Un informe de Comisiones Obreras constata que España tiene la peor tasa de emancipación juvenil de Europa y que sigue cayendo: la mejora del empleo no basta cuando el alquiler promedio equivale al 96% del salario de una persona joven.
España es el país europeo donde más ha caído la tasa de emancipación juvenil desde 2016. Solo el 31% de las personas de entre 18 y 34 años vive de forma independiente y sin necesitar apoyo económico de su familia, diez puntos menos que hace una década, según el informe Cuando avanzar no basta. La juventud española ante el desafío de la emancipación, presentado por Comisiones Obreras. La cifra contrasta con la media europea, que se ha mantenido estable en torno al 50% durante el mismo periodo. En otras palabras: mientras que en la mayor parte del continente la proporción de jóvenes que viven de forma autónoma no ha variado significativamente, en España ha retrocedido diez puntos en casi una década. El 68,7% de los jóvenes españoles de entre 18 y 34 años vive con sus padres o depende económicamente de ellos.
El dato desafía la narrativa del mercado laboral. El paro juvenil, que llegó a rozar el 40% en 2013, ronda ahora el 16%. La temporalidad ha caído del 56% en 2018 al 32% en el primer semestre de 2026. Son mejoras reales y significativas. Sin embargo, como señala el informe de Comisiones Obreras, esas mejoras no han sido suficientes para traducirse en autonomía financiera: «Incluso las personas a las que la buena situación macroeconómica, la reforma laboral y sus propias habilidades les han permitido tener buenas condiciones laborales tienen dificultades para emanciparse». El problema no está en el empleo. Está en la vivienda.
La brecha con Europa
El contraste con los principales países europeos es revelador. Alemania ha seguido el camino contrario al español: la proporción de jóvenes que dependen económicamente de su familia se ha reducido con fuerza —diez puntos—, lo mismo que ha aumentado en España. Francia, aunque también ha empeorado, lo ha hecho mucho menos: su tasa de emancipación ha caído alrededor de cuatro puntos en la última década. Italia y Grecia presentan niveles similares a los de 2016. Portugal incluso ha registrado una leve mejora. España es el caso más extremo del declive, y lo es en solitario.
La secretaria confederal de Juventud de Comisiones Obreras, Pau Garcia Orrit, resume la causa con precisión: «Lo que está impidiendo que la gente joven pueda tener un proyecto de vida autónomo es este mercado del alquiler desbocado y un mercado inmobiliario que, si ha tenido intervención política, no ha sido al servicio de la clase trabajadora». El análisis del sindicato concluye que el descenso prolongado de la tasa de emancipación «tiene su origen en la creciente tensión del mercado de la vivienda, que afecta tanto a la compra como al alquiler». La correlación entre la evolución de los precios residenciales y la caída de la emancipación es tan directa que apenas admite explicación alternativa.
La trampa de la vivienda
Los números son contundentes. El precio de los pisos en venta aumentó casi un 10% en 2025, hasta alcanzar un nuevo máximo de 2.354 euros por metro cuadrado de media, un 30% por encima del máximo registrado en pleno boom inmobiliario de 2007, sin tener en cuenta la inflación acumulada desde entonces. Para acceder a una vivienda en propiedad en las grandes ciudades se necesitan alrededor de 70.000 euros de ahorro previo, una cifra inalcanzable para la inmensa mayoría de los jóvenes. Y el alquiler, según el informe de Comisiones Obreras, representa en promedio el 96% del salario de una persona joven, lo que lo convierte en prácticamente inviable como vía de emancipación sin apoyo familiar.
La evolución del mercado del alquiler muestra una asimetría especialmente injusta. Los datos del Banco de España revelan que los contratos de arrendamiento ya en vigor han crecido apenas un 0,4% real anual entre 2019 y 2024, en parte por los límites a la actualización establecidos por la legislación. Pero los nuevos contratos —los que afectan precisamente a quienes buscan emanciparse por primera vez— se han encarecido con una velocidad muy superior. Son los jóvenes y los inmigrantes, quienes no tienen una relación de arrendamiento previa, los que soportan el mayor impacto del mercado desregulado.
El mercado que no para de crecer
Comisiones Obreras insiste en que, con los precios actuales, «la vivienda en propiedad es inaccesible para los jóvenes», lo que deja el mercado del alquiler como única opción real. Pero ese mercado tampoco ofrece salida: «Dada la ausencia de un parque público en alquiler, la única posibilidad es recurrir al mercado privado, donde los precios tampoco han parado de crecer». El sindicato reclama una intervención pública decidida en el mercado inmobiliario que proteja a quienes buscan su primera vivienda, y señala que las políticas aplicadas hasta ahora no han estado «al servicio de la clase trabajadora».
El encarecimiento se extiende tanto a la obra nueva como a la vivienda usada, y aunque se produce en todo el país, los precios más elevados se concentran en las grandes ciudades, que son también donde se concentran las oportunidades de empleo para los jóvenes. El resultado es una trampa estructural: quienes tienen trabajo en los lugares donde se puede encontrar trabajo son exactamente quienes menos pueden permitirse vivir en esos lugares. España ha construido, en poco más de una década, un sistema en el que la mejora del mercado laboral y la imposibilidad de la autonomía residencial coexisten sin contradicción aparente. El 69% de los jóvenes de entre 18 y 34 años que viven con sus padres o dependen de ellos es la medida exacta de ese fracaso.