Ping Ping y Fu Shuang ya están en Estados Unidos. Los dos pandas gigantes enviados desde China aterrizaron el domingo en Atlanta para iniciar una estancia de diez años en el zoológico de la ciudad. Su llegada, anunciada personalmente por Xi Jinping durante su reciente visita a Washington, recupera uno de los símbolos más reconocibles de la relación entre China y Estados Unidos en un momento marcado por la competencia tecnológica, comercial y estratégica.
El viaje estuvo a la altura de unos pasajeros poco comunes. Ping Ping, un macho de seis años, y Fu Shuang, una hembra de cinco, volaron directamente desde Chengdu hasta el aeropuerto internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta en un Boeing 777 de carga especialmente acondicionado y bautizado para la ocasión como «Panda Express». Viajaron en recintos diseñados específicamente para ellos, acompañados por especialistas, agua, bambú fresco y sus alimentos preferidos.
Tras su llegada fueron trasladados al Zoo Atlanta, donde permanecerán aproximadamente un mes en cuarentena antes de ser presentados al público. Su estancia forma parte de un nuevo acuerdo de cooperación para la conservación del panda gigante entre el zoológico y la China Wildlife Conservation Association, previsto para los próximos diez años.
Dos «embajadores de amistad»
La dimensión diplomática del viaje quedó clara antes incluso de que los animales abandonaran China. Durante su visita de Estado a Washington la semana pasada, Xi Jinping anunció personalmente su inminente llegada a Atlanta y recordó que el panda gigante ha ejercido durante décadas como «enviado de amistad» entre chinos y estadounidenses.
El gesto enlaza con una tradición que se remonta a 1972. Después de la histórica visita de Richard Nixon a China, Pekín regaló a Estados Unidos los pandas Ling-Ling y Hsing-Hsing, que se instalaron en el Zoológico Nacional de Washington y se convirtieron en uno de los símbolos populares del acercamiento entre ambos países. Con el tiempo, los regalos fueron sustituidos por préstamos y programas conjuntos de investigación y conservación, pero la carga simbólica permaneció.
El regreso de los pandas a Atlanta llega precisamente después de una visita de Xi a Washington en la que China y Estados Unidos buscaron mantener abiertos canales de diálogo pese a sus profundas diferencias. Los dos países continúan compitiendo por el liderazgo tecnológico y mantienen importantes desacuerdos comerciales y estratégicos, pero el envío de Ping Ping y Fu Shuang ofrece una imagen mucho menos áspera de la relación bilateral.
Atlanta recupera sus pandas dos años después
Zoo Atlanta conoce bien esta cooperación. Albergó pandas gigantes entre 1999 y 2024 y desarrolló durante esos 25 años uno de los programas de reproducción más exitosos fuera de China. Lun Lun y Yang Yang tuvieron siete crías, incluidas dos parejas de gemelos, antes de regresar a China junto con sus descendientes.
Ping Ping y Fu Shuang inauguran ahora una nueva etapa. Ambos nacieron en 2020 en la base de investigación y cría del panda gigante de Chengdu. Con ellos, Atlanta vuelve a convertirse, junto con Washington y San Diego, en uno de los tres zoológicos estadounidenses que albergan esta especie.
La llegada tiene, por tanto, una doble lectura: conservación de una especie considerada vulnerable y diplomacia. En una relación entre Washington y Pekín dominada habitualmente por aranceles, chips, inteligencia artificial y seguridad, esta vez los protagonistas pesan alrededor de un centenar de kilos, comen bambú y responden a los nombres de Ping Ping y Fu Shuang.