El presidente del Gobierno pronunció ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas su discurso más abiertamente enfrentado a Donald Trump. Sin nombrarlo, defendió el multilateralismo, reivindicó la gestión de la crisis de Ceuta sin «convertir al migrante en enemigo» y reclamó que una mujer latinoamericana dirija por primera vez la organización. La intervención sonó a legado y a arranque de campaña.
Ocho años después de su primera intervención ante la Asamblea General, Pedro Sánchez volvió a la tribuna de la ONU con un discurso más político y más épico de lo habitual. Arrancó anunciando que venía a defender «aquello que muchos están intentando destruir». No dijo contra quién hablaba y no hizo falta. Donald Trump sobrevoló toda la intervención, después de que el presidente español plantara cara a sus aranceles y a la guerra de Irán y mantuviera su apoyo a Palestina.
El gesto venía de antes. Sánchez había renunciado a acudir a la recepción que Trump ofreció en Nueva York. Si las encuestas aciertan, esta podría ser su última cumbre de Naciones Unidas como presidente, y es con seguridad su último viaje a Nueva York antes de las elecciones generales. El discurso tuvo por ello algo de balance personal y algo de precampaña. El líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), referente del progresismo internacional, lo dedicó a pedir a los progresistas que no se resignen ante el avance de la ultraderecha.
El «atajo» de Ceuta
La crisis de Ceuta ocupó un lugar central. Sánchez la citó expresamente como ejemplo de su manera de afrontar los conflictos. Atribuyó la situación a «la desigualdad, la desesperación y la desinformación», que a su juicio han alimentado una de las mayores crisis de migración irregular de los últimos años. Admitió que en momentos así la tentación es «elegir el atajo», que describió como ceder al miedo, «convertir al migrante en enemigo y vulnerar la legalidad». Y añadió a continuación que ni España ni Ceuta van a hacerlo.
El presidente sostuvo que la ciudadanía ceutí está demostrando que se puede afrontar una crisis «sin renunciar a la decencia», manteniendo la legalidad y respetando los derechos humanos. «Y saldremos de ella más fuertes precisamente por eso», proclamó. El mensaje tenía un destinatario doméstico evidente. En España, el Partido Popular (PP) y Vox se sumarán este sábado a una marcha en Madrid cuyo manifiesto exige expulsar a los «invasores» y juzgar a Sánchez por traición.
Contra los «egoístas y crueles»
El núcleo del discurso fue un alegato contra quienes, a su juicio, quieren demoler el orden multilateral. Sánchez contrapuso la «motosierra» que ha recortado casi un tercio de la ayuda mundial al desarrollo en apenas dos años con la trayectoria española. Según sus datos, España ha duplicado su inversión en cooperación y ha elevado un 60% su contribución al sistema multilateral. Lamentó también que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se presenten hoy como causas perdidas y que defender el bien común se tache de ingenuo.
Fue la parte con más tono de despedida. Sánchez dijo haber visto crecer durante estos ocho años a fuerzas reaccionarias «egoístas, ignorantes y crueles», capaces de lanzar guerras ilegales, masacrar a civiles y conspirar para destruir la ONU. También habló de los millones de personas movilizadas por la naturaleza, la paz y los derechos civiles. Presentó así su intervención como una llamada al optimismo y aseguró que los españoles no van a «dar un paso atrás».
Reivindicó además la posición que calificó de «valiente» de España ante las guerras de agresión en Ucrania, el Líbano o Irán. Recordó la negativa a elevar el gasto militar al 5%, las sanciones a Rusia, el embargo de armas a Israel y la decisión de impedir el uso del territorio español para agresiones contrarias al derecho internacional. Y condenó «sin matices el genocidio» que, en sus palabras, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sigue perpetrando en Gaza.
Una mujer para suceder a Guterres
El presidente admitió que la ONU necesita una reforma y señaló cuál debería ser el primer gran cambio. Tras nueve hombres al frente de la secretaría general en sus ochenta años de historia, «ahora le toca a una mujer», dijo. Y precisó que debe ser latinoamericana. Se preguntó cómo puede una organización hablar en nombre de toda la humanidad sin haber tenido nunca a una mujer al frente, ni dejar el cargo en manos del tercer continente más poblado desde hace tres décadas. La propuesta apunta directamente al relevo de António Guterres.
La intervención dejó un retrato nítido de la estrategia de Sánchez para el ciclo electoral que se avecina. Frente a una derecha que ha convertido Ceuta en munición contra el Gobierno, el presidente eligió presentar la crisis como prueba de que se puede gestionar la migración sin renunciar a los derechos humanos. La solidez de ese relato se medirá en la propia ciudad autónoma, donde la saturación de los recursos de acogida sigue sin resolverse.