La percepción de la inmigración se ha endurecido entre las mujeres y Vox empieza a reducir una de sus principales brechas electorales. El porcentaje de españolas que lo considera el partido más capacitado para gestionar la llegada de extranjeros casi se ha duplicado en dos años. La ultraderecha explota ese cambio vinculando inmigración, inseguridad y protección femenina mediante una estrategia conocida como «feminacionalismo».
Vox ha encontrado en la inmigración una vía para penetrar en uno de los electorados que más resistencia le ha ofrecido desde su irrupción. En septiembre de 2024, solo el 13% de las mujeres consideraba al partido de Santiago Abascal el más capacitado para gestionar la llegada de extranjeros. Dos años después son el 25,4%. Entre los hombres también ha avanzado, pero bastante menos, del 22,6% al 28,8%. La brecha de casi diez puntos entre ambos sexos se ha reducido así a 3,4. Y entre las mujeres Vox ha pasado del tercer puesto al primero en esta cuestión.
El movimiento coincide con un endurecimiento de la percepción femenina de la inmigración. Los últimos datos de 40dB. muestran que solo el 28,9% de las mujeres mantiene una visión positiva, 8,6 puntos menos que los hombres. More in Common detecta además un cambio durante la crisis de Ceuta. En julio, el 27,8% de ellas situaba la inmigración entre los tres principales problemas de España, frente al 30,4% de ellos. Ahora los porcentajes son del 47,5% y el 44,2%, respectivamente. La coincidencia temporal no demuestra que Ceuta sea la causa del cambio, pero proporciona un contexto especialmente favorable para el discurso que Vox lleva meses desarrollando.
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La preocupación por la inmigración ya no es mayor entre los hombres
La imagen de unas mujeres sistemáticamente más favorables a la inmigración que los hombres encaja cada vez peor con los datos. La Encuesta Nacional de Polarización ya ha detectado una extensión de las percepciones negativas en distintos países europeos. José Miguel Rojo, investigador especializado en extrema derecha y opinión pública, advierte de que atribuir a las mujeres posiciones más favorables por su supuesta mayor empatía o vinculación con los cuidados responde también a una visión estereotipada de las diferencias entre ambos sexos.
En España, la brecha de género se cruza además con otra mucho más pronunciada, la generacional. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, solo el 21,5% mantiene una percepción positiva de la inmigración, frente al 40,9% entre los mayores de 65. El rechazo no puede explicarse, por tanto, mediante una única variable. Lo novedoso es que las mujeres aparecen ahora ligeramente por encima de los hombres en algunos indicadores de preocupación y apoyo a posiciones restrictivas, modificando un terreno electoral que durante años había resultado particularmente desfavorable para Vox.
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Vox convierte la seguridad de las mujeres en política migratoria
La estrategia puede seguirse a través de varias campañas. En noviembre de 2025, Vox llevó al Congreso una iniciativa para prohibir el burka y el niqab apelando a la libertad y la dignidad de las «mujeres españolas». En mayo, durante la campaña electoral andaluza, utilizó carteles con la imagen de una joven y una pregunta directamente asociada a la inseguridad. «¿Te da miedo volver sola a casa de noche?», planteaba antes de ofrecer su respuesta: «La inmigración masiva tiene consecuencias».
La crisis de Ceuta ha permitido intensificar ese marco. Santiago Abascal ha hablado de «invasores» responsables de desatar el «terror sexual», vinculando nuevamente inmigración y amenaza para las mujeres. La operación discursiva transforma un problema universal como la violencia sexual en una frontera identitaria. La víctima potencial es presentada como una mujer perteneciente a la comunidad nacional y el peligro queda asociado al extranjero, especialmente al inmigrante procedente de sociedades musulmanas. La protección femenina pasa así a funcionar como argumento para defender políticas migratorias restrictivas.
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El feminacionalismo convierte los derechos en una frontera identitaria
La socióloga Sara R. Farris denominó «feminacionalismo» a la convergencia entre discursos nacionalistas y determinadas apelaciones a los derechos de las mujeres utilizadas para legitimar políticas contra la inmigración y el islam. El mecanismo no consiste simplemente en que un partido de derechas hable de igualdad. Lo característico es construir una oposición entre unas mujeres nativas supuestamente emancipadas y unos hombres extranjeros presentados como amenaza, mientras las mujeres musulmanas aparecen frecuentemente como víctimas de su propia cultura.
El concepto ayuda a interpretar la estrategia de Vox sin demostrar por sí mismo sus efectos electorales. Carmen Lumbierres, politóloga y profesora de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, lo sintetiza como una inversión de consignas procedentes del feminismo para dirigirlas contra el inmigrante. La paradoja es que Vox mantiene un enfrentamiento abierto con buena parte de las políticas feministas y de igualdad desarrolladas en España. Los especialistas consultados consideran que esa trayectoria limita todavía su credibilidad para presentarse como defensor de las mujeres, aunque los últimos datos muestran que esa barrera puede estar debilitándose.
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Vox aspira a reducir así una de sus principales brechas electorales
La evolución de los últimos dos años resulta especialmente significativa porque el desequilibrio entre hombres y mujeres ha acompañado a Vox desde sus primeros éxitos electorales. En septiembre de 2024, casi el 23% de los hombres consideraba que era el partido más preparado para gestionar la inmigración, frente al 13% de las mujeres. Ahora la diferencia se ha reducido a poco más de tres puntos porque el porcentaje femenino prácticamente se ha duplicado. El cambio también aparece, con indicadores diferentes, en las series sobre intención de voto de 40dB. y del Centro de Investigaciones Sociológicas.
Conviene no confundir ambas variables. Considerar a Vox el partido más capacitado para gestionar la inmigración no significa necesariamente tener intención de votarlo. Pero la evolución revela que una de sus principales propuestas está penetrando con mayor intensidad entre las mujeres. Hace dos años el PSOE era la formación preferida por ellas para afrontar la cuestión migratoria y Vox ocupaba la tercera posición. Ahora es el primero. El partido de Abascal reduce así una desventaja que había limitado su capacidad para ampliar su base más allá de un electorado tradicionalmente mucho más masculino.
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Mujeres y jóvenes abren dos vías diferentes de crecimiento
Entre los jóvenes, la penetración del discurso migratorio de Vox está mucho más avanzada. El 40,8% de los encuestados entre 18 y 24 años lo considera la formación más capacitada para gestionar la inmigración. La combinación de edad y género dibuja, por tanto, transformaciones diferentes. La fortaleza entre los jóvenes lleva años apareciendo en los estudios demoscópicos, mientras el acercamiento de las mujeres es más reciente y parte de niveles considerablemente inferiores.
Los especialistas encuentran antecedentes en otros países europeos. Francia ofrece el ejemplo más desarrollado de una ultraderecha que ha conseguido reducir significativamente su brecha de género, mientras procesos semejantes se han observado en Italia o Alemania. En España, Vox continúa arrastrando las contradicciones entre su utilización de los derechos femeninos frente a la inmigración y su oposición a buena parte de la agenda feminista. Mientras esa tensión permanece, el partido insiste en campañas sobre el velo, la inseguridad en los barrios y la violencia sexual para asociar la protección de las mujeres con su política migratoria.