparación con el resto de las formaciones.

No toda la distancia en fidelidad ni en estimación de voto se explica por la desmovilización. Las transferencias entre bloques, favorables a la derecha, también pesan. Por eso los expertos sitúan la clave en quienes dudan o piensan abstenerse, y no en quienes ya han cambiado de papeleta. El votante desencantado que no ha migrado a otra opción es el objetivo prioritario de la campaña progresista, que necesita recuperar ese caladero antes de pensar en disputar electores al adversario.

  1. La vivienda, un marco favorable pero sin garantías

La vivienda da a la izquierda un margen de iniciativa del que carecía hace unas semanas, cuando la crisis migratoria de Ceuta dominaba la agenda. Las posiciones del Gobierno en esta materia cuentan con un respaldo abrumador entre los votantes progresistas y también entre la mayoría de los conservadores. Belén Barreiro, directora de 40dB., considera que todos los partidos pueden seguir movilizando, pero «más la izquierda que la derecha», porque su suelo de movilización es más bajo y el asunto le favorece.

Bayón lee el adelanto en esa misma clave. A su juicio, Sánchez cree que el momento de mayor atención a la vivienda le permite aspirar a una movilización que de otro modo sería más difícil. Investigadores como Pablo Simón y Juan Francisco Caro advierten, sin embargo, de que un terreno cómodo no garantiza réditos. Para capitalizarlo en las urnas, las fuerzas del Gobierno cargan con un lastre evidente, la falta de un balance de éxito que exhibir sobre la cuestión.

  1. Un contexto más adverso que el de 2023

En 2023, PSOE y Sumar también partían de una menor activación y retuvieron el poder con una campaña a la ofensiva. Aquella campaña se recuerda por las múltiples entrevistas de Sánchez, incluidos formatos atípicos, por el destacado papel de José Luis Rodríguez Zapatero y por la capacidad de Yolanda Díaz para hacerse un hueco frente a Alberto Núñez Feijóo. Hoy las circunstancias son más difíciles. La distancia entre bloques es mayor y el ciclo autonómico confirmó el giro conservador.

Las elecciones de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, celebradas entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, mostraron que la derechización no se queda en las encuestas y también se expresa en las urnas. Según El País, cualquier efecto Zapatero quedaría además mermado por los problemas judiciales del expresidente. A ello se suma una izquierda alternativa más dividida, con un Frente Amplio que se declara listo para los comicios sin saber aún quién encabezará su candidatura.

  1. Voto útil, estrategia socialista y contexto internacional

Una fuente implicada en la precampaña socialista, citada por El País, sostiene que Sánchez confía en repetir el logro de 2023. El presidente rechaza la comparación con noviembre de 2011, cuando el PP de Mariano Rajoy logró una mayoría absoluta que se dio por hecha durante toda la campaña. Incluso cree que los socialistas pueden ser los más votados, en parte por la resistencia del PSOE y en parte por las fugas del PP hacia Vox.

La misma fuente añade que no puede descartarse una nueva investidura si una concentración del «voto útil» contra la derecha coincide con una clarificación de la izquierda alternativa. Ese discurso se desplegará en una precampaña marcada por las legislativas estadounidenses del 3 de noviembre, cuya limpieza Donald Trump ya cuestiona, en línea con lo que hacen en España Vox y, en menor medida, el PP. Poco más de un mes antes del 29-N, Brasil celebrará además una segunda vuelta con el ultraderechista Jair Bolsonaro como favorito.

Compartir el artículo