Pedro Sánchez asegura que tiene «ganas y fuerzas» para volver a presentarse a las elecciones generales y tratar de revalidar el Gobierno de coalición. El presidente cierra así las especulaciones sobre una posible sucesión y anuncia que contará en campaña con José Luis Rodríguez Zapatero, investigado en la Audiencia Nacional por presunto tráfico de influencias, entre otros delitos, cuya inocencia defiende expresamente.
Pedro Sánchez quiere volver a ser candidato a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales de 2027. El jefe del Ejecutivo ha ratificado que tiene «ganas y fuerzas» para presentarse de nuevo y considera que dispone de respaldo suficiente dentro y fuera del PSOE para intentar revalidar un Gobierno de coalición. La declaración despeja, al menos por ahora, las especulaciones sobre una posible sucesión al frente de los socialistas y confirma que Sánchez pretende afrontar personalmente unas elecciones en las que PP y Vox aparecen como alternativa a la actual mayoría parlamentaria.
El presidente no ha querido precisar cuándo convocará las elecciones más allá de confirmar que se celebrarán en 2027. Asegura que elegirá «el momento en el que más convenga al interés general de los españoles» y no en función del interés partidista. Sánchez llega así al último tramo de la legislatura reivindicando la continuidad de su proyecto político después de ocho años al frente del Gobierno, primero en solitario y desde 2020 mediante diferentes fórmulas de coalición con el espacio político situado a la izquierda del PSOE.
Zapatero seguirá en primera línea
La confirmación de su candidatura ha venido acompañada de otra decisión políticamente significativa. Sánchez garantiza que contará durante la campaña con José Luis Rodríguez Zapatero, pese a la situación judicial que atraviesa el expresidente. «Yo creo a José Luis Rodríguez Zapatero», ha afirmado durante una entrevista en Televisión Española, al tiempo que reivindicaba su legado y reclamaba respeto por su presunción de inocencia.
Zapatero está investigado en la Audiencia Nacional por presunto tráfico de influencias, entre otros delitos. Su situación judicial no ha llevado a Sánchez a tomar distancias con quien se ha convertido durante los últimos años en uno de sus principales apoyos políticos. El expresidente ha participado activamente en campañas electorales, negociaciones y actos del PSOE, y Sánchez deja claro que pretende mantenerlo a su lado cuando llegue la próxima cita con las urnas.
El presidente ha extendido esa defensa al conjunto de las acusaciones que afectan al PSOE. También ha cuestionado que algunos medios otorguen credibilidad a Víctor de Aldama, al que ha calificado de «delincuente», cuando este sostiene que existieron pagos millonarios al partido. Sánchez niega que haya habido financiación ilegal y asegura que el PSOE se defenderá en caso de que llegue a ser imputado.
Sánchez corta las especulaciones sobre su sucesión
La decisión de continuar despeja también las quinielas que habían comenzado a circular sobre posibles candidatos socialistas para sustituirlo. Algunos miembros del Gobierno, entre ellos el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y el titular de Transportes, Óscar Puente, han aparecido como eventuales sucesores. Sánchez utiliza precisamente esos nombres para defender la fortaleza de su equipo y sostiene que demuestran que dispone de personas «muy buenas y muy capaces» en el Ejecutivo.
Pero no contempla por ahora cederles el testigo. Su intención es intentar un nuevo mandato y revalidar una mayoría que permita mantener el Gobierno de coalición. La confirmación resulta especialmente relevante cuando queda como máximo alrededor de un año para las elecciones y la legislatura afronta dificultades parlamentarias, el desgaste provocado por diferentes investigaciones judiciales y una creciente confrontación política entre los dos grandes bloques.
Sánchez presenta además su permanencia como una garantía frente a un eventual Ejecutivo integrado o sostenido por la derecha radical. Considera positiva la alternancia democrática, pero sostiene que una alternativa en la que al PP se sume Vox deja de representar una alternancia convencional para convertirse en una «amenaza de involución». La posibilidad de un Gobierno encabezado por Alberto Núñez Feijóo y condicionado por Santiago Abascal vuelve así a ocupar un lugar central en el argumento con el que el presidente pretende movilizar al electorado progresista.
Ocho años de Gobierno y otro mandato en disputa
Sánchez reivindica frente a esa alternativa la estabilidad proporcionada por sus gobiernos desde que llegó a La Moncloa en junio de 2018. «España está viviendo uno de sus mejores momentos», sostiene el presidente, que vincula su decisión de continuar a la evolución económica y social del país y a la posibilidad de prolongar las políticas desarrolladas durante sus mandatos.
Su trayectoria al frente del Ejecutivo ha atravesado escenarios políticos muy diferentes. Llegó mediante una moción de censura contra Mariano Rajoy, ganó las dos elecciones generales celebradas en 2019 y consiguió mantenerse en el Gobierno después de quedar segundo tras el PP en las elecciones de julio de 2023. La investidura posterior dependió de una mayoría parlamentaria heterogénea formada por fuerzas de izquierda y partidos nacionalistas e independentistas.
Esa mayoría continuará condicionando el tiempo que resta de legislatura mientras Sánchez evita comprometer una fecha concreta para las urnas. Lo que sí ha despejado es quién pretende encabezar nuevamente al PSOE cuando llegue ese momento. También quién estará entre sus apoyos durante la campaña: Zapatero continuará acompañándolo pese a la investigación judicial abierta en la Audiencia Nacional y después de que el actual presidente haya convertido su defensa en una posición política explícita.