El Instituto Nacional de Estadística sitúa a España en 49,8 millones de habitantes a 1 de julio de 2026, el máximo histórico de la serie. El crecimiento del segundo trimestre del año se debe en su totalidad al aumento de personas nacidas en el extranjero, que superan por primera vez el 20% de la población total, mientras la nacida en España continúa reduciéndose.
La población residente en España alcanzó los 49.801.559 habitantes a 1 de julio de 2026 tras sumar 104.178 personas en el segundo trimestre del año, según los datos provisionales de la Estadística Continua de Población que publicó ayer el Instituto Nacional de Estadística (INE). La cifra representa el «valor máximo de la serie histórica» de la estadística y sitúa al país a menos de doscientas mil personas de superar la barrera de los 50 millones. En términos anuales, el incremento respecto al mismo período de 2025 alcanza las 444.205 personas.
El motor del crecimiento es la inmigración. El INE registra un aumento de las personas nacidas en el extranjero y una reducción simultánea de las nacidas en España, y constata que «el número de nacidas en España disminuyó» por segundo trimestre consecutivo. En los últimos doce meses, más de 530.000 personas procedentes del exterior han establecido su residencia en el país. Aunque la mayoría se ha instalado en las zonas más pobladas, comunidades con menor densidad como Asturias y Castilla y León han crecido proporcionalmente más del doble que Madrid o Catalunya.
Un crecimiento impulsado desde el exterior
El número de personas nacidas en el extranjero asciende a 10.291.807, lo que representa el 20,7% de la población total y supera por primera vez en la historia el umbral del 20%. Esta cifra es superior a la de residentes con nacionalidad extranjera —7.437.543 personas, según el INE—, porque un número significativo de quienes nacieron fuera de España ha adquirido la nacionalidad española a lo largo de los años. Durante el segundo trimestre, la población con pasaporte extranjero creció en 87.197 personas hasta alcanzar ese total.
Las principales nacionalidades de los nuevos residentes durante el trimestre fueron la colombiana, con unas 34.000 llegadas; la venezolana, con 23.300; y la marroquí, con 21.100. Estos tres colectivos constituyen los principales motores del crecimiento migratorio en España. En sentido contrario, los principales flujos de emigración desde el país estuvieron liderados por personas de nacionalidad colombiana —con 11.500 salidas—, marroquí (10.900) y venezolana (5.900). En todos los casos, el saldo neto durante el período resulta positivo para la población residente.
El mapa de la inmigración: interior vacío, costas llenas
La distribución territorial de la población nacida en el extranjero es muy desigual. En cuatro comunidades autónomas ese colectivo supera ya la cuarta parte de los residentes: Baleares lidera con el 29,7%, seguida de Catalunya con el 26,5%, la Comunidad Valenciana con el 26,2% y la Comunidad de Madrid con el 26,1%. Canarias se aproxima a esa proporción con el 24,3%, y otras cuatro autonomías —Murcia, Navarra, Aragón y La Rioja— superan el umbral del 20%.
En el extremo opuesto se sitúan las comunidades del interior y el norte atlántico. Extremadura registra la menor proporción de nacidos en el extranjero, el 6,9%, seguida de Asturias (13,2%), Castilla y León (13,4%), Galicia (13,7%) y Cantabria (13,9%). Sin embargo, el INE constata que algunas de estas comunidades con menos habitantes han crecido proporcionalmente más del doble que Madrid o Catalunya durante el período, lo que indica que la inmigración ejerce también un efecto redistributivo que atenúa el despoblamiento del interior peninsular.
El caso de Catalunya ilustra la magnitud del cambio acumulado en diez años. La comunidad alcanzó los 8,23 millones de habitantes —el 26,2% de ellos nacidos fuera del Estado—, lo que supone un incremento del 10,5% respecto a los 7,45 millones que tenía en julio de 2016. En el primer semestre de 2026, el territorio catalán sumó casi 32.000 nuevos residentes, impulsados en su totalidad por la llegada de población extranjera, que en un solo año aumentó en 90.000 personas.
Regularización y perspectivas demográficas
El crecimiento demográfico tiene también un reflejo directo en el mercado de la vivienda. El número de hogares en España ascendió a 19.874.860 a 1 de julio de 2026, tras incorporar 58.794 nuevas unidades familiares durante el segundo trimestre. El dato llega en la misma semana en que la crisis migratoria de Ceuta coloca a la inmigración en el centro del debate político nacional, con miles de menores no acompañados pendientes de ser repartidos entre las comunidades autónomas y un bloque conservador en cuatro ejecutivos autonómicos con una agenda orientada al control de esos flujos.
El INE anticipa que en próximas ediciones de la estadística se registrará un repunte del número de nacionalizados, consecuencia directa del proceso de regularización aprobado por el Gobierno, que ha recibido 1,2 millones de solicitudes. Estas personas, nacidas en el extranjero pero ya con pasaporte español, pasarán estadísticamente de la columna de extranjeros residentes a la de nacidos fuera con nacionalidad española, lo que alterará la foto pero no la tendencia. La estructura demográfica de fondo se mantiene: España crece porque la inmigración compensa el descenso sostenido de los nacimientos entre la población nacida en el país.