El primer ministro británico, Andy Burnham, ha admitido que es «posible» que el Partido Laborista incluya en su próximo programa electoral un nuevo referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea. No se trata todavía de un compromiso, pero sus declaraciones reabren un debate que el laborismo había mantenido fuera de su agenda desde su regreso al poder.
El Brexit vuelve al centro del debate político británico. Diez años después del referéndum de 2016, Andy Burnham ha dejado abierta la posibilidad de que los laboristas concurran a las próximas elecciones generales con el compromiso de consultar nuevamente a los británicos sobre su pertenencia a la Unión Europea.
Preguntado directamente sobre la posibilidad de incluir una nueva consulta en un futuro programa electoral laborista, Burnham respondió que era «posible». Sin embargo, precisó que convocar ahora un referéndum no sería lo adecuado y que su Gobierno quiere examinar primero las distintas alternativas para redefinir la relación con Bruselas.
La distinción es importante: el Ejecutivo británico no ha anunciado un segundo referéndum ni ha decidido solicitar el reingreso en la Unión Europea. Lo que Burnham plantea es abrir una reflexión sobre los diferentes grados de acercamiento posibles y determinar posteriormente cuál podría reunir un respaldo político y social suficiente.
«El Brexit ha hecho más daño que bien»
El cambio de discurso comenzó a tomar forma durante el congreso laborista, cuando Burnham afirmó que el Brexit había causado más perjuicios que beneficios al Reino Unido.
Según su diagnóstico, la salida de la Unión Europea no proporcionó al país el control prometido sobre la economía y la inmigración, mientras que la relación comercial actual con el continente presenta limitaciones que convendría revisar.
El primer ministro pretende aprovechar la próxima cumbre entre el Reino Unido y la Unión Europea para explorar distintas fórmulas de cooperación y tratar de construir un consenso alrededor de alguna de ellas.
Las alternativas abarcan desde la mejora del acuerdo vigente hasta una integración económica más estrecha, incluida la posibilidad de reconsiderar la unión aduanera. Burnham tampoco ha descartado que, a largo plazo, el debate pueda extenderse a una eventual reincorporación plena a la Unión Europea.
Del acercamiento a Bruselas a la revisión del Brexit
El giro tiene una considerable dimensión política porque supera el marco con el que el laborismo había abordado hasta ahora sus relaciones con Europa.
El programa con el que el partido ganó las elecciones de 2024 descartaba regresar a la Unión Europea, al mercado único y a la unión aduanera. La prioridad consistía en mejorar las relaciones con Bruselas sin cuestionar la arquitectura fundamental del Brexit.
Burnham está introduciendo una lógica diferente. No anuncia el regreso al bloque comunitario, pero tampoco considera necesariamente intocable el modelo heredado de la salida británica.
El propio primer ministro reconoce, sin embargo, la sensibilidad de la cuestión. Ha advertido del carácter divisivo de los referéndums y sostiene que cualquier decisión debería adoptarse con cautela, después de evaluar las preferencias de la sociedad británica y las condiciones de una eventual nueva relación con la Unión Europea.
Europa observa el cambio británico
La apertura del debate ha suscitado reacciones favorables entre algunos dirigentes europeos. Emmanuel Macron ha considerado positiva la posibilidad de un eventual regreso británico, mientras que Pedro Sánchez ha expresado la disposición de España a recibir nuevamente al Reino Unido en el proyecto comunitario.
Dentro del país, en cambio, la cuestión amenaza con reactivar las profundas divisiones políticas creadas por el Brexit. Conservadores y Reform UK se oponen a reabrir el debate sobre la salida de la Unión, mientras que liberaldemócratas y verdes defienden un acercamiento más ambicioso a las instituciones europeas.
El principal desafío de Burnham consiste, por tanto, en determinar hasta dónde puede avanzar en la revisión de las relaciones con Bruselas sin reproducir la polarización que marcó la consulta de 2016.
El primer ministro no ha prometido otro referéndum sobre el Brexit. Pero al admitir que podría figurar en el próximo programa laborista, ha devuelto al debate político una cuestión que durante años parecía definitivamente cerrada.