La diputada del PP exhibió un bote de gas pimienta ante Grande-Marlaska para denunciar la inseguridad en Ceuta, y Francina Armengol la expulsó del pleno por mostrar un arma. Poco después, el vaciado del aerosol en dos baños obligó a acordonar dependencias de la Cámara y a atender a 12 trabajadores. Vázquez negó su responsabilidad hasta que un asesor de prensa del grupo popular admitió haberlo accionado.
Lo que el Partido Popular (PP) concibió como un golpe de efecto en la sesión de control al Gobierno terminó con varias zonas del Congreso de los Diputados precintadas por la Policía y 12 trabajadores atendidos por los servicios médicos. La diputada por Ourense Ana Belén Vázquez exhibió ayer desde su escaño un espray de gas pimienta durante su pregunta al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, sobre la situación en Ceuta. La presidenta de la Cámara, Francina Armengol, la expulsó del pleno por mostrar un arma. Lo más grave llegó después, cuando el contenido del bote se propagó por las dependencias parlamentarias.
Eran las 9.45 cuando Vázquez, ya a gritos, sacó el aerosol y lo presentó como «el material escolar básico» en Ceuta. Aludía así a los dispositivos de autodefensa que, según su relato, llevan muchas vecinas de la ciudad autónoma ante la inseguridad. Su intervención llegó en una mañana cargada de improperios. El secretario general del PP, Miguel Tellado, había llamado «sicario» al ministro. Poco después, su compañero Jaime de los Santos llegó a calificar de «criminales» a los miembros del Gobierno.
Un arma según el Reglamento
Armengol dejó responder al ministro antes de llamar al orden a la diputada. Invocó el artículo 101 del Reglamento del Congreso, que impide exhibir armas en sede parlamentaria, y le ordenó abandonar el hemiciclo y entregar el espray a la Policía. La normativa estatal respalda esa calificación. El Reglamento de Armas y una orden ministerial de 1994 consideran arma el recipiente con gas comprimido destinado a la defensa personal. La bancada popular estalló en protestas, y casi todo el grupo se levantó para ovacionar a Vázquez mientras salía a regañadientes. Su líder, Alberto Núñez Feijóo, permaneció sentado.
Minutos después, sin embargo, Feijóo salió al pasillo para cargar contra la presidenta. «Quien inflama el debate es Armengol», aseguró el líder del PP, que se preguntó si habría que detener a todas las niñas y madres de Ceuta por llevar un aerosol en la mochila. «Hay que ser muy indocumentado o tener muy mala fe», añadió. Vázquez, policía de profesión y habitual de las tertulias, recorrió después los platós instalados en el patio del Congreso para presentar su expulsión como un nuevo agravio del sanchismo.
Del hemiciclo a los baños
A las 10.26, la Cámara informó del precinto de los aseos de la segunda planta del edificio situado en el número 36 de la carrera de San Jerónimo, donde tienen sus despachos los grupos parlamentarios. Una delegación de Mauritania de visita en el Congreso había alertado de un olor insoportable, y una de sus integrantes sufrió una indisposición. El rastro irritante se extendió hasta las oficinas de Vox, que tuvieron que ser desalojadas, y alcanzó una cocina y una cafetería. Las puertas de la calle Cedaceros permanecieron abiertas de par en par para ventilar el edificio.
Según el Congreso, los 12 trabajadores atendidos presentaban vómitos e irritación ocular. Vázquez negó una y otra vez haber vaciado el aerosol, que seguía llevando consigo pese a la orden de la presidenta. Hacia las 12.00, un responsable policial se acercó para requisarlo, pero ella no lo entregó hasta las 12.45. Las cámaras de televisión ya habían grabado para entonces lo ocurrido tras su salida del hemiciclo. La diputada se dirigió al patio, donde un empleado del PP se guardó el pulverizador en el bolsillo de la camisa.
Pasadas las 13.00, ese trabajador, un veterano asesor de prensa del grupo popular, reconoció su participación ante los periodistas. Según su versión, Vázquez le pidió que lavara el bote «por si tenía restos por fuera», y él lo activó sin querer primero en un baño y después en otro. «Ana lo traía vaciado», sostuvo. Fuentes parlamentarias ponen en duda esa explicación por el alcance de la propagación. La diputada, por su parte, atribuyó el revuelo a «la película que se montan estos socialistas».
Malestar en las filas populares
El Gobierno y sus socios respondieron con dureza. El portavoz socialista en el Congreso, Patxi López, escribió en X que los populares son «cada vez más un partido antisistema y cada vez menos un partido de gobierno». El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, habló de otra muestra del matonismo político de la formación. La diputada de Más Madrid Tesh Sidi advirtió de que el mismo gesto, protagonizado por un diputado de izquierdas, acabaría en la Audiencia Nacional. Néstor Rego, del Bloque Nacionalista Galego (BNG), lo calificó de «vergoña».
El episodio tampoco sentó bien en el propio grupo popular. Varios diputados lamentaron que la actuación de su compañera se le hubiera ido de las manos y desviara el foco de la ofensiva contra el Gobierno. El PP quería centrarla en las declaraciones de un abogado próximo a Leire Díez sobre la jueza que instruye la causa contra el hermano de Pedro Sánchez. «Es un error distraer de lo importante», admitió uno de ellos. Ceuta, la ciudad que Vázquez pretendía situar en el centro del debate, quedó relegada en plena alerta migratoria.