Marco Rubio abrió en Colombia una gira que también lo llevará a Ecuador y Perú con una agenda que va mucho más allá del narcotráfico. Seguridad, minerales críticos, energía nuclear y comercio dibujan el intento de Washington de recuperar centralidad en América Latina, aprovechando la llegada de gobiernos políticamente más próximos a Donald Trump. Bogotá quiere volver a ser el gran socio estratégico de Estados Unidos en Sudamérica.
En Barranquilla, Rubio se reunió con el presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, quien asumió el poder hace apenas un mes. El encuentro escenificó el relanzamiento de una relación deteriorada durante la presidencia de Gustavo Petro. El nuevo mandatario colombiano aspira a que su país vuelva a convertirse en el principal socio estadounidense en materia de seguridad hemisférica en Sudamérica.
La lucha contra el narcotráfico ocupa un lugar central. Washington ha elogiado las primeras operaciones emprendidas por el nuevo Gobierno colombiano contra organizaciones armadas y criminales, mientras Bogotá busca reforzar sus capacidades mediante cooperación estadounidense en inteligencia, entrenamiento y equipamiento.
Mucho más que narcotráfico
Pero reducir la visita a la seguridad sería perder buena parte de su alcance estratégico. Colombia y Estados Unidos firmaron en Barranquilla dos memorandos sobre minerales críticos y cooperación nuclear civil.
El primero busca desarrollar cadenas de suministro de minerales estratégicos y tierras raras, mientras el segundo contempla cooperación tecnológica, científica y regulatoria en energía nuclear civil, incluidos potencialmente pequeños reactores modulares, medicina nuclear y aplicaciones agrícolas.
La agenda revela una transformación de la relación bilateral: seguridad, recursos estratégicos, tecnología y energía empiezan a formar parte de un mismo tablero geopolítico.
La gira de Rubio continuará por Ecuador y Perú. No es un detalle menor. Los tres países cuentan actualmente con gobiernos receptivos a una cooperación reforzada con Washington. La visita permite así a Estados Unidos consolidar una red de alianzas en un momento en que busca reafirmar su influencia hemisférica.
El regreso de Washington tiene también sus interrogantes
Para Colombia, la nueva relación ofrece ventajas evidentes: tecnología, inversión, cooperación militar y acceso privilegiado a Washington. Para Estados Unidos, supone recuperar a un aliado histórico y reforzar su posición en una región estratégica.
Pero una alianza tan estrecha plantea inevitablemente preguntas sobre sus límites. Sectores críticos colombianos temen que el reforzamiento de la cooperación militar reduzca el margen de autonomía de Bogotá o favorezca una estrategia excesivamente militarizada frente al narcotráfico y los grupos armados.
Rubio no está recorriendo América Latina únicamente para combatir la cocaína. Washington está reconstruyendo posiciones políticas, económicas y estratégicas en su propio hemisferio. Colombia es la primera pieza visible de esa nueva arquitectura; Ecuador y Perú permitirán comprobar hasta dónde pretende llegar.