Unos 273.000 electores votan este sábado en un referéndum muy ajustado sobre la reanudación de las negociaciones de adhesión, suspendidas en 2013. La consulta no determina el ingreso del país en la UE: cualquier acuerdo alcanzado con Bruselas tendría que someterse posteriormente a una nueva votación. La pesca, el coste del crédito y la incertidumbre geopolítica dominan el debate.
Islandia decide este sábado si retoma el camino hacia la Unión Europea más de una década después de haber suspendido sus negociaciones de adhesión. Los aproximadamente 273.000 ciudadanos convocados a las urnas deben responder a una pregunta concreta: si el Gobierno debería reabrir las conversaciones con Bruselas.
El alcance de la consulta es limitado, pero su importancia política resulta considerable. Una victoria del “sí” no convertiría automáticamente a Islandia en miembro de la UE. Abriría una negociación sobre las condiciones de ingreso y el eventual acuerdo tendría que recibir el respaldo de los islandeses en un segundo referéndum.
Los últimos sondeos apuntan a una votación muy reñida. En ella confluyen preocupaciones económicas internas, la defensa del control nacional sobre los recursos naturales y un escenario internacional que ha cambiado profundamente desde que Reikiavik congeló las conversaciones en 2013.
La pesca, principal línea roja
Islandia solicitó formalmente la adhesión en 2009, después de que la crisis financiera golpeara con dureza su sistema bancario y su economía. Las negociaciones avanzaron durante varios años, pero quedaron paralizadas tras la llegada al poder de un Gobierno euroescéptico.
El principal obstáculo continúa siendo la pesca, responsable de cerca del 40 % de las exportaciones islandesas. Reikiavik aspira a conservar el control exclusivo de sus aguas y de sus cuotas pesqueras, mientras que el ingreso en la UE obligaría a negociar su encaje en la política pesquera común.
Bruselas afirma que podrían buscarse soluciones adaptadas a las particularidades islandesas. Sin embargo, cualquier concesión tendría que conciliar los intereses de Islandia con los de los Estados miembros, por lo que el resultado de una eventual negociación está lejos de estar asegurado.
Para los partidarios del “no”, el país ya disfruta de buena parte de las ventajas económicas de la integración gracias a su pertenencia al Espacio Económico Europeo. Islandia participa en el mercado único sin estar sometida a todas las políticas comunitarias, aunque tampoco interviene plenamente en la elaboración de muchas de las normas que debe aplicar.
La corona, las hipotecas y el atractivo del euro
El país atraviesa una etapa de prosperidad, pero también soporta una inflación elevada y tipos de interés que presionan a los hogares. Algunas hipotecas soportan intereses de hasta el 9 %, circunstancia que ha reforzado entre ciertos electores el atractivo de la estabilidad monetaria europea.
No obstante, la adhesión a la UE no supondría la entrada inmediata en la eurozona. Islandia tendría que cumplir los criterios económicos correspondientes y recorrer un proceso adicional antes de sustituir la corona por el euro. Por ello, presentar la consulta como un voto directo sobre la moneda común sería una simplificación.
El debate enfrenta así dos percepciones de la soberanía. Para los euroescépticos, integrarse en la Unión reduciría la capacidad islandesa para decidir sobre la pesca y otras políticas esenciales. Para los europeístas, permanecer fuera significa aceptar numerosas reglas del mercado único sin participar plenamente en las instituciones que las elaboran.
Una votación marcada por la geopolítica
La seguridad ha adquirido un peso que no tenía durante el anterior proceso negociador. La invasión rusa de Ucrania alteró el equilibrio estratégico europeo, mientras que la política de Estados Unidos y las tensiones en torno a Groenlandia han introducido nuevas dudas sobre la estabilidad del orden atlántico.
Islandia ocupa una posición estratégica en el Atlántico Norte y el espacio subártico. Carece de ejército propio y depende para su defensa de la OTAN —de la que es miembro fundador— y de un acuerdo bilateral suscrito con Estados Unidos en 1951.
Aunque la UE no sustituiría esas garantías militares, sus partidarios consideran que la integración proporcionaría una protección política y económica adicional. Sus detractores responden que la pertenencia a la OTAN y al Espacio Económico Europeo ya cubre las necesidades fundamentales del país.
Los colegios electorales cerrarán a las 22.00 GMT y, al no estar previstos sondeos a pie de urna, los primeros resultados fiables se conocerán durante la noche. Bruselas seguirá el escrutinio con especial atención: Islandia sería un candidato rico, democráticamente consolidado y ya ampliamente integrado en las estructuras europeas.
El referéndum no decidirá todavía si Islandia entra en la Unión. Determinará si los islandeses están dispuestos a conocer las condiciones concretas que Bruselas ofrecería antes de pronunciarse definitivamente.