Feijóo agita el miedo sanitario para endurecer el cerco sobre los migrantes

24 août 2026 - 10:42

El dirigente conservador propone estudiar el confinamiento de personas con enfermedades infecciosas en Ceuta pese a admitir que no dispone de todos los datos. La situación sanitaria exige medidas ante el hacinamiento y la falta de higiene, pero la evaluación oficial considera bajo el riesgo para la población general. El PP convierte así otro efecto de la emergencia humanitaria en argumento para endurecer su discurso sobre los migrantes.

Alberto Núñez Feijóo ha encontrado en la situación sanitaria de Ceuta un nuevo argumento para endurecer su ofensiva sobre la crisis migratoria. El presidente del Partido Popular reclama al Gobierno que estudie el confinamiento de personas con enfermedades infectocontagiosas después de reunirse con los colegios de médicos y enfermería de la ciudad. «No tengo todos los datos», reconoce, pero considera que pueden darse las condiciones para una medida excepcional ante los casos de tuberculosis, sarna y gastroenteritis registrados desde la avalancha de finales de julio.

El problema sanitario existe. Miles de personas han pasado semanas durmiendo en playas, calles y asentamientos improvisados, con acceso insuficiente a agua potable, higiene y alimentación adecuada. Los servicios públicos soportan una presión extraordinaria y también se han registrado contagios de sarna entre militares desplegados en la ciudad. Lo que no muestran los datos disponibles es una amenaza epidemiológica general que justifique la alarma trasladada por Feijóo. El riesgo para los ceutíes es considerado bajo por las autoridades sanitarias. Para los propios migrantes, sometidos al hacinamiento y la insalubridad, es moderado.

Una alarma que los datos no sostienen

Las cifras permiten precisar la magnitud del problema. Sanidad contabiliza tres casos de tuberculosis, dos de ellos no contagiosos. Uno corresponde además a un ciudadano ceutí que padecía la enfermedad antes de la crisis. De los casos de varicela investigados, uno fue descartado y los otros dos no guardan relación con la población migrante. La gastroenteritis se relaciona fundamentalmente con el consumo de agua no tratada, mientras la sarna se transmite sobre todo mediante un contacto estrecho y prolongado y encuentra condiciones favorables en espacios hacinados.

La respuesta epidemiológica pasa por detectar, tratar y, cuando sea necesario, aislar a las personas enfermas. Son protocolos ordinarios que también se aplican a militares y profesionales contagiados. La Sociedad Española de Epidemiología ha pedido expresamente que no se responsabilice a los migrantes de la propagación de enfermedades. La ministra de Sanidad, Mónica García, considera «injustificada» y «desmesurada» la propuesta de Feijóo. Su prioridad es otra: alojar a quienes continúan en condiciones insalubres y garantizar agua, saneamiento y atención sanitaria suficientes.

Del problema sanitario al señalamiento del migrante

El desplazamiento político se produce cuando las consecuencias sanitarias de esas condiciones de vida dejan de presentarse como un problema que padecen los migrantes y pasan a utilizarse para describirlos como una amenaza. Feijóo habla de miles de personas «vagando por las calles», menciona conjuntamente tuberculosis, sarna y centenares de gastroenteritis y advierte del «enorme impacto» que podrían causar sobre la población. El efecto es asociar un colectivo ya sometido a una situación extrema con el riesgo de contagio para quienes viven habitualmente en Ceuta.

No es un episodio aislado. El PP ha recurrido durante esta crisis al concepto de «invasión», exige acelerar la devolución de los menores marroquíes y rechaza las fórmulas planteadas para distribuir su acogida entre las comunidades autónomas. Feijóo ha acusado además al Gobierno de actuar como «súbdito de Marruecos» y ha llegado a deslizar una posible «complicidad» con Rabat sin aportar pruebas. La emergencia ceutí se ha convertido progresivamente en un instrumento de confrontación con Pedro Sánchez, mientras los migrantes aparecen cada vez más como un problema de seguridad, territorial, económico y ahora también sanitario.

Una medida que también perjudicaría a Ceuta

La propia formulación del confinamiento resulta imprecisa. Si Feijóo reclama aislar temporalmente a pacientes concretos que puedan transmitir determinadas enfermedades, existen ya procedimientos sanitarios para hacerlo. Si plantea una restricción colectiva sobre grupos de migrantes, necesitaría explicar su alcance, justificación epidemiológica y proporcionalidad. Y si la referencia genérica a un «confinamiento en Ceuta» acaba proyectando la imagen de una ciudad sometida a una emergencia sanitaria excepcional, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá de las personas a las que supuestamente pretende proteger.

Ceuta intenta precisamente recuperar cierta normalidad después de semanas que han castigado al comercio, la hostelería y los servicios. El Gobierno prepara un plan de reactivación y el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, visita este lunes la ciudad para evaluar los daños con autoridades, empresarios y agentes sociales. Alimentar sin respaldo epidemiológico suficiente la percepción de que existe un grave peligro sanitario puede resultar contraproducente para una economía que necesita recuperar visitantes, consumo y actividad. La alarma no perjudicaría únicamente a los migrantes señalados como potencial foco de contagio.

La situación exige, por el contrario, afrontar las causas que favorecen la aparición de enfermedades. Unas 1.800 personas han podido ser trasladadas a instalaciones provisionales en Loma Margarita y Loma Colmenar, mientras se acondicionan nuevos espacios. Miles continúan pendientes de soluciones de acogida, identificación, protección internacional o retorno. Mantener durante semanas a personas sin alojamiento adecuado aumenta el riesgo sanitario para ellas y dificulta el trabajo de los servicios públicos. Proporcionar techo, agua potable y saneamiento es también una política de salud pública.

Feijóo tiene motivos para exigir explicaciones al Gobierno por la gestión de una crisis de esta magnitud y la saturación de los servicios sanitarios merece una respuesta urgente. Pero convertir las enfermedades asociadas al hacinamiento en una amenaza atribuida a quienes lo sufren invierte la relación entre causa y consecuencia. La crisis de Ceuta necesita menos consignas y medidas excepcionales formuladas sin datos suficientes y más capacidad para sacar a miles de personas de condiciones insalubres. Deshumanizar a los migrantes no protege a los ceutíes. Mejorar las condiciones sanitarias de quienes están en la ciudad, sí.

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