Irak despide a la coalición internacional y afronta ahora la prueba de la «soberanía plena»

30 septembre 2026 - 08:33

Tras más de una década de presencia militar extranjera, Irak cierra este miércoles la misión de la coalición internacional liderada por Estados Unidos contra el Estado Islámico. Bagdad celebra la retirada como el comienzo de una nueva etapa de soberanía, aunque el verdadero desafío empieza ahora: garantizar la seguridad sin el dispositivo internacional y resolver la delicada cuestión de las milicias armadas vinculadas a Irán.

Irak pasa página. Los últimos efectivos de la coalición internacional abandonan este miércoles sus posiciones en el país, culminando el proceso de retirada acordado entre Bagdad y Washington. La alianza había llegado en 2014, cuando el Estado Islámico controlaba amplias zonas de Irak y Siria, y permaneció después de la derrota territorial del grupo para apoyar a las fuerzas iraquíes mediante formación, inteligencia y asistencia militar.

El primer ministro Ali al Zaidi ha presentado el final de la misión como el inicio de una etapa marcada por la soberanía, el fortalecimiento de las instituciones y una mayor autonomía en la toma de decisiones. El Gobierno ha declarado incluso el 1 de octubre como Día de la Soberanía, otorgando a la salida de las tropas extranjeras una dimensión política que va mucho más allá del cierre de una operación militar.

Pero la retirada abre inmediatamente una cuestión más compleja: qué hacer con las poderosas facciones armadas que durante años justificaron la conservación de sus arsenales por la presencia estadounidense. El Ejecutivo quiere reforzar el monopolio estatal de las armas y someter progresivamente a estos grupos a la autoridad institucional, pero varias organizaciones próximas a Irán mantienen una importante capacidad militar y política. Kataeb Hezbolá ha celebrado la salida de las fuerzas extranjeras como un primer paso hacia la soberanía plena, aunque al mismo tiempo ha lanzado advertencias al Gobierno.

La paradoja iraquí aparece así con claridad. La marcha estadounidense elimina uno de los principales argumentos esgrimidos por las milicias para conservar sus armas, pero también retira del tablero un importante contrapeso militar frente a esas mismas organizaciones. Para Bagdad, proclamar la soberanía será más sencillo que ejercerla plenamente si el Estado no logra convertirse en el único actor con capacidad legítima para utilizar la fuerza.

A ello se suma que el Estado Islámico, aunque derrotado territorialmente, no ha desaparecido. Sus células continúan operando en determinadas áreas rurales y periféricas, lo que obliga a las fuerzas iraquíes a mantener capacidades de vigilancia, inteligencia y reacción que durante años contaron con apoyo internacional. Washington podrá conservar determinadas formas de cooperación militar y de intercambio de información, pero la responsabilidad principal recaerá ahora sobre las instituciones iraquíes.

La retirada tampoco se percibe de la misma manera en todo el país. En el Kurdistán iraquí existe preocupación por la pérdida de parte de las capacidades de protección e interceptación proporcionadas por la coalición en una región que ha sufrido repetidos ataques con drones y misiles. Mientras Bagdad celebra el fin de la presencia extranjera como una conquista de soberanía, Erbil observa la nueva etapa desde una perspectiva más marcada por la incertidumbre sobre su seguridad.

La salida de la coalición cierra, por tanto, el ciclo iniciado con el avance fulgurante del Estado Islámico en 2014, pero abre otro posiblemente más difícil. Irak tendrá que demostrar que puede contener por sí mismo la amenaza yihadista, controlar las armas que escapan a la autoridad estatal y gestionar su delicado equilibrio entre Washington y Teherán. La «soberanía plena» que Bagdad celebra hoy dejará así de ser una consigna para convertirse en una prueba concreta de la capacidad del Estado.

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