Aznar lleva a Ceuta la ofensiva del PP contra Sánchez

27 août 2026 - 16:35

El expresidente José María Aznar visita este jueves la ciudad autónoma para reunirse con Juan Jesús Vivas, mientras el Partido Popular intensifica su ofensiva contra el Gobierno por la gestión de la crisis migratoria. El viaje incorpora además un poderoso componente histórico: Aznar gobernaba España durante la crisis del islote de Perejil de 2002, uno de los episodios de mayor tensión entre España y Marruecos de las últimas décadas.

José María Aznar visita este jueves Ceuta cuando todavía no se ha cumplido un mes desde la entrada masiva de unas 80.000 personas que abrió una crisis migratoria, humanitaria y política aún sin cerrar. El expresidente tiene previsto reunirse con el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, y estará acompañado por Juan Bravo, vicesecretario de Hacienda, Vivienda e Infraestructuras del Partido Popular. La presencia de Aznar se produce además cuando el PP mantiene una intensa ofensiva contra Pedro Sánchez por la gestión de la crisis y exige nuevas explicaciones sobre la información que manejó el Gobierno antes del 30 de julio.

El viaje tiene una dimensión política que trasciende la agenda de un expresidente. Aznar presidió el Gobierno entre 1996 y 2004 y protagonizó uno de los periodos más tensos de las relaciones contemporáneas entre España y Marruecos. Su presencia en Ceuta recupera inevitablemente el recuerdo de la crisis de Perejil, aunque las circunstancias de 2002 y las actuales sean sustancialmente diferentes. La visita llega además mientras el debate sobre la avalancha migratoria continúa afectando a la relación bilateral y el PP cuestiona tanto la respuesta de la Moncloa como algunos aspectos de su política hacia Rabat.

Aznar vuelve a Ceuta 26 años después

Aznar ya visitó Ceuta como presidente del Gobierno en 2000, un desplazamiento que provocó entonces el rechazo de Marruecos. Dos años después se produjo la crisis de Perejil. Un grupo de gendarmes marroquíes desembarcó en el pequeño islote el 11 de julio de 2002 y permaneció allí hasta que una operación militar española recuperó su control. La intervención abrió uno de los momentos de mayor confrontación entre ambos países y obligó finalmente a la mediación de Estados Unidos para reconducir la situación.

El episodio forma parte de la trayectoria política del expresidente y explica el simbolismo que adquiere su regreso en las actuales circunstancias. Marruecos mantiene su reivindicación sobre Ceuta y Melilla, además de otros territorios españoles del norte de África, mientras España considera indiscutible su soberanía sobre las dos ciudades autónomas. Esa discrepancia permanece abierta, aunque durante las últimas décadas ambos gobiernos hayan procurado gestionar la relación bilateral mediante la cooperación en ámbitos como seguridad, inmigración, comercio o lucha contra el terrorismo.

El PP intensifica la presión sobre Sánchez

La visita se integra además en la ofensiva política que el Partido Popular desarrolla desde el comienzo de la crisis. Alberto Núñez Feijóo ha acusado reiteradamente al Gobierno de reaccionar tarde ante la avalancha y ha reclamado explicaciones sobre las alertas disponibles antes del 30 de julio. El PP exige también que se reúna la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso para esclarecer qué información manejó el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), después de que las declaraciones de Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska hayan mostrado diferencias sobre el alcance de los avisos previos.

El propio Vivas ha endurecido durante los últimos días sus críticas al Ejecutivo. El presidente ceutí sostiene que existían señales que permitían anticipar un incremento de la presión migratoria y ha cuestionado la respuesta inicial del Gobierno. La presencia de Aznar ofrece así al PP otra oportunidad para proyectar su posición desde el propio escenario de la crisis. La incógnita reside en el discurso que adopte el expresidente y, particularmente, en si concentra sus críticas en Sánchez o introduce también la política española hacia Marruecos en una cuestión especialmente sensible para las relaciones bilaterales.

Una relación con Marruecos cargada de precedentes

El contexto actual es muy diferente del existente durante la crisis de Perejil. España y Marruecos mantienen hoy una cooperación institucional mucho más desarrollada y la gestión de los movimientos migratorios constituye uno de sus principales ámbitos de colaboración. La avalancha del 30 de julio ha sometido esa relación a una nueva prueba, pero las informaciones conocidas hasta ahora no permiten equiparar lo ocurrido con una confrontación territorial entre los dos Estados. Tampoco el análisis presentado por Defensa ha atribuido a Marruecos la organización directa de la entrada masiva.

Precisamente por esas diferencias, el precedente de Perejil debe funcionar como contexto y no como explicación de la crisis actual. Aznar representa una etapa de las relaciones hispano-marroquíes marcada por enfrentamientos que alcanzaron una dimensión desconocida posteriormente. Su regreso a Ceuta se produce cuando el PP reclama mayor firmeza al Gobierno, pero cualquier posición que adopte sobre Rabat tendrá una resonancia distinta de la que tendría la visita de otro dirigente popular. El peso de aquella crisis forma parte inevitable del significado político del viaje.

La presencia del expresidente llega también cuando Ceuta continúa afrontando las consecuencias de la entrada masiva. Miles de personas permanecen todavía en la ciudad y las administraciones trabajan en solicitudes de protección internacional, retornos y otras soluciones individualizadas. Paralelamente, parte de la ciudadanía ha comenzado a movilizarse para reclamar una respuesta más rápida. Más de 2.000 personas participaron esta semana en una protesta que terminó ante la Delegación del Gobierno, muestra de una presión social que se añade al enfrentamiento político desarrollado en Madrid.

Aznar entra así en una crisis que el PP ha situado entre sus principales frentes contra Sánchez. Su visita puede reforzar la presión sobre el Ejecutivo y ofrecer respaldo político a Vivas, pero incorpora además una dimensión que obliga a observar cuidadosamente sus palabras. Veinticuatro años después de Perejil, el expresidente vuelve a situarse en uno de los escenarios más sensibles de la relación entre España y Marruecos. Lo que haga con ese precedente dependerá del mensaje que decida trasladar desde Ceuta.

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