Brasil volverá a las urnas el 25 de octubre para elegir presidente entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. El hijo del expresidente Jair Bolsonaro se impuso en la primera vuelta con el 47,03% de los votos, frente al 45,16% del mandatario saliente. Un resultado más ajustado de lo previsto que abre tres semanas decisivas y confirma que el bolsonarismo conserva una poderosa base electoral incluso sin su fundador como candidato.
Brasil se prepara para una segunda vuelta presidencial marcada por una polarización que, lejos de desaparecer, ha encontrado nuevos protagonistas. Con prácticamente la totalidad de las urnas escrutadas, Flávio Bolsonaro obtuvo unos 56,1 millones de votos, frente a los cerca de 53,9 millones reunidos por Lula. Algo más de dos millones de sufragios separan a los dos candidatos antes del duelo definitivo.
Flávio Bolsonaro cambia el guion
La primera sorpresa llegó con el orden de llegada. Los últimos sondeos describían una competición muy cerrada, aunque generalmente concedían una ligera ventaja a Lula. Las urnas invirtieron esa tendencia y colocaron a Flávio Bolsonaro en primera posición, a menos de tres puntos de alcanzar la mayoría absoluta.
El resultado proporciona al senador del Partido Liberal una posición política distinta de la que anticipaban las encuestas. Pero su significado va más allá de una diferencia porcentual: demuestra que el movimiento construido alrededor de Jair Bolsonaro mantiene una considerable capacidad de movilización aun cuando el expresidente no figure en la papeleta.
Flávio ha conseguido reunir buena parte del voto conservador y del electorado contrario al Partido de los Trabajadores. Ahora deberá ampliar ese espacio para alcanzar la mayoría absoluta en una segunda vuelta en la que cada transferencia de votos puede resultar decisiva.
Lula obligado a ensanchar su mayoría
Para Lula, la noche electoral dejó un resultado agridulce. Sus casi 54 millones de votos confirman la fortaleza del Partido de los Trabajadores y de su propia figura, pero el presidente no logró la primera posición que esperaba y deberá afrontar una campaña diferente durante las próximas semanas.
A sus 80 años, Lula aspira a un cuarto mandato presidencial no consecutivo. Su estrategia pasará previsiblemente por defender el balance social de su Gobierno y tratar de atraer a electores moderados que no se identifican plenamente con ninguno de los dos grandes bloques.
La economía ocupará inevitablemente un lugar central. La evolución del empleo y determinados indicadores sociales ofrece argumentos al Gobierno, mientras el coste de la vida, el endeudamiento de los hogares, la seguridad y las dudas sobre las finanzas públicas proporcionan munición a la oposición.
El bolsonarismo después de Bolsonaro
La gran singularidad de estas elecciones reside, sin embargo, en la transformación experimentada por la derecha brasileña. En 2022, Lula se enfrentó directamente a Jair Bolsonaro. Cuatro años después, el apellido continúa en la papeleta, pero el candidato es su hijo.
Flávio Bolsonaro afronta así una doble operación política: conservar el núcleo electoral heredado de su padre y, al mismo tiempo, construir una candidatura presidencial propia capaz de conquistar a votantes situados fuera de ese espacio.
Su resultado de la primera vuelta muestra que la transferencia ha funcionado, al menos parcialmente. Más de 56 millones de brasileños respaldaron su candidatura, convirtiéndolo en el principal adversario de Lula y prolongando una confrontación política que estructura Brasil desde hace casi una década.
Tres semanas para conquistar el centro
La segunda vuelta comenzará prácticamente desde cero en un aspecto fundamental: los votos de quienes eligieron otras candidaturas. Lula y Bolsonaro necesitarán ahora ampliar sus respectivas coaliciones, seducir al electorado moderado y movilizar a quienes se abstuvieron.
El tono de la campaña será igualmente determinante. Tras años de fuerte polarización, ambos candidatos tienen incentivos para consolidar sus bases sin cerrar la puerta a los electores menos ideologizados que pueden decidir una contienda tan ajustada.
Brasil llega así al 25 de octubre dividido entre dos proyectos políticos y dos generaciones. De un lado, Lula, figura histórica de la izquierda latinoamericana y presidente en ejercicio. Del otro, Flávio Bolsonaro, heredero de una corriente política que demuestra haber sobrevivido electoralmente a la ausencia de Jair Bolsonaro.
La primera vuelta no resolvió la disputa. Al contrario: la dejó prácticamente abierta y confirmó que el bolsonarismo continúa siendo una de las dos grandes fuerzas alrededor de las cuales gira la política brasileña.