El análisis presentado por Margarita Robles en el Congreso considera la entrada masiva una posible amenaza híbrida impulsada en redes sociales por un «actor interesado» con una finalidad política, aunque no identifica quién estaría detrás. El informe del Estado Mayor de la Defensa descarta al mismo tiempo que Marruecos utilizara directamente la inmigración como instrumento de presión contra España, mientras permanecen abiertas numerosas incógnitas sobre el origen de la movilización.
Casi un mes después de la avalancha sobre Ceuta, el Gobierno dispone de una primera interpretación sobre cómo pudo gestarse una movilización que llevó a decenas de miles de personas hacia la frontera en apenas unas horas. Margarita Robles expuso en el Congreso las conclusiones de un informe elaborado por el Estado Mayor de la Defensa que contempla la crisis como una posible «amenaza híbrida». El documento apunta a la existencia de un «actor interesado» que habría utilizado las redes sociales con una «clara finalidad política», pero no identifica quién pudo desempeñar ese papel ni aporta elementos que permitan atribuirlo a un Estado concreto.
La precisión resulta especialmente importante por las acusaciones formuladas durante las últimas semanas contra Marruecos. El análisis de Defensa descarta que Rabat utilizara directamente la inmigración irregular como instrumento de presión contra España. La conclusión no resuelve todas las preguntas sobre la actuación marroquí durante el 30 de julio, pero establece una diferencia fundamental entre organizar deliberadamente una operación, conocer una movilización en marcha, tolerarla durante determinadas horas o ser incapaz de contenerla. Son escenarios distintos y, con la información disponible, no pueden presentarse como equivalentes.
Una movilización que comenzó mucho antes del 30 de julio
El análisis de Defensa reconstruye una primera fase de preparación vinculada a las redes sociales. Tras la sentencia del Tribunal Supremo que restringió las denominadas devoluciones en caliente, comenzaron a circular contenidos con instrucciones prácticas sobre cómo alcanzar Ceuta, qué material utilizar para cruzar a nado y cuáles podían ser los puntos más accesibles de la frontera. Las autoridades españolas detectaron durante julio un aumento de la presión migratoria y el CNI fue trasladando información sobre ese incremento a los organismos responsables de la seguridad.
La convocatoria adquirió otra dimensión en vísperas del 30 de julio. Una cuenta de Facebook asociada a un grupo de WhatsApp denominado «Todos a Ceuta» experimentó un crecimiento muy rápido y llegó a superar los 180.000 seguidores. El día anterior a la avalancha, agentes del CNI alertaron del aumento de los mensajes que llamaban a intentar la entrada coincidiendo con la Fiesta del Trono. La existencia de esas señales no significa que los servicios españoles conocieran la dimensión que alcanzaría el movimiento. Ninguna de las comunicaciones conocidas anticipó la llegada de unas 80.000 personas.
Las imágenes multiplicaron el efecto llamada
Defensa identifica una segunda fase a partir de aproximadamente las 11.30 horas del 30 de julio. Las primeras imágenes de personas cruzando la frontera y alcanzando Ceuta comenzaron a difundirse masivamente por las plataformas digitales. La percepción de que el paso estaba abierto habría multiplicado rápidamente la movilización. El informe sostiene que una parte importante de quienes terminaron desplazándose hacia la ciudad no había preparado previamente el viaje, sino que decidió hacerlo al comprobar en tiempo real que otras personas estaban consiguiendo entrar.
Esta dinámica resulta relevante para entender el carácter de la avalancha. Una convocatoria digital previa pudo contribuir a concentrar a los primeros grupos, pero el crecimiento posterior habría respondido también a una reacción en cadena. TikTok, Facebook, WhatsApp y otras plataformas permitieron que las imágenes circularan de forma inmediata y transformaran una movilización inicialmente más limitada en una oportunidad percibida por decenas de miles de jóvenes. Defensa considera que ese proceso pudo ser aprovechado por «agentes desestabilizadores», aunque tampoco en este punto identifica responsables concretos.
Marruecos conocía el aumento de la presión
La ausencia de una atribución directa a Rabat tampoco significa que las autoridades marroquíes desconocieran lo que estaba ocurriendo. Los contactos mantenidos por el CNI con las fuerzas auxiliares marroquíes habían detectado un incremento de personas en Castillejos, junto a la frontera. Servicios policiales del país también habrían trasladado a Interior comentarios sobre el aumento de mensajes publicados por potenciales nadadores. Esos indicios muestran conocimiento de una presión creciente, pero no permiten establecer hasta dónde llegaba la información disponible ni si Marruecos podía prever la dimensión que adquiriría finalmente la movilización.
La distinción es especialmente necesaria porque la crisis de 2026 ha sido interpretada desde el principio a través del precedente de mayo de 2021. Entonces, España y Marruecos atravesaban una crisis diplomática por la hospitalización en territorio español del dirigente del Frente Polisario Brahim Ghali. Un informe posterior del CNI interpretó aquella entrada masiva como una utilización de la presión migratoria por parte marroquí vinculada al conflicto sobre el Sáhara Occidental. El análisis presentado ahora por Defensa no establece esa misma conclusión para los acontecimientos del pasado 30 de julio.
Una amenaza híbrida todavía sin autor identificado
La utilización del concepto de amenaza híbrida introduce, sin embargo, una cuestión que el Gobierno todavía debe aclarar. Este tipo de estrategias combina instrumentos convencionales y no convencionales para generar presión o desestabilización, y puede incluir campañas de desinformación, manipulación digital o instrumentalización de movimientos sociales. Calificar la crisis de Ceuta dentro de ese marco exige determinar qué parte de la movilización fue espontánea, qué contenidos fueron deliberadamente amplificados y si existió una estructura capaz de orientar el fenómeno hacia objetivos políticos concretos.
Por ahora, la información presentada por Robles no permite responder a esas preguntas. Existe evidencia de una convocatoria previa, de un crecimiento extraordinario de determinados canales digitales y de una amplificación posterior mediante imágenes de las primeras entradas. El informe habla además de un «actor interesado». No consta, sin embargo, una atribución pública de ese comportamiento a Marruecos, otro Estado o una organización determinada. Convertir esa hipótesis en una acusación supondría ir más allá de las conclusiones conocidas del propio análisis de Defensa.
La cuestión tampoco puede reducirse a decidir entre una operación organizada desde el exterior y una movilización completamente espontánea. La secuencia descrita apunta a un fenómeno más complejo. Una convocatoria inicial pudo crear las condiciones para las primeras entradas, mientras su difusión masiva generó posteriormente una dinámica difícil de controlar. Las condiciones sociales de numerosos jóvenes marroquíes y la percepción de una oportunidad para alcanzar territorio europeo ayudan igualmente a explicar por qué decenas de miles de personas respondieron en tan poco tiempo a los mensajes que circulaban.
La investigación deberá establecer ahora si alguien intervino deliberadamente para transformar esa movilización en una herramienta de presión y, en ese caso, con qué finalidad. Hasta entonces, la principal conclusión del análisis de Defensa es doble. La avalancha presenta elementos compatibles con una amenaza híbrida y existen indicios de una amplificación interesada en redes, pero no se ha identificado públicamente a su responsable. Y, frente a las acusaciones dirigidas durante semanas contra Rabat, el informe manejado por el Gobierno no atribuye a Marruecos la organización directa de la entrada masiva.