El Mediterráneo alcanza los 28,54 grados y bate su récord térmico desde al menos 1940

07 septembre 2026 - 07:43
Anomalías de la temperatura superficial del Mediterráneo. Las zonas rojas corresponden a aguas más cálidas que la media histórica. © Copernicus Marine Service.

Anomalías de la temperatura superficial del Mediterráneo. Las zonas rojas corresponden a aguas más cálidas que la media histórica. © Copernicus Marine Service.

El calentamiento excepcional de sus aguas amenaza la biodiversidad, reduce la disponibilidad de oxígeno y puede reforzar determinados episodios meteorológicos extremos

La temperatura superficial del mar Mediterráneo alcanzó el pasado 13 de agosto una media diaria de 28,54 grados, el valor más elevado registrado en el conjunto de esta cuenca desde que existen datos comparables, al menos desde 1940, según la Agencia Estatal de Meteorología de España (AEMET).

El dato representa la temperatura media de la superficie de todo el Mediterráneo y no significa que sus aguas presentaran valores uniformes. Algunas zonas costeras y puntos de medición registraron temperaturas considerablemente superiores, mientras que otras áreas permanecieron por debajo de esa media.

Durante prácticamente todo agosto, el Mediterráneo encadenó récords térmicos diarios, prolongando una situación excepcional iniciada a finales de junio. En ese momento, la temperatura media del agua llegó a situarse aproximadamente 2,6 grados por encima de los valores habituales para esa época del año. El mar presentaba ya condiciones propias de la segunda mitad de agosto, periodo en el que normalmente alcanza su máximo térmico anual.

Este comportamiento se inscribe en una tendencia más amplia. Los datos científicos muestran que las olas de calor marinas se han vuelto más frecuentes, prolongadas e intensas como consecuencia del calentamiento global. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático estima que su frecuencia mundial se ha duplicado aproximadamente desde la década de 1980 y considera que la influencia humana ha contribuido a la mayoría de estos episodios desde, al menos, 2006.

Una ola de calor marina no se define únicamente por una temperatura elevada. Se trata de un periodo durante el cual el agua permanece durante varios días excepcionalmente caliente respecto a los valores normales del lugar y de la estación. En el Mediterráneo, estos episodios pueden verse favorecidos por situaciones anticiclónicas persistentes, vientos débiles, fuerte radiación solar y una menor mezcla entre las aguas superficiales y las capas profundas.

Las consecuencias van más allá de la sensación térmica en las playas. El agua caliente contiene menos oxígeno disuelto y refuerza la estratificación, es decir, la separación entre las capas superficiales cálidas y las aguas profundas más frías. Esta situación dificulta el intercambio de oxígeno y nutrientes y puede someter a un fuerte estrés a peces, moluscos, corales, gorgonias, esponjas y praderas de posidonia.

Estudios realizados en el Mediterráneo han relacionado las olas de calor marinas con episodios de mortalidad masiva de organismos bentónicos, pérdida de biodiversidad y alteraciones de las cadenas alimentarias. También pueden favorecer el desplazamiento de especies hacia aguas más frías y la expansión de especies termófilas o invasoras.

El calentamiento del mar también repercute en las costas. Puede dificultar el descenso de las temperaturas durante la noche y aumentar la humedad ambiental. Además, una superficie marina excepcionalmente cálida aporta más vapor de agua y energía a la atmósfera. Sin embargo, por sí sola no provoca lluvias torrenciales: para que se produzcan son necesarios otros factores, como aire frío en altura, inestabilidad atmosférica y una configuración favorable de los vientos.

El récord de 28,54 grados constituye, por tanto, una señal climática y ecológica de gran alcance. La vigilancia mediante satélites, boyas y observaciones oceanográficas será esencial para conocer la duración del episodio y evaluar sus efectos sobre los ecosistemas, la pesca, la acuicultura y las comunidades costeras del Mediterráneo.

Compartir el artículo