EEUU amplía el cerco económico sobre Irán y golpea sus industrias automotriz y ferroviaria

02 octobre 2026 - 03:07

Washington ha abierto un nuevo frente en su campaña de presión sobre Teherán al sancionar a Iran Khodro y SAIPA, los dos gigantes que dominan más del 90 % del mercado automovilístico iraní, además de la compañía estatal de ferrocarriles y otras grandes empresas industriales. La ofensiva alcanza también a proveedores extranjeros y busca dificultar las alternativas terrestres de una economía iraní ya sometida a fuertes restricciones sobre sus exportaciones petroleras.

Estados Unidos endurece nuevamente su estrategia de presión económica sobre Irán. La Administración de Donald Trump anunció una amplia batería de sanciones contra los sectores automotriz y ferroviario iraníes, dos actividades que Washington considera esenciales tanto para la generación de ingresos como para la capacidad logística del país.

Las medidas forman parte de la denominada Operation Economic Outcast, la campaña lanzada por el Departamento del Tesoro para reducir los recursos económicos de los que dispone Teherán en plena guerra y limitar su capacidad para financiar programas militares, desarrollar misiles y sostener las estructuras vinculadas a los Guardianes de la Revolución.

El movimiento supone además una ampliación significativa del radio de acción de las sanciones. La presión estadounidense ya no se concentra únicamente en el petróleo, la banca o el comercio exterior: alcanza ahora directamente a industrias que forman parte de la economía cotidiana iraní y emplean a decenas de miles de personas.

Iran Khodro y SAIPA, en el centro de la ofensiva

Los objetivos más destacados son Iran Khodro (IKCO) y SAIPA, los dos mayores fabricantes de automóviles del país. Entre ambos concentran más del 90 % del mercado automovilístico nacional, lo que da una idea de la dimensión económica de las nuevas medidas.

Iran Khodro es el mayor fabricante iraní y uno de los principales productores de vehículos de Oriente Medio. SAIPA constituye el otro gran pilar de una industria que durante décadas ha intentado mantener una producción nacional pese a las sucesivas rondas de sanciones internacionales.

En total, Washington ha incluido en esta nueva ofensiva a siete fabricantes del sector. También figura Niroo Motor, considerada la mayor empresa iraní de motocicletas.

Las sanciones no se detienen en las fronteras iraníes. Empresas de Indonesia, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y Hong Kong vinculadas al suministro de componentes o a las operaciones comerciales de la industria automotriz iraní han quedado igualmente afectadas.

Los ferrocarriles, el segundo gran objetivo

La otra pieza central de la ofensiva estadounidense es el transporte ferroviario.

Entre las entidades sancionadas figura la estatal Islamic Republic of Iran Railway Company (RAI), responsable de una parte esencial de las redes ferroviarias de pasajeros y mercancías del país. Washington también ha incluido a Raja Passenger Trains Company y a una importante compañía privada de transporte ferroviario de mercancías.

La elección de este sector tiene una dimensión estratégica. Las restricciones sobre el transporte marítimo y las exportaciones petroleras han aumentado la importancia de las conexiones terrestres para trasladar petróleo, productos químicos, fertilizantes y otras mercancías.

Washington pretende ahora reducir también ese margen de maniobra.

Del automóvil al acero y la maquinaria pesada

La nueva ronda de sanciones tiene un alcance industrial todavía mayor. Empresas siderúrgicas y fabricantes de maquinaria pesada han sido incorporados a las listas estadounidenses.

Entre ellos aparece HEPCO, uno de los grandes productores de maquinaria para minería, construcción y obras públicas de Oriente Medio.

Las medidas alcanzan asimismo a compañías extranjeras que, según las autoridades estadounidenses, han colaborado con la industria siderúrgica iraní, así como a una red dedicada a las exportaciones de acero y petróleo operada desde Hong Kong.

El resultado es una ofensiva diseñada para dificultar simultáneamente la producción, el transporte, la financiación y la comercialización internacional de algunos de los principales sectores industriales iraníes.

Una presión que también puede alcanzar a la población

Washington presenta las sanciones como un instrumento para reducir los recursos económicos disponibles para el Estado iraní y sus estructuras militares. Sin embargo, la extensión de las medidas hacia sectores como el automóvil, el ferrocarril o la industria pesada amplía inevitablemente su impacto potencial sobre la economía civil.

El automóvil constituye uno de los principales sectores económicos de Irán fuera del petróleo y el gas, mientras que la red ferroviaria es fundamental para el movimiento de pasajeros y mercancías dentro de un país de más de 90 millones de habitantes.

Las restricciones financieras, la dificultad para importar componentes y el riesgo de sanciones para empresas extranjeras que mantienen relaciones comerciales con compañías iraníes pueden traducirse en mayores costes y problemas de suministro.

La nueva ofensiva estadounidense abre así otra fase de la presión sobre Teherán: tras intentar reducir los ingresos procedentes del petróleo y limitar sus conexiones financieras internacionales, Washington apunta ahora a las carreteras, las fábricas y los ferrocarriles que mantienen en movimiento buena parte de la economía iraní.

Compartir el artículo