La exministra de Exteriores de Guyana Carolyn Rodrigues-Birkett obtuvo el mayor número de apoyos en la segunda votación informal del Consejo de Seguridad para elegir al próximo secretario general de Naciones Unidas. El resultado la coloca provisionalmente en cabeza, aunque todavía lejos del consenso necesario para suceder a António Guterres.
Los quince miembros del Consejo de Seguridad se reunieron el viernes a puerta cerrada para evaluar a los ocho aspirantes. Cada uno podía marcar en su papeleta una de tres opciones: «apoya», «no apoya» o «sin opinión».
Según los resultados difundidos por fuentes diplomáticas y medios especializados en Naciones Unidas, Rodrigues-Birkett recibió ocho votos favorables, tres desfavorables y cuatro abstenciones de hecho.
La candidata guyanesa superó así a la exvicepresidenta de Costa Rica Rebeca Grynspan, que había encabezado la primera votación celebrada en julio y obtuvo ahora siete apoyos, cuatro rechazos y cuatro votos sin opinión. El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, el argentino Rafael Grossi, recibió siete respaldos, seis votos negativos y dos abstenciones.
El resultado no convierte todavía a Rodrigues-Birkett en favorita indiscutible. Para ser recomendado por el Consejo de Seguridad, un candidato necesita al menos nueve votos y debe evitar el veto de cualquiera de sus cinco miembros permanentes: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido.
En esta fase inicial, las papeletas no permiten conocer si los rechazos proceden de alguna de las potencias con derecho de veto. Esa distinción suele introducirse en rondas posteriores y puede transformar por completo el equilibrio de la carrera.
Rodrigues-Birkett, de 52 años, es la aspirante más joven. Fue ministra de Exteriores de Guyana entre 2008 y 2015 y ejerce como representante permanente de su país ante Naciones Unidas. Su candidatura cuenta con el apoyo de la Comunidad del Caribe.
La diplomática defiende el fortalecimiento del multilateralismo y una ONU más ágil, eficaz y capaz de reaccionar ante las crisis sin quedar paralizada por su propia burocracia. De resultar elegida, sería la primera mujer y la primera personalidad caribeña en ocupar la Secretaría General.
Cinco mujeres y tres hombres aspiran actualmente al cargo. Además de Rodrigues-Birkett, Grynspan y Grossi, compiten la expresidenta chilena Michelle Bachelet; las diplomáticas ecuatorianas María Fernanda Espinosa e Ivonne A-Baki; el exmandatario senegalés Macky Sall, y el diplomático ugandés Olara Otunnu.
La fuerte presencia latinoamericana y caribeña responde a la expectativa de que la región ocupe esta vez la Secretaría General, de acuerdo con el principio no escrito de rotación geográfica. Esa tradición, sin embargo, no es obligatoria y las grandes potencias pueden anteponer sus intereses estratégicos.
También existe una intensa campaña para que una mujer dirija por primera vez Naciones Unidas desde su fundación en 1945. Las dos aspiraciones —representación regional y paridad— favorecen a varias candidatas, pero no garantizan el acuerdo de los miembros permanentes.
La elección se produce en uno de los momentos más delicados de la organización. Naciones Unidas afronta una grave crisis financiera, el debilitamiento del multilateralismo y la división del Consejo de Seguridad ante conflictos en los que su capacidad de influencia se ha reducido notablemente.
La política de Donald Trump, crítica con la financiación y el papel de la ONU, añade incertidumbre al proceso. Washington todavía no ha hecho pública una preferencia definitiva, al igual que otras potencias con derecho de veto.
Los miembros del Consejo admiten que es demasiado pronto para hablar de consenso. Incluso podrían aparecer nuevas candidaturas si ninguno de los aspirantes actuales logra reunir nueve votos sin provocar un veto.
Cuando el Consejo alcance un acuerdo, recomendará un único nombre a la Asamblea General. Esta deberá realizar el nombramiento, aunque en la práctica suele ratificar la decisión adoptada por el órgano de seguridad.
António Guterres concluirá su segundo mandato el 31 de diciembre. Hasta entonces, las sucesivas votaciones medirán no solo las cualidades de los candidatos, sino también su capacidad para resultar aceptables a cinco potencias cuyos intereses rara vez coinciden.
Rodrigues-Birkett encabeza por ahora la carrera, pero su ventaja es mínima y todavía reversible. En la elección del máximo responsable de Naciones Unidas, obtener más apoyos que los rivales es solo la primera prueba; la decisiva consiste en no ser vetado.